| 3/16/2006 12:00:00 AM

Un himno a la identidad colombiana

Francisco Cajiao, columnista de Dinero.com, rinde homenaje al Diccionario de Colombia, un texto completamente original que no debería faltar en ninguna biblioteca.

Hace ya casi un año salió a la venta el Diccionario de Colombia, desarrollado completamente, desde su concepción hasta la última palabra, por Jorge Alejandro Medellín y Diana Fajardo. Aparte de la proeza que constituye hacer un diccionario completamente original a base de convicciones y trabajo de hormigas durante varios años, lo que más sorprende es la posibilidad de encuentro con lo que somos y hemos sido como país desde nuestro remoto origen prehispánico.

En el diccionario no se estructura la historia como un relato ordenado en el tiempo y el espacio, intentando la comprensión de los fenómenos sociales y políticos que han ido constituyendo lo que hoy somos, sino que se ofrecen por orden alfabético los miles de aspectos que constituyen la identidad de un pueblo diverso e inmensamente rico en expresiones artísticas, gastronómicas, lingüísticas, políticas e intelectuales. Allí aparecen montones de datos que permitirían reconstruir la historia desde ángulos insospechados, pues se pueden hallar los nombres de todos los ministros de estado que ha tenido la nación, se pueden hallar los triunfos deportivos, los premios a la música popular, los caricaturistas y periodistas que han ayudado a construir nuestra imagen nacional. Pero no solamente aparecen los personajes que el tiempo condena al silencio porque su vigencia fue pasajera, como ocurre con muchos alcaldes, gobernadores, escritores, actores y actrices de la televisión, deportistas, maestros, legisladores y militares, sino que nos cuenta quienes fueron sus padres, en qué colegio terminaron su bachillerato y en qué universidades completaron su preparación profesional.

Todo esto hace del diccionario de Colombia una obra muy singular, pues por primera vez se destacan los miles de mujeres importantes que ha tenido el país en todos los campos, sacándonos del esquema de un puñado de heroínas de la independencia, para permitir que el nombre de importantes mujeres dedicadas al arte, la ciencia, la cultura popular y la política cobren un lugar merecido en la constitución de una identidad nacional. El solo hecho de reconocer que las lumbreras del país tuvieron mamá es un acierto indudable. En esta obra podemos encontrar a Andrea Echeverri, a Policarpa Salavarrieta, a Fabiola Zuluaga, a Vicky Hernández y a Débora Arango.

Pero, por si fuera poco podemos explorar nuestra flora y fauna, nuestra gastronomía popular, la gradual aparición de departamentos y municipios, ríos, quebradas y lugares turísticos. Podemos hallar fábricas, fundaciones, obras literarias, estudios científicos, etnias y dialectos, razas de vacunos y porcinos, industrias, instrumentos y composiciones musicales.

Y con un énfasis especial aparecen registrados colegios y universidades que por primera vez son tomados en cuenta como una referencia para comprender la identidad de un país en el cual se ha ido construyendo poco a poco un capital humano muy significativo.

Una obra como esta no debería faltar en ninguna sala de redacción de los medios periodísticos (que también aparecen en el diccionario), tendría que ser un libro obligado en todas las bibliotecas escolares y, sobre todo, debería estar siempre a la mano en un lugar destacado de la casa, para explorar desordenadamente a cualquier hora, y por pura diversión, todo lo que contiene este inmenso país lleno de diversidad y riqueza. El diccionario de Colombia, tomado así, casi de manera recreativa, permite abrir el país como un libro y visitarlo poco a poco sin barreras de tiempo y espacio.

Aparte del texto escrito se incluye un CD que permite hacer búsquedas interactivas de gran utilidad para quien desee hallar todos los datos referentes a algún tema en particular.

Ojalá este gran himno a la identidad colombiana pueda ocupar un lugar de preferencia en nuestros consulados y embajadas, en nuestros centros educativos y en todos los hogares, pues el esfuerzo realizado por Jorge Alejandro y Diana, así como por el Grupo Editorial Norma que le apostó a esta maravillosa aventura, no puede pasar inadvertido.
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