| 5/8/2012 11:00:00 AM

La Tierra en el año 2052

A estas alturas, cualquiera puede vaticinar que la segunda mitad del siglo XXI estará marcada por sequías más pronunciadas, inundaciones más frecuentes, condiciones meteorológicas más extremas y difíciles de predecir.

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DW
Después de todo, muy pocas actividades humanas descritas como catalizadoras del calentamiento global han sido modificadas; ni los países industrializados ni aquellos en vías de estarlo se han comprometido a sacrificar su crecimiento económico y a reformar sus sistemas de producción para frenar el deterioro del ecosistema.

Pero cuando es el Club de Roma el que hace esas predicciones, como lo hizo ahora al presentar su informe 2052: pronóstico global para los próximos cuarenta años en la ciudad neerlandesa de Róterdam, todos prestan oídos. Fundada en 1968, esta organización formada por alrededor de cien expertos de treinta países, activos en los ámbitos de la ciencia, la cultura, la economía y la política, ya atizó intensos debates en 1972, cuando salió a la luz su reporte sobre Los límites del crecimiento.

Entonces, los especialistas liderados por la biofísica Donella Meadows, advirtieron que si no se ralentizaban los procesos de industrialización, la contaminación ambiental, el crecimiento demográfico, la producción de alimentos y la explotación de las materias primas, la capacidad de crecimiento en el planeta se agotaría por completo en el siglo XXI. En el informe presentado ahora, su autor principal, el economista Jorgen Randers, pareciera anunciar que es demasiado tarde para echar marcha atrás.

Los límites del crecimiento

“La humanidad ha agotado los recursos que la Tierra le ha ofrecido y, antes del año 2052, seremos testigos de grandes colapsos en algunos puntos del planeta”, dijo Randers al dar a conocer el informe del Club de Roma. “Cada año generamos dos veces más emisiones contaminantes que las que los bosques y los mares pueden absorber”, agregó el investigador de tendencias futuras para luego ilustrar escenarios que parecen sacados de películas de ciencia ficción: “El nivel del mar subirá medio metro y el hielo del ártico se derretirá en verano”.

En 2030, las emisiones de gases contaminantes habrán alcanzado su punto más alto y será muy tarde para evitar que la temperatura global supere la marca de los dos grados, el límite descrito como “aceptable” por quienes promueven la firma de un acuerdo internacional que sustituya al Protocolo de Kioto. Randers, quien siendo un veinteañero participó en la elaboración de Los límites del crecimiento, no titubeó al atribuir los daños infligidos a la naturaleza y sus efectos a ciertos dogmas económicos, como el empeño en crecer sin pausa.

El informe 2052 incluye treinta y cinco capítulos en los que se augura que, de aquí a esa fecha, el Producto Interno Bruto global sólo será 2,2 por ciento mayor que el de hoy porque tanto los índices demográficos como los de productividad tenderán a bajar: la población mundial alcanzará las 8.100 millones de personas hacia 2040, para luego comenzar a decrecer. En 2052 habrá menos pobreza y desigualdades socioeconómicas en los países en vías de industrialización y más en los ya industrializados, asegura uno de los autores del informe.

Recalculando el PIB

El gerente de inversiones argentino Carlos Joly responsabilizó al “triunfo del capitalismo financiero” por la futura caída de Occidente y el economista malayo Chandran Nair, a su “fe casi religiosa en el libre mercado”. El texto del Club de Roma señala que en el cálculo del Producto Interno Bruto se ha omitido el valor patrimonial de las aguas, la fertilidad de los suelos y la estabilidad del clima, entre otros factores. En resumen: la estimación de las ganancias debe cambiarse. El austríaco Karl Wagner va más lejos y pronostica una revolución hacia el año 2020.

Los más jóvenes no soportarán la idea de pagar por los pecados ambientales de las generaciones que los precedieron, dice Wagner, comparando el levantamiento del futuro con el que tuvo lugar en 1848 contra el sistema feudal. Según este miembro del Club de Roma, la revolución consistirá en la transformación de la cultura del consumo y allanará el camino para una economía sustentable. Por su parte, Randers no cree que la humanidad esté a tiempo de cambiar sus maneras y evitar que los escenarios más ominosos se vuelvan realidad.

A sus ojos, la lentitud con que se toman las decisiones en las democracias sería un obstáculo adicional. Y, sin embargo, la declaración con que el noruego cerró la presentación del reporte 2052 demuestra que él no ha perdido del todo la esperanza: “Por favor, ayuden a que mis pronósticos no se cumplan”, pidió Randers. Se dice que el informe del Club de Roma de 1972 fue el germen de la ecología política, el ecofeminismo y el ambientalismo. Está por verse qué reacciones despierta la publicación de "2052".

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