| 9/10/2007 12:00:00 AM

"Sólo soy una herramienta"

Andrés Arango Sarmiento está hace cuatro años el frente de Ospinas y Cía. Con trabajo en equipo y la reorganización de la compañía, hoy muestra un cambio. Es de los pocos arquitectos al frente de un negocio inmobiliario. Entrevista con Dinero.com

Saber realmente cómo trabaja Andrés Arango Sarmiento no es fácil. Habla siempre en plural y el nombre de las empresas en donde trabaja aparece en cada frase, como si las cosas se hicieran sólas, sin la intervención de un ser humano. Cuenta qué aprendió en Amarilo, qué hizo en Fernando Mazuera, cómo fue su primera estadía en Ospina hace años y cómo pasó del barro, la portilla, la escuadra y el concreto, a construir su propia empresa, quebrarse y liquidarla. En todo este proceso ha aprendido de administración, gerencia, construcción, licitaciones y creación de proyectos.

Andrés Arango empieza a mostrarse a sí mismo cuando habla de arquitectura, su profesión; cuando recuerda La Ópera de París, cuando dice que es necesario viajar y conocer lo que han construido otros en el mundo, cuando valora cada uno de los aportes que le ha dado este oficio: la capacidad para mirar el mundo en tercera dimensión, para imaginarse en el lado de la construcción que no se ve o para valorar una obra tanto por su valor estético como por su aporte a la comunidad.

Hace cuatro años Andrés Arango Sarmiento está al frente de Ospinas y Cía, ha liderado el renacimiento de esta empresa que conoció hace más de 10 años cuando tenía 300 empleados, acababa de comprar Inversiones Bogotá, había hecho una ladrillera, estaba desarrollando Salitre Plaza, las Torres de Suramericana y Conavi en la 26.


A usted le tocó liderar el cambio en Ospinas
Cuando llegué a Ospinas era una empresa con el mismo valor del logo, el logo poderoso de hace 75 años, pero los dueños de la compañía no querían volver a tener el Ospinas grande. Lo que aprendimos de la crisis y parte de la reformulación del nuevo Ospinas es vender más y ser más eficientes, pero somos una firma consultora pura, promotora de proyectos, el diseño es con terceros.

¿Ese plan estaba cuando usted llegó o lo creó?
Uno no se inventa la rueda, pero digamos que el aprendizaje en la crisis es: para recuperar la compañía hay que pensar el negocio de forma diferente, no haga todo adentro. Empezamos a organizar una compañía que no quiere construir, nosotros no pegamos ladrillos, somos promotores, gerentes y consultores de proyectos; somos grandes corredores de riesgos, con una firma sólida como constructora y 75 años a cuestas de urbanismo, con la mejor imagen con los bancos, salimos de la ley (550) 10 años antes de lo previsto. ¿Por qué? Porque encontramos la receta para diferenciarnos de los otros 250 promotores que aparecen en las revistas.

¿Cuál es la receta?
La receta es, haga cosas diferentes y potencie lo que Ospina sabe hacer. ¿Dónde es bueno Ospinas? Tiene un valor de marca en centros comerciales, entonces formulamos en el 2003 un plan maestro de centros comerciales que nos permitió lograr la confianza de, por ejemplo, Carrefour, Home Center. Falabella, Olímpica, Éxito, Cafam, que nos buscaban por la solidez de nuestra consultoría. Aprovechamos esa confianza y formulamos proyectos de gran talla que permitieron darle la vuelta a los números de Ospinas.

¿Cómo llegó a ese receta?
Con un equipo, con la confianza de la junta directiva, con la confianza de los bancos y encontrando la gente adecuada para cada proyecto.

¿Cómo busca usted a la gente adecuada?
Es la experiencia y ojo, y una junta, alguien que desde afuera dice, creemos que es el camino correcto el que usted está marcando, hágale. Me dejan trabajar, apoyan, están ahí, tienen que estar ahí, como dicen, con las manos atrás pero con la nariz bien puesta. Ellos tienen experiencia, a ellos ya les han pasado más cosas que a nosotros, que a este grupo de administración nueva. Pero afortunadamente aquí adentro y en el equipo hay 25 años de ejercicios de ladrillos, de barro, de números, y hay una gran diferencia en el Ospina de hoy: agilidad. El Ospinas de hace una década era más ortodoxo, más pesado, porque era un empresa mucho más grande, con unas instancias y procesos de decisión más lentos. Parte de lo que se le imprimió, de acuerdo con la Junta Directiva, es agilidad. Si Ospinas ve una oportunidad, la formula rápidamente, busca el ancla, busca el mejor arquitecto y reacciona primero que cualquier otro.

Usted habla siempre en prural o de otros
Porque esto no es de Andrés Arango, yo soy una herramienta de Ospinas y Ospinas es más que Andrés Arango. Pero este Andrés debería ser igual a todos, con los matices que le impone cada cual.

¿Cuáles son los matices que imprime usted?
Yo creo que es una gran velocidad de crucero, es toma de decisiones, tener una mezcla profesional curiosa, porque no muchos arquitectos están al frente de empresas del sector inmobiliario.

¿Qué lo lleva a usted a creer en un proyecto?
Yo no tomo una decisión si no hay números. Ospina no aborda un proyecto si no hay estudios de mercado, ingresos por hogar, masa de dinero, etc. Somos unos consultores que hacemos la tarea de cero. No decimos: “que lote tan bonito el de mi tía”, si la tía nos lo trae, le hacemos el análisis y determinamos si es bueno el lote o no y la vocación del lote, qué tan bien está servido de vías, de transporte público, qué tanta plata hay alrededor, qué masa de dinero. Muchas firmas contratan estudios de mercados externos, los nuestros son internos. Y eso nos da unos números y a esos números, más que rigor científico, les ponemos corazón y cabeza.

¿Cree que en este momento hay un sello suyo en Ospinas?
Sí, estoy absolutamente seguro, y no solo mío, esta es una muy buena mezcla de profesionales que encontré y otros que se trajeron. Además, uno no es poseedor de la verdad. Hay que oír a la gente, uno no se las sabe todas. Muchos de los problemas los resuelvo a las diez de la noche, en mi casa, tomándome un café con mi señora, porque ella, desde afuera, como espectadora y arquitecta, ha trabajo en muchas empresas y le tocó vivir la crisis paralelamente conmigo, dice: “por qué no hace esto”.Oigo lo que ella me dice, leo el periódico, oigo a los ejecutivos de Ospinas, oigo a la Junta Directiva, No hago lo que ninguno dice, es como la mezcla de las opiniones de muchos alrededor, con criterio.

¿En su estilo de trabajo es más controlador o cree que es mejor dejar hacer?
Yo creo que hay que delegar, pero la gente siempre tiene que saber que uno está ahí y que a uno lo dejen opinar. Un poco lo que yo hago es: escúcheme, si lo que le digo lo considera valioso, usted toma la decisión.

¿Qué tan osado es usted?
La palabra a mí me da pena, pero la aprendí en Amarilo, uno tiene que ser arrecho. Uno sí se ha lanzado a la piscina estando desocupada, sabiendo que en el camino se va a llenar. Si Ospinas no corría esos riesgos en ese momento, no estaría hoy donde está.

¿Cómo combina el riesgo con tanto número?
Esto no debería decírselo a un periodista, pero sin duda Dios existe, y uno tiene fe, uno está seguro, uno tiene que confiar en sus talentos, en los de su equipo, en los del peso de la compañía. Yo tengo un logo que da respaldo y abre puertas, es mucho mas fácil ser arriesgado con un logo como el de Ospinas colgado aquí en el pecho.

¿Qué valor tiene el error o la equivocación en el trabajo?
Pues digamos que es bueno que se equivoquen, pero no mucho. Es importante que cuando uno se da cuenta del error, corrija rapidísimo. Eso lo aprendí en mis otros trabajos, no es posible navegar en la inestabilidad siempre, tumbe la casa y arranque de nuevo o aborte el proyecto, que a la empresa le cueste menos el error. O sobre lo construido, reconstruya, eso lo hemos hecho. Sobre un error, construimos un proyecto exitoso.

¿Qué consejo le daría a alguien que quisiera liderar una empresa?
Uno debe tener la plena confianza en qué sabe y qué no. Uno no se puede decir mentiras. Uno si tiene que sumar y restar muy bien, este es un negocio de velocidad, de solidez, de números, es un tema de confianza en uno mismo y de conocer el negocio.. Este negocio tiene de bueno es que cada lote es un negocio diferente, que se monta con números gigantescos.

¿Cómo puede para acomodar la cabeza a cada uno de esos proyectos únicos?
Apertura y flexibilidad, uno tiene que ser de caucho. Acabamos de vincular a una persona muy seria en el tema de estructuración financiera, de números, un banquero de inversión quien no conoce el negocio inmobiliario, se sorprendió porque en cada proyecto todo es diferente. Él considera que nosotros destrozamos un negocio de $200.000 millones en cinco minutos y lo volvemos a armar. La arquitectura le da a uno esa tercera dimensión, que es aplicable a otras cosas.

¿Cuál ha sido una retroalimenación que le hayan dado sobre su trabajo y que haya sido dura de aceptar?
Uno debe confrontarse siempre y no puede perder que le digan las cosas. A diferencia de algunas empresas que se estructuran alrededor de un oráculo, esta no es así. Aquí entra gente, cualquiera, y me dice: “Andrés, mire, eso que usted le dijo a tal persona no fue adecuado”. Uno debe tener gente que lo vea desde afuera y parte de lo que yo le agradezco al equipo es que me digan las cosas francamente. Es un tema de equilibrio y de estarse confrontando permanentemente. Que le digan a uno la verdad es difícil, pero la gente aquí tiene la capacidad de decirle a uno: “usted se está equivocando”.

¿Cree que usted es un líder?
Sí, tengo una capacidad de liderazgo, sé para donde voy y tengo muchos elementos en la cabeza que me permiten saber cuál es el camino. Y tomo lo mejor de cada una de las personas que está alrededor

¿Y cómo se ejerce el liderazgo?
Yo creo que son actuaciones permanentes que confirman que uno efectivamente sabe lo que está haciendo, no uno mismo, sino ellos. Cuando tú cuestionas es muy importante. Cuando tú tienes la capacidad analítica de profundizar, tus actuaciones van a ser sólidas, es profundidad en el análisis y entender el porqué.

¿De cual decisión laboral se ha arrepentido?
De ninguna. No cambiaría nada.

¿Y alguna decisión muy costosa?
No me arrepiento, pero sí ha habido decisiones costosas, en plata y que uno respira profundo y dice, hay que seguir, no podemos parar.

¿Cómo enfrenta las crisis?
Esa quiebra, durmiendo uno dos horas diarias, es muy duro. Yo tuve la fortuna y la desgracia de tener un accidente que me tuvo un año en cama, un borracho me estrelló, me mandó contra un poste, me desperté en el pavimento y arranqué una procesión de cirugías hasta que me remendaron. Cuando uno ha tenido que pasar un año de su vida, el más importante porque me estaba graduando de arquitecto, tenia carro, novia, profesión, mejor dicho, el mundo era poco, y se despierta uno en un hospital lleno de cables, dañado, eso lo pone a uno a prueba. Le enseña a tener calma, a actuar rápido, tomar las decisiones que son, pero sin descomponerse, tener tranquilidad siempre, cuando uno se desordena no ve claramente las cosas. Es un tema de ecuanimidad o de control.

¿El éxito lo vive con la misma calma?
Si me devuelvo 10 años jamás hubiera pensado que estaría donde estoy. Eso es parte de los sorprendente de la vida, que la vida siempre tiene algo reservado, bueno o malo, todo es un aprendizaje. Yo lo asumo como un aprendizaje. Pienso en mi familia simplemente, en dejar la vida de mis hijos y de mi señora asegurada, es el temor de las crisis por las que uno ha pasado, la familia es el ancla, es llegar a la casa y tener una familia sólida. Eso es una bendición, le permite a uno ser muy ecuánime. Cuando pienso en cómo celebraría un gol no creo que gritaría ni me quitaría la camiseta. El fútbol es un juego, la vida es diferente. Todos los días, hombres logran cosas muchísimo más trascendentales que anotar goles y no pasa nada. El éxito es como un bloque sólido de cosas que lo lleva a uno a determinado sitio.

¿Qué quisiera lograr entonces?
Una de mis grandes satisfacciones, cuando estuve en Amarillo, fue lograr servir al Estado y a la ciudadanía. Al hacer un centro comercial me emociona que los retailers ganan mucha más plata, que la compañía crezca, se fortalezca, pero eso no se compara en nada con haber construido colegios para estratos 1 y 2 y ver a las personas que no tienen acceso a la educación, felices estudiando. Eso es incomparable. Esa es como una reflexión que está ahí, dormida.















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