| 9/28/2011 6:00:00 PM

A ritmo de bolsa

Mauricio Botero no solo es el presidente de uno de los puestos de bolsa más grandes del país; también es músico, filántropo y amante de la política. Actualmente, consigue financiación para cuatro campañas a la Alcaldía de Bogotá.

Aunque han pasado más de 50 años, Mauricio Botero aún recuerda con cariño sus primeras clases de acordeón con el profesor Jens. Un inmigrante alemán que no solo le enseñó a manejar la respiración melancólica que produce el fuelle de ese instrumento sino que, además, le ayudó a descubrir una de sus grandes pasiones: la música. Una faceta que por años le ha servido para ‘escaparse’ de los ajetreados días que vive a diario en Corredores Asociados, la empresa que hoy dirige y fundó hace más de tres décadas.

Su amor por la música estaba predestinado. Su familia materna creció entre cantores, guitarristas, compositores e interminables tertulias. Era un tema que corría por sus venas. Pero, a pesar de eso y de sus innegables inclinaciones artísticas, Botero prefirió dedicarse al mismo oficio que desde niño vio hacer a su padre: el corretaje de bolsa. Al fin de cuentas la música no podía ser más que un pasatiempo para él.

Sus últimos días de colegio fueron cruciales. Mientras tocaba acordeón en su banda, los Daro Boys, y jugaba básquet con su amigo del alma Enrique Santos Calderón, tomó la decisión de estudiar administración de empresas. Se fue a la Universidad Eafit de Medellín, la única que entonces tenía esa carrera en Colombia. 

De vuelta a Bogotá, su vida empezó a transitar por la ruta de los negocios. Ingresó a la firma de su padre, Alonso Botero Marulanda y Cía., uno de los puestos de bolsa más grandes y reputados del país. “Yo era el que iba a la rueda y desde allí manejaba la compra de las acciones de muchas empresas, todo eso se hacía de viva voz –recuerda Mauricio Botero–. En esa época llegamos a tener 25% del total del mercado nacional”. 

Y aunque las responsabilidades empezaron a crecer como espuma, Botero decidió hacer una pausa en el camino. Se embarcó en un avión con rumbo a Brasil, en donde hizo un curso de mercado de capitales bajo la batuta de los más prestigiosos profesores de economía de ese país. Al finalizar sus clases, recibió una noticia que lo dejó pasmado: la OEA lo había escogido para ir a Nueva York a trabajar en Loeb Rhoades, una de las firmas más importantes de Wall Street. Un reto que Botero aceptó de inmediato. 

Luego de su exitoso periplo por Brasil y Estados Unidos, regresó a casa con un objetivo claro: tomar las riendas de la firma que había montado su papá. “Un día me dijo que cuando su empresa superara a Luis Soto y Cía., líder en ese momento en el país, no volvería a trabajar. En 1969 logró su cometido y cumplió su promesa: no volvió a trabajar”, cuenta entre risas Botero.

El polifacético
Mauricio empezó a transformar las estructuras internas de la empresa familiar. Un cambio paulatino, pero sin duda sustancial. Tanto así que en 1976 la firma dejó de llamarse Alonso Botero Marulanda y Cía., para convertirse en Corredores Asociados.

Casi cuatro décadas después, Mauricio Botero tiene más de 20.000 clientes, dentro de los cuales aparecen las familias y los grupos más poderosos del país. Su firma cuenta con cerca de 300 empleados, un patrimonio que supera los $45.000 millones, ingresos operacionales del orden de los $70.000 millones anuales y sucursales en Medellín, Bucaramanga, Barranquilla y dos en Bogotá. 

Pero ahí no para todo. Para noviembre de este año, Botero aspira tener en funcionamiento una sede de Corredores Asociados en Ciudad de Panamá. Más adelante, su idea es llegar a Perú y seguir estrechando los lazos que actualmente tiene con su equivalente de Chile, LarrainVial. 

Mientras eso se concreta, sus negocios en Colombia no se detienen. Su empresa acaba de estructurar los procesos de salida a bolsa del Éxito, Avianca, Grupo Aval y Davivienda. Fue precisamente por eso que la revista Latin Finance incluyó a Corredores Asociados en el noveno lugar del ranking de firmas latinoamericanas que más dinero mueven en emisiones de acciones. En esa materia, la meta de Botero es mover $6 billones antes de que termine el año. 

Quienes conocen a este empresario, lo definen como un hombre de negocios y un irremediable amante de la música. Pero hay una cara que algunos de ellos le desconocen: la del político. Un mundo al que entró cuando Virgilio Barco, días antes de lanzar su candidatura a la Presidencia, lo nombró miembro del comité financiero de la campaña. Desde entonces, Botero ha hecho lo mismo en los proyectos políticos del ex senador Eduardo Pizano, de Noemí Sanín y del presidente Juan Manuel Santos. 

Hoy, su espíritu de político sigue intacto. De hecho, en la actual contienda electoral, cuatro candidatos a la Alcaldía de Bogotá han recibido recursos gestionados por él. Para Botero es una forma de empujar hacia adelante a los aspirantes jóvenes que apenas comienzan y que, a su juicio, son los únicos que están descontaminados.
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