| 8/1/2012 6:00:00 PM

El cariño verdadero

¿Qué opina del mercado de órganos, semen y óvulos humanos? ¿Y del mercado de votos?

Aunque es antigua la tendencia de la humanidad a convertir en mercancía aquello que no debería serlo, los avances tecnológicos y los nuevos modelos de negocio permiten que hoy en día florezca un comercio de subproductos humanos con el cual el traficante de esclavos más creativo no habría soñado jamás en participar. Hoy se pueden vender los órganos, los óvulos y el semen humano. Y claro, tras la tecnología que lo permite aparecen los mercados cuyos precios revelan las preferencias de los compradores de estas cosas.

Por los órganos humanos el mercado paga una tarifa estándar, sin parar mientes en la raza o el color del donante, pero los óvulos y el semen alcanzan precios más altos cuando los donantes son rubios, y mucho más altos cuando concurre que: i) son rubias ii) son bonitas iii) están en una buena universidad y iv) sacaron buena nota en el SAT –el Icfes americano– (ver página http://www.givf.com/).

Asusta que se permita que casi todo lo que pueda tener compradores esté a la venta, incluyendo la intimidad humana –que se comercializa mediante los realities– y también el paisaje, las antorchas olímpicas, el derecho a residir en los Estados Unidos, los vientres sustitutos, el derecho a emitir polución a la atmósfera, el derecho a la seguridad, y todo lo demás.

¿Cuáles deben ser los límites del mercado? Este es el tema de un libro titulado What Money Can’t Buy (1) –Lo que el dinero no puede comprar– del profesor Michael J. Sandel, en el cual se sostiene que durante los últimos 30 años los mercados y sus valores han llegado a gobernar la vida de las personas como nunca antes.

De acuerdo con el profesor Sandel, esta tendencia, que comenzó con las ideas neoliberales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, ha llevado a que los países capitalistas pasen de tener economías de mercado, a ser lo que él llama “sociedades de mercado”, en las cuales el mercado regula relaciones sociales a las que antes nadie se le había ocurrido someter al sistema de precios. Como resultado de esto, la asignación de bienes sociales tales como la salud, la educación, la procreación, la recreación, etc., pasó a reflejar la lógica del mercado.

Según Sandel, la invasión del criterio económico a las esferas que no le corresponden fue posible porque las sociedades no establecieron a tiempo límites morales a los mercados, y sus consecuencias negativas son: 1) el aumento de la desigualdad social, y 2) la “corrupción” de la consideración social sobre el significado intrínseco de ciertos “bienes” que normalmente no deberían estar a la venta.

La desigualdad aumenta porque en la medida en la que todo hay que comprarlo, los que tienen más dinero incrementan su ventaja frente a los que tienen menos. Y la corrupción ocurre cuando ciertos “bienes” –como el cariño verdadero o los deberes cívicos– son equiparados a mercancías, porque al entrar estos al mercado se degrada el significado que tradicionalmente se les asigna en la sociedad.

El análisis del profesor Sandel se refiere en general a los países capitalistas y solo considera los mercados permitidos. Pero su observación sobre la degradación de la consideración que se hace la sociedad sobre los deberes cívicos cuando estos entran al mercado, puede aplicarse también a mercados que –aunque formalmente prohibidos– funcionan como si fueran legales. Si usted es colombiano, sin duda habrá oído a muchos ciudadanos humildes decir que la política y el gobierno son “un negocio”.

La explicación del concepto degradado que tiene la sociedad sobre la política en Colombia puede estar en que muchos colombianos hemos visto con nuestros propios ojos cómo llega el mercado al propio acto de votar, alrededor del cual florece la industria de compra de votos para las elecciones de parlamentarios, gobernadores y alcaldes. Mientras en muchas regiones de Colombia siga siendo común que se compren los votos, muchos ciudadanos seguirán sintiendo que nuestra política no tiene valor sino precio.

[1] What Money Can't Buy: The Moral Limits of Markets. De

Michael J. Sandel

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