| 12/30/2006 12:00:00 AM

Saddam Hussein muere en la horca y estalla la violencia

El presidente George W. Bush dijo que la ejecución de Hussein marca el "fin de un año difícil para el pueblo iraquí y para nuestros soldados" y señaló que la muerte del ex gobernante iraquí no detendrá la violencia en Irak.

Saddam Hussein, uno de los dictadores más crueles del mundo, se resistió brevemente después que los militares estadounidenses lo entregaron a los guardias iraquíes. Pero al acercarse sus últimos momentos, se tranquilizó. Vestido con saco y pantalones negros, apretó entre sus manos un Corán mientras era llevado hacia la horca, y en su último acto de despecho se negó a que le pusieran una capucha en su cabeza.

Después de un cuarto de siglo de implacable brutalidad que mató a miles de personas y condujo a Irak a guerras contra Estados Unidos e Irán, Saddam fue ejecutado antes del amanecer el sábado.

Apenas algunas horas después de su ejecución y ya habían muerto al menos 68 personas debido a atentados con explosivos. En el noroeste de Badgad, dos automóviles estacionados explotaron y mataron a 37 civiles e hiriendo a otros 76. Otras 31 murieron y 58 resultaron heridas al sur de la capital.

Un hombre cuyo testimonio contribuyó a que los jueces declararan culpable a Saddam y ordenaran su ejecución dijo que le habían mostrado el cadáver porque "todos querían estar seguros de que fue realmente ejecutado".

"Ahora está entre la basura de la historia", expresó Jawad Abdul-Aziz, que perdió a su padre, tres hermanos y 22 primos en las matanzas que ordenó Saddam tras un fallido intento de asesinarlo en la población chií de Dujail en 1982.

La televisión iraquí mostró lo que dijo era el cadáver de Saddam Hussein después de ser ejecutado.

En el enclave chií de Ciudad Sadr, en Bagdad, cientos de personas bailaron en las calles y otras efectuaban disparos al aire para celebrar la muerte de Saddam. El gobierno no impuso un toque de queda como lo hizo cuando el ex presidente fue condenado, para frenar cualquier resurgimiento de la violencia.

A pesar de su caída, Washington, sus aliados y los nuevos líderes iraquíes continuaban concentrados en frenar la insurgencia alentada por sectores leales a Saddam y los conflictos sectarios.

La ejecución sucedió en el mes del año que ha resultado ser el más letal para las fuerzas armadas estadounidenses. El total de muertes en diciembre suma ya 109 después que el ejército de Estados Unidos anunciara las muertes de tres infantes de Marina y tres soldados. Al menos 2.998 miembros de su ejército han sido asesinados desde que comenzó la guerra en marzo del 2003, de acuerdo con un conteo de la AP.

Pero "es un hito importante en el curso de Irak para convertirse en una democracia que pueda gobernar, sostenerse y defenderse por sí misma, y ser una aliada en la guerra contra el terrorismo", expresó Bush en un comunicado la noche del viernes emitido en su rancho de Texas.

Ali Hamza, un profesor universitario de 30 años, dijo que salió a la calle a disparar su revólver al aire después que escuchó la noticia.

"Ahora todas las familias que fueron víctimas estarán felices porque Saddam obtuvo una condena justa", declaró Hamza, que vive en Diwaniya, una población chií ubicada a unos 130 kilómetros al sur de Bagdad.

Pero los residentes de Tikrit, una ciudad de mayoría chií que fue la base del poder de Saddam, lamentaron su muerte.

"El presidente, el líder Saddam Hussein es un mártir y Dios lo pondrá junto a otros mártires. No estén tristes ni se quejen porque ha muerto como un guerrero santo", expresó el jeque Yahya al-Attawi, un clérigo de las Gran Mezquita Saddam.

La policía bloqueó el ingreso a Tikrit y dijo que nadie podía salir o entrar a la ciudad por cuatro días. Pero a pesar de las medidas de seguridad dispuestas por el toque de queda, algunos hombres armados tomaron las calles con imágenes de Saddam y efectuaron disparos al aire pidiendo venganza por la ejecución del ex presidente.

Las fuerzas de seguridad también bloquearon la entrada de Samarra, otro fuerte suní, y ordenaron un toque de queda después de que cerca de 500 personas tomaron las calles para protestar por la ejecución de Saddam.

Más de 200 personas, muchas de ellas con armas, manifestaron en Adwar, una población al sur de Tikrit donde Saddam fue detenido por los soldados estadounidenses en un fuerte subterráneo. Es también la ciudad de Izzat Ibrahim, un consejero muy cercano a Hussein, que aún está prófugo.

El medio hermano de Saddam Barzan Ibrahim, y Awad Hamed al-Bandar, el ex jefe de la Corte Revolucionaria, no fueron ahorcados junto al ex líder, como estaba planeado. Las autoridades quisieron reservar la ocasión solo para Saddam.

"Quisimos que fuera ejecutado en un día especial", dijo el asesor de Seguridad Nacional Mouwafak al-Rubaie en declaraciones al canal de televisión estatal Iraqiya.

Sami al-Askari, consejero político del primer ministro Nuri al-Maliki, ofreció a la AP algunos detalles de la ejecución. Dijo que en un principio Saddam se resistió cuando fue entregado a los guardias iraquíes, pero se tranquilizó en sus últimos momentos de vida.

Indicó que estaba vestido con traje negro, sombrero y zapatos, y no con uniforme de prisionero. Le quitaron el sombrero poco antes de que le colocaran el lazo en el cuello. Sus manos también fueron atadas antes de que fuera llevado caminando hasta el patíbulo.

Poco antes de la ejecución, le preguntaron a Saddam si quería decir algo.

"No, no quiero", expresó Saddam, según al-Askari, que estuvo presente en la ejecución. Saddam repitió una plegaria después que un clérigo suní que también estaba en ese momento.

"Saddam fue posteriormente llevado a la horca y se negó a que le cubrieran su cabeza con una capucha", manifestó al-Askari. "Antes de que le colocaran la soga alrededor del cuello, Saddam gritó: 'Dios es grande. La nación saldrá victoriosa y Palestina es árabe"'.

La televisión estatal iraquí mostró imágenes de guardias que colocaban el lazo en el cuello de Saddam. El ex presidente parecía calmo. Las imágenes se cortaron justo antes de la ejecución.

Saddam fue ejecutado en una ex sede de inteligencia militar en el vecindario chií Kazimiya de Bagdad, dijo al-Askari. Agregó que el gobierno no había decidido qué hacer con el cadáver.

"El no pidió nada. Llevaba un Corán y dijo: 'Quiero que este Corán se lo den a esta persona', un hombre llamado Bander", manifestó Al-Rubaie. Indicó que desconocía quién era Bande.

AP
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