| 2/1/2006 12:00:00 AM

Retorno a la cuerda floja

El cierre de las negociaciones del acuerdo de libre comercio con Estados Unidos vuelve a estar en duda. Después de un arranque positivo, Estados Unidos sigue inflexible en el tema agrícola. Las negociaciones volverán a comenzar el 14 de febrero.

"El tiempo ya corre en contra de Estados Unidos y Colombia. La proximidad de las elecciones en los dos países puede trastornar las negociaciones". Con estas palabras, Hernando José Gómez, negociador jefe del Tratado de Libre Comercio (TLC) que ahora mismo negocia el Gobierno con Washington, avisaba con días de antelación las dificultades que acechan el cierre de las negociaciones. Veinte meses después de que Estados Unidos, Colombia, Perú y Ecuador se sentaron en la mesa de negociación, llegó la hora cero para el acuerdo. La ronda número catorce de negociaciones se está realizando desde el miércoles pasado en Washington, con el equipo colombiano desplegando todos sus esfuerzos por cerrar el acuerdo. Las diferencias siguen empantanando las conversaciones. El jueves, los negociadoes colombianos anunciaron que la ronda entraría en reposo y quedaría postergada hasta el 14 de febrero.

La carrera ha llegado al tramo más complicado: la agricultura. De momento, Estados Unidos no ha hecho ninguna concesión sobre este tema. Y al parecer el acuerdo, después de las envalentonadas declaraciones del Gobierno de que esta sí es la última ronda, vuelve a la cuerda floja.

Después de un arranque impetuoso en el que se cerraron casi todos los temas no relacionas con agricultura y propiedad intelectual, las negociaciones han ido perdiendo impulso. La premura de los negociadores permitió cerrar temas que antes habían bloqueado las negociaciones (algunos apartados del capítulo textil, compras públicas, inversión y reglas de origen, entre otras).

Todavía están en el aire las secciones más complicadas: agricultura y propiedad intelectual. Y en agricultura, los peores temores de los gremios ya amenazan en convertirse en realidad. En agro y medicamentos, parece difícil que Estados Unidos ceda ante las peticiones de Washington.

La Sociedad de Agricultores Colombianos (SAC) parece que ya está digiriendo el hecho de que el acuerdo será un duro golpe para su sector. Los planteamientos en cuanto al tratamiento que daría el Gobierno a los bienes que ha clasificado como hipersensibles, sensibles y aún no sensibles, dejarían a gran parte del sector obligado a competir con los subsidios a la producción que aplica Estados Unidos, si no se logran los mecanismos de defensa que el Gobierno colombiano ofreció al sector desde el inicio de las negociaciones. Según la SAC, el efecto sólo se lograría atenuar con un importante paquete de ayudas internas ofrecidas al sector por el Ministerio.

Los plazos planteados por el Gobierno nacional, acompañados de aranceles iniciales muy bajos e inequitativos frente a Estados Unidos, eliminarían la posibilidad de ajustarse a los cambios sin sufrir traumas. El ministro de Agricultura, Felipe Arias, por su parte, ha cambiado su discurso. Criticó con dureza el acuerdo firmado por Perú y Estados Unidos (el país andino se desmarcó de Colombia y Ecuador y firmó en diciembre) diciendo que ese documento no le puede servir a Colombia ya que sería demasiado dañino para el sector. El consenso de los analistas, sin embargo, señala que el acuerdo firmado por Perú, que hace grande concesiones en el sector agrícola, será el mapa que seguirán los negociadores de E.U.

Los peruanos admiten que el sector agrícola quedó desprotegido ante el acuerdo. Hernando José Gómez, el negociador jefe colombiano, por su parte, explicó en Washington que "Estados Unidos está muy contento con su negociación con Perú. Nosotros, sin embargo, hemos expresado con claridad son nuestras limitaciones".

El cierre de las negociaciones, de momento, ha vuelto a la cuerda floja. En los próximos dos días quedará claro si la firma del acuerdo sigue siendo una entelequia o si es posible finalizar en esta ronda.
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