| 10/27/2011 7:00:00 AM

Tiburones financieros

Mientras la banca en el mundo colapsa, en Colombia pasa por su mejor momento. Vienen meganegocios en pensiones y crédito hipotecario.

Las últimas semanas han sido terroríficas para la banca mundial. El banco francobelga Dexia, el mayor financiador del sector público en el planeta, fue nacionalizado. Los bancos griegos, españoles e italianos sufrieron descalificaciones masivas por parte de las agencias de rating. Y, como si fuera poco, la calificadora Fitch le puso matrícula condicional a los pesos pesados de la banca en el planeta: Bank of America, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Barclays, BNP Paribas, Credit Suisse, Deutsche Bank y Société Général.

Tan solo en octubre, unos 40 bancos estadounidenses y europeos quedaron al borde de perder su buena calificación y con ella la posibilidad de recibir recursos baratos de los mercados.

Una situación opuesta vive la banca colombiana. Mientras en el planeta los bancos están ad portas de una crisis global, en Colombia pasan por su mejor momento. Las últimas movidas así lo confirman. Por un lado, todo indica que la compra de 51% de Colpatria por parte del Scotiabank en US$1.000 millones es apenas la cuota inicial de las inversiones de este banco canadiense en Colombia. Según Bloomberg, está mirando más oportunidades en el país. Y, por otro, la segunda emisión de acciones de Davivienda por $800.000 millones.

Adicionalmente, los dos más grandes del país, Bancolombia y Banco de Bogotá, también están con los radares prendidos para comprar activos baratos y estratégicos, tal como lo hizo el Grupo Sura al quedarse con las operaciones latinoamericanas de la holandesa ING. El Grupo Aval está preparándose para llegar con sus acciones a Wall Street.

Con“Con la crisis que viene, los bancos van a tener que capitalizarse en el mundo, lo cual será un proceso que tomará varios años y que cambiará el mapa de la industria global. Esto, sin duda, creará grandes oportunidades y para eso nos estamos preparando”, afirma Efraín Forero, presidente de Davivienda. Su idea la corrobora el presidente del Banco de Bogotá, Alejandro Figueroa, quien dice que gracias a la pasada crisis de 2008, cuando colapsó Lehman Brothers, entidades como General Electric (GE) e ING se vieron forzadas a reducir su operación y a vender. Así, su entidad pudo adquirir el BAC Credomatic y la familia Pacheco recomprar la parte de Colpatria que le había vendido a GE, para luego venderla de nuevo, mucho más cara, al Scotiabank.

Para los banqueros nacionales, las oportunidades de compra siguen estando en Centroamérica y en Perú, pero también en el mercado doméstico. Una de ellas sería el inglés HSBC, uno de los grandes amenazados por Fitch, que tiene una operación muy pequeña en Colombia y hasta agosto acumulaba pérdidas por $36.000 millones. No obstante, eso no le quita el atractivo, pues en la competencia bancaria que vive el país, todos quieren ganar participación de mercado. De hecho, en la más reciente asamblea del Grupo Aval, su mayor accionista, Luis Carlos Sarmiento, confirmó su interés por dicho banco.

Otra entidad que podría desinvertir en Colombia sería la española Santander. Su salida del país ha sido un rumor casi desde que llegó debido a que su operación es pequeña y, a diferencia de otros mercados, donde ofrece todo tipo de servicios financieros, acá trabaja una banca preferencial limitada a empresas de cierto tamaño y a personas de ingresos altos. Un argumento para pensar en esa posibilidad es que el Santander ya está desinvirtiendo. Acaba de vender por US$1.000 millones 35% de su filial Santander Consumer USA (dedicada al crédito de vehículo) y tiene planeada una venta de sus activos inmobiliarios en España (valorados en 3.000 millones de euros), la cual tiene asustado al sector de la finca raíz en su país, pues se teme que venda con un descuento hasta de 50%, lo que impactaría los precios del mercado inmobiliario.

Pero, así como hay argumentos a favor de una salida del Santander, en contra hay uno muy poderoso y es que los bancos españoles cada vez generan una mayor parte de sus utilidades en América Latina y no tendría sentido salir de la región que les está ayudando a compensar el mal momento que vive su mercado doméstico. Según América Economía, en el primer semestre, 44% de sus ganancias salieron de esta parte del planeta.

Un mercado atractivo
El apetito comprador no solo lo sienten los bancos colombianos. También sus pares latinoamericanos están buscando oportunidades para entrar pisando fuerte en el país. En particular, las entidades brasileñas, líderes de la región, son las que más han manifestado ese interés. Por eso no se descarta que lleguen Itaú, Banco do Brasil, Bradesco o Pactual –de este se ha dicho que está detrás de una comisionista de bolsa–. Las entidades chilenas también han entrado de a poco y de la mano de sus cadenas comerciales. Ya tienen un banco (Falabella) y una compañía de financiamiento (La Polar), ambos especializados en consumo, la cartera que más crece: 25% anual a agosto.

Los extranjeros están interesados en Colombia por sus buenas perspectivas de crecimiento y porque tiene un sector financiero sólido y rentable (el retorno sobre patrimonio está en 16,2%). Salió muy bien librado de la crisis financiera internacional de 2008 y sus políticas prudentes le han servido para ganar prestigio. “Fue la crisis del 98 la que nos dio la lección, se aprendió a golpes a estar bien provisionados, a capitalizar los bancos y a tener una mejor regulación”, explica Santiago Perdomo, presidente de Colpatria, entidad que tras la compra de Scotiabank seguramente ampliará su portafolio de servicios para tener una tajada más grande de la torta.

Pero el ingreso de extranjeros no preocupa a los locales. Todos coinciden en que hay bastante espacio para crecer, dada la baja bancarización y penetración financiera en el país. Tan solo una tercera parte de la población adulta tiene acceso al crédito formal, al tiempo que la cartera como porcentaje del PIB alcanza 32%, mientras en países como Brasil llega a 50% y en Chile supera esa cifra.

Los nuevos negocios
Por todo lo anterior, la banca colombiana está decidida a entrar en nuevos negocios. Es así como Davivienda anunció su interés de entrar en pensiones y el Banco de Bogotá de meterse en crédito hipotecario. “La banca nacional va a tener una dimensión mucho mayor a la actual. Carteras como vivienda podrían alcanzar niveles de crecimiento alrededor del 20% en el mediano plazo. También nos gustaría reforzar nuestra presencia en administradoras de fondos de pensiones”, comenta Efraín Forero, cabeza de Davivienda, entidad que hoy compite muy de cerca con Bancolombia en préstamos hipotecarios

Y, aunque Davivienda tiene el mayor fondo de pensiones voluntarias del país (con 24,8% de los afiliados), no está en la parte más atractiva del negocio que son las pensiones obligatorias y las cesantías, que administran más de $106 billones.

Por su parte, Alejandro Figueroa, presidente del Banco de Bogotá, dijo que ya está todo listo para entrar a ofrecer crédito hipotecario con tasas competitivas. Hoy la única entidad del Grupo Aval que está en ese nicho es AV Villas, pero las cifras de la Titularizadora muestran que tan solo responde por 2,3% de los desembolsos. El atractivo de esta cartera es que está en crecimiento. Con un bajo nivel de morosidad y la posibilidad de prestar a tasa fija, los desembolsos alcanzan hoy alrededor de $10 billones, cuando hace tres años no superaban los $4 billones. La oportunidad está en que los préstamos hipotecarios tan solo representan 5% del PIB, en un país con un elevado déficit habitacional.

Otro sector en el que la banca nacional quiere crecer es el de la financiación de los grandes proyectos de infraestructura, más si se seca el mercado externo y sus competidores internacionales no cuentan con la liquidez para respaldar dichas obras. “Trabajar en ese campo va a ser la gran estrategia anticrisis que podemos implementar”, dice Perdomo, de Colpatria.

Pero no todo es color de rosa. El buen panorama que tiene la banca nacional no está libre de nubarrones y el más oscuro viene de afuera: una crisis financiera internacional que precipite una fuerte recesión mundial y produzca aversión al riesgo, paralizando decisiones y proyectos. De hecho, el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, le confesó a Dinero que el crédito a nivel local se podría paralizar, como sucedió en 2008, y que por eso en manos de los bancos está evitar un contagio. Su despacho estudia medidas para ayudar a que la banca pueda enfrentar dicha situación. Si bien el sistema financiero está bien provisionado, algunos bancos como Davivienda han comenzado a desacelerar algunas de sus líneas de consumo y a revisar sus modelos de riesgo. Otros, como el Banco de Bogotá, aseguran que la situación está bajo control y que no van a frenar el crédito, porque confían en que las autoridades globales no van a permitir una cesación de pagos monumental, sino moderada, y eso le podría restar tan solo un punto al crecimiento colombiano.

Otro nubarrón está por el lado del fuerte crecimiento de la cartera, que avanza a tasas superiores al 20%, lo que puede desembocar en un sobreendeudamiento de algún segmento de la población, como lo ha advertido el mismo Banco de la República.

De momento, los bancos colombianos parecen estar bien parados para enfrentar la crisis financiera externa, que ya hace mella en Europa y otros países del mundo desarrollado. Pero hay que estar con los ojos bien abiertos, para saber aprovechar las oportunidades que se abren afuera y anticiparse a los problemas que se puedan derivar si la situación empeora en el primer mundo. En los momentos difíciles se hacen los grandes banqueros.
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