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Sin duda los riñones están entre los órganos más populares en el mercado negro.

| 8/6/2012 7:00:00 PM

Tráfico de órganos: riñones para todos los bolsillos

El tráfico de órganos es una realidad patente, aunque muy bien escondida. La falta de donantes en países del norte y la pobreza en países del sur forma un cóctel explosivo de comercio ilegal, explotación y fraude.

US$30.000 cuesta un riñón en Estados Unidos. ¿Demasiado caro? ¿Y qué le parecerían 10.000 por un riñón turco? ¿Tampoco? Hay opciones más económicas. Por ejemplo, 2.700 dólares por un riñón en Rumania o en Moldavia. Y si todavía le parece mucho, en África o en India cuestan poco más de 1.000 dólares.

Parece de chiste macabro, pero el tráfico de órganos es una realidad, aunque roce el mito a causa de lo difícil que es de investigar. La razón es sencilla: todos los partícipes están de acuerdo en no decir una palabra al respecto. Unos ganan dinero, otros ganan años de vida. En resumen: secreto absoluto. Así lo explica el informe de las Naciones Unidas de 2009 “Tráfico de órganos, tejidos y células, y tráfico de seres humanos por motivo de extracción de órganos”.

Aritmética pura
La gran ironía es que se trata de un secreto a voces. En Alemania, por ejemplo, se hicieron un total de 2.850 transplantes de riñón en 2011. Actualmente, 8.000 son los pacientes alemanes -40.000 en Europa- que aguardan su turno en el hospital para recibir un riñón nuevo, que puede que llegue… Y puede que no. Por una simple razón aritmética: hay muchos más enfermos que donantes.

Mientras tanto, muchos otros millones de personas también aguardan una solución a otro achaque mucho más insidioso: la pobreza. De sobra es conocido el agudo instinto de supervivencia del ser humano: ante una necesidad acuciante, los medios tienden a dejar de importar. Internet está lleno de paquetes de “turismo de transplantes”: viajes para receptores desesperados por conseguir una rápida solución a su necesidad de un nuevo órgano, normalmente a países en vías de desarrollo donde gente pobre se muestra más que dispuesta a satisfacer sus demandas por una generosa recompensa. Los países más populares para ello son India, Pakistán, Filipinas, Irak, Israel, Moldavia y Turquía; y de Sudamérica, otro destino preferente, Bolivia, Perú, Colombia y Brasil son puntos clave en el tráfico de riñones.

A pesar de la condena de esta práctica en la Declaración de Estambul de 2007, y de la Resolución de la Organización Mundial de la Salud SHA63.22 de 2010 sobre el carácter voluntario y sin ánimo de lucro de la donación de órganos, el negocio sigue floreciendo. Entre un 5 y un 10% de los transplantes de órganos en el mundo se llevan a cabo en el mercado negro. Y, seguramente, muchos más, ya que la ONU tampoco dispone de datos concretos fiables.

Soluciones complejas
La solución sería, primero, mejorar las condiciones de vida de las personas de estos países en desarrollo para evitar que se vieran obligados a vender partes de su cuerpo. Pero, en segundo lugar, también debería aumentar exponencialmente el número de donantes voluntarios de órganos para suplir la creciente demanda. ¿Es posible conseguir esto sin incentivo económico alguno?

En India, un riñón cuesta 1.000 dólares.

Según las declaraciones al periódico alemán “Handelsblatt” de Friedrich Breyer, economista de salud de la Universidad de Coblenza, no. Por eso, la verdadera solución sería, a su juicio, legalizar el comercio de órganos. “El mercado libre no solo proporciona puestos de trabajo y bienestar”, dice Breyer. “También puede salvar vidas”.

Günter Kirste, representante de la Fundación alemana de Transplante de Órganos, difiere: “El comercio de órganos es una forma especialmente cruel de explotación de la gente pobre del Tercer Mundo. Hay miles de personas en Pakistán o en Filipinas que han vendido sus órganos y que viven en la miseria”.

Y es que, tal y como informa la ONU, al final de todo el procedimiento, el donante recibe generalmente sumas de dinero bastante escasas, comparadas con la cantidad pagada por el receptor: la mayoría acaba en los bolsillos de los profesionales y los intermediarios involucrados. Y teniendo en cuenta que la extracción de un órgano requiere extensos tratamientos médicos a posteriori hasta la total recuperación del donante… La aritmética vuelve a fallar en este oscuro negocio.
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