| 5/17/2007 12:00:00 AM

Vendedores de la calle exponen defectos de revolución de Chávez

Los vendedores callejeros mantienen ocupada cada carcomida acera, cada plaza, cada esquina mugrienta del centro de Caracas, en su mayoría ganándose la vida sobre el pavimento a falta de una mejor opción.

El presidente Hugo Chávez, que se describe como defensor de esta empobrecida clase desde que asumió el poder en 1999, defiende el derecho de ellos a trabajar en las calles, en tanto les promete que su revolución izquierdista les dará un empleo más digno.

Luego de ocho años de gobierno, su existencia se ha convertido en un recordatorio incómodo de que sus políticas _a semejanza de sus predecesores_ han dejado de crear suficientes empleos estables y productivos a pesar del crecimiento económico cada vez mayor impulsado por los ingentes ingresos generados por las exportaciones petroleras.

Buhoneros, taxis piratas, empleadas domésticas y otros que se afanan en la economía informal constituyen el 45% de la fuerza laboral de Venezuela, unos 5,5 millones de personas, de acuerdo con estadísticas divulgadas en marzo por el gobierno. Los vendedores ambulantes son la cara más visible de este formidable problema económico, un fenómeno común a lo largo de la América Latina.

Muchos vendedores ambulantes son leales a Chávez y afirman que el mandatario ha traído beneficios, si bien no en empleo, a sus vecindarios oprimidos: comida subsidiada, atención sanitaria básica y educación.

"Antes de llegar el presidente, la policía nos golpeaba", dijo Ervert Anillo, un vendedor de frutas de 35 años. "Es el único que nos ha prestado atención... ahora al menos podemos trabajar en paz".

Los buhoneros venden alimentos básicos como azúcar y harina, a veces incluso con el embalaje de la red estatal de mercados subsidiados. Mientras Chávez acrecienta su mano dura sobre la economía y frustra a las empresas formales con controles de precios y de divisas, a nivel de la calle la economía se maneja de acuerdo con las reglas del mercado, la oferta y la demanda. Los vendedores callejeros no se han beneficiado del 20% de aumento del salario mínimo aprobado por el gobierno.

Ana Rosa Gutiérrez, de 79 años, pasa dos horas todas las noches cosiendo bajo una bombilla en su carcomida casa, ubicada en una barriada pobre del este de Caracas. Seis días por semana, va en un minibús destartalado a la ciudad para vender sus prendas de vestir. "Críe a mis cuatro hijos así", indicó, señalando con el dedo las camisetas y blusas exhibidas en un puesto improvisado. En un buen día puede ganar 25.000 bolívares (10 dólares). "Es una forma de capitalismo más salvaje", dijo Isabel Pereira, un economista de Caracas que estudia el sector informal.

Sus críticos notan que la nómina federal ha crecido dramáticamente y el gobierno ha cambiado la manera en que se mide la tasa de desempleo excluyendo a beneficiarios de los programas sociales estatales, que reciben estipendios moderados. Y esto durante una de las mayores bonanzas petroleras que se recuerde _ una prosperidad repentina que ayudó a la economía 10,3% el año pasado, el más acelerado de la región.

Los venezolanos masivamente reeligieron a Chávez en diciembre y desde entonces las autoridades han derribado con topadoras los puestos de venta en algunas calles de Caracas, reubicando algunos de ellos en mercados públicos y persuadiendo a otros a dejar la economía informal con capacitación laboral y ayudas en efectivo de hasta 550.000 bolívares (255 dólares).

El gobierno insiste en que está usando los petrodólares para diversificar la economía, financiando cooperativas en industrias nuevas, que van desde la producción de cemento hasta el cultivo de cacao.

Pero sus críticos dicen que las políticas económicas de Chávez están dificultando la creación de empleo y consolidando la economía informal, asustando empresas con las amenazas de expropiación, mientras las nuevas reglas hacen más difícil obtener una ganancia. "Ha acentuado todas las perversiones de la economía venezolana. Los buhoneros están allí simplemente por la falta de empleo en el sector formal", señaló Pereira.

 

 

AP

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