Opinión

  • | 2012/02/15 18:00

    El péndulo inglés

    ¿Por qué la distribución del ingreso en el Reino Unido de 1918 es tan parecida a la de 2010?

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Hay que tener bien abiertos los ojos en el mundo moderno, porque la ilusión de progreso que viene con tanto adelanto tecnológico lo puede llevar a uno a sentir que todo tiene solución y, además, que las cosas siempre van mejorando.

Y no. Un ejemplo: desde los años 80 del siglo XX el ingreso de la gente se ha venido haciendo cada vez más desigual en muchos países en los que antes de esa época la desigualdad había ido reduciéndose.

La explicación que más se oye para este cambio de tendencia es que la relación entre la capacidad para entender y usar tecnologías sofisticadas y el (mejor) nivel salarial se volvió más fuerte a partir de 1980, lo que habría coincidido con la disminución de la calidad de la educación pública frente a la de la educación privada, por lo que solo quienes asistieron a colegios privados estarían preparados para ocupar los puestos mejor remunerados.

Pero, como buena parte de la desigualdad reciente surge de la diferencia entre los ingresos del 1% más rico y el de las demás personas –y es difícil pensar que ese 1% sea mucho más educado que, por ejemplo, el 1% que le sigue en riqueza– hay que explorar otras causas.

Si le gusta Meryl Streep puede comenzar esta exploración haciendo una reflexión sobre por qué la distribución del ingreso en el Reino Unido de 1918 es tan parecida a la de 2010, mientras vela película La Dama de Hierro –sobre la vida de Margaret Thatcher– que estrenarán en nuestro país en marzo próximo.

En efecto, se calcula que en 2010el 1% más rico de la población británica percibió alrededor del 18% del ingreso, porcentaje muy similar al que recibía ese mismo grupo en 19181 –a finales de la Primera Guerra Mundial–.

Este dato sorprende aún más si se recuerda que en 1979 los ingresos del 1% más rico representaban apenas 6% del ingreso total del Reino Unido.

Se diría que la nueva desigualdad británica es la parte mala del legado de Margaret Thatcher, porque al comenzar su gobierno, en 1979, se quebró la tendencia descendiente de la curva que representa la brecha entre los ingresos de los más ricos y los más pobres –que venía así desde 1918– y apareció una tendencia ascendente que se ha mantenido hasta 2010, año en el cual se estima que la desigualdad regresó a la situación que había en ese país a finales de la Primera Guerra Mundial, como un péndulo que tardó 90 años en ir y volver.

Cosa parecida ocurrió tras las administraciones de Ronald Reagan, quien también encontró a su país en crisis económica cuando asumió su cargo por primera vez en 1981.

Mrs. Thatcher y Mr. Reagan fueron la madre y el padre del neoliberalismo. Y, aunque –al menos en Colombia– los seguidores de esa doctrina hoy están todos en el clóset, no puede negarse que las curas brutales que estos dirigentes aplicaron en sus países trajeron crecimiento económico y prosperidad a muchos, y que algunas de sus ideas, como la de mantener pequeña la fronda burocrática, o la de profundizar el comercio internacional, aún tienen vigencia.

Pero a pesar del gran odio que profesaban Mrs. Thatcher y Mr. Reagan contra lo que ellos llamaban “el Gran Gobierno”, muchos de quienes se enriquecieron gracias a las oportunidades que se abrieron con las ideas neoliberales en muchos países –incluida Colombia– se especializaron en utilizar la influencia que les da su riqueza para lograr que las decisiones de política económica del gobierno de turno los ayude a volverse cada día más ricos. Y es razonable pensar que esta influencia se va haciendo cada vez mayor en la medida en la que estos grupos se van haciendo aún más ricos.

Al neo-liberalismo también se le ha culpado de causar las diferencias educativas que explicarían las desigualdades crecientes entre las remuneraciones, pero el impacto que tuvo ese credo económico en la buena suerte financiera del 1% más rico de la población donde se aplicó –y en la mejor suerte del 0,1% aún más rico– parece estar más relacionado con la influencia que sus miembros ejercen sobre las decisiones de política pública, que con las diferencias en las oportunidades educativas.

El debate sobre la desigualdad es extremadamente importante para Colombia, porque cada vez hay más evidencia que demuestra la relación entre desigualdad y problemas sociales –incluida violencia–. Sobre este tema invito a los lectores a ver la charla How economic inequality harms societies del señor Richard Wilkinson que es muy ilustrativa.

El neoliberalismo se planteó al mundo como una corrección política frente a un estado de cosas insostenible. Así nos llegó a Colombia donde dejó su legado. Ojalá también nos llegue la tendencia que se avizora en el reciente discurso del presidente Obama sobre el Estado de la Unión, en el que anunció medidas para reducir la desigualdad entre el ingreso del 1% más rico de la población y el de los demás.

En Colombia estas medidas son mucho más urgentes que en Estados Unidos, porque la paz también depende de que las decisiones de Estado se tomen buscando favorecer el interés público y no solo el de unos pocos.

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