| 4/27/2011 8:00:00 AM

Precio de la gasolina: ¿Estado vs. consumidor?

Cuando un usuario compra un galón de gasolina, paga los costos técnicos asociados a su producción, transporte, manejo y distribución. Así lo establece el Estado para no desajustar sus finanzas. Opinión de Sergio Lopera, docente Facultad de Minas UN en Medellín.

En la mayoría de consumidores de gasolina en Colombia se ha vuelto común la pregunta ¿Qué pasa con el precio? ¿Por qué cuando sube el costo internacional del barril de crudo aumenta el de la gasolina a la par en el país, y cuando baja no? Según el Gobierno, estos interrogantes tienen una explicación que se ajusta a su manera de determinar el valor del combustible.

Sin embargo, el usuario, que es quien ve afectado su bolsillo, requiere explicaciones que le permitan comprender la situación. Para ello, se puede empezar por observar la evolución del precio en los últimos 13 años.

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La estructura del precio, permite verificar que, cuando se compra un galón de gasolina, se entregan recursos al Estado por la vía de impuestos en 33%, y se pagan los costos técnicos asociados a la producción, transporte, manejo y distribución de dicho galón, en el orden de 67%.

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En estricta teoría, el precio de un bien debe ser solo función de sus costos. Sin embargo, el Estado ha grabado la gasolina en 33% para atender diversas necesidades del mismo. Decidir que no se cobren estos impuestos parece bastante difícil, pues se desajustarían sus finanzas, de antemano comprometidas.

Por lo tanto, hay que buscar la manera de disminuir los costos de producción, manejo, transporte y distribución. No obstante, el precio futuro de la gasolina debería fluctuar según las variables que lo determinan.

Ingreso al productor: componente principal del precio

Pli = (UNL87 - Aoci) – Fli
Donde:
Pli: Ingreso al Productor al mes i.
UNL87: Precio de la gasolina
motor en la costa del Golfo mes i.
Cotización UNL87, publicada por PLAT’S de Standard and Poor’s en dólares por galón.
Aoci: Ajuste por octanaje mes i.
FLi: Flete mes i.

Esta forma de calcular el precio se basa en el concepto de paridad de importación, que consiste en variar el ingreso del productor en función del precio internacional de la gasolina y de la tasa de cambio. Aparece bajo el argumento de que fijar un margen de refinación no da cuenta de las volatilidades que se presentan en los derivados del petróleo y del precio del crudo.

Es necesario analizar si los precios de los bienes deben estar fundados en los costos de producción de los mismos o en las fluctuaciones de los mercados internacionales, teniendo en cuenta que Ecopetrol produce una buena parte del crudo que se transforma en productos derivados en el país, por lo cual sería importante conocer el margen de refinación de esta empresa.

Independientemente de si Colombia es importador o exportador, las refinerías de Ecopetrol compran el hidrocarburo que van a procesar, y parecería más sensato que la política de precios de la gasolina y derivados dependiera del valor al que se compra y se refina.

Hoy la sociedad requiere claridad del Gobierno sobre la forma como diseña el sistema de precios y sobre las variables a tener en cuenta, considerando que la estrategia debe integrarse a la política energética nacional. Por otra parte, sectores más vulnerables como el de transporte de carga y pasajeros deberían ser prioridad cuando aumenta el precio de la gasolina, pues requieren que se les minimice el impacto.

Más allá de la coyuntura
Cabe resaltar que los altos costos de los combustibles castigan a los propietarios de vehículos particulares y desincentivan el uso de los de alto cilindraje, disminuyendo por esta vía las emisiones de CO2, lo cual en principio es positivo.

Pero yendo un poco más allá, la reflexión debe enfocarse en si el Estado debe hacer política fiscal con el precio de un bien –en este caso la gasolina– que es producido en el país, y fundarse solamente en parámetros que reflejen la volatilidad del mercado internacional; o si este debería reflejar los costos de transformación, transporte y distribución.

En el fondo, lo que la sociedad reclama es saber cómo se está calculando el precio de los combustibles, y por qué, si la inflación hoy es del 4%–5%, su costo aumenta anualmente por encima de tales márgenes. Igual importancia requiere conocer cómo se están manejando los recursos del fondo de estabilización de precios de los combustibles.

Más allá de la coyuntura, se requiere una política energética que fundamente la estrategia de transporte y movilidad en general, de recursos que no dependan tanto de la volatilidad internacional y de los cuales el país disponga. Bien valdría la pena que, en el corto plazo, los transportes masivos de las ciudades funcionaran con electricidad, tal como lo hace el metro de Medellín.

Con una visión de más largo aliento, se deberían recuperar los ferrocarriles y el uso de electricidad en los mismos, no se puede olvidar que es la hidroelectricidad el recurso de mayor potencial en Colombia.

Es necesario pasar de una política circunstancial a una estratégica, en la que parte de la renta de los recursos agotables sea invertida en proyectos renovables. Esto exige romper paradigmas y pensar en un contexto más amplio.

En ese caso, sería conveniente copiar el caso de ISA, que superó el paradigma de pensarse solo como transportador de electricidad, e incursionar en proyectos de infraestructura tales como las autopistas de montaña. ¿Qué tal si Ecopetrol impulsara el proyecto de trenes eléctricos para transporte de carga y pasajeros, pasando así de ser proveedor de combustibles fósiles a tener un sector tan estratégico como el de transporte? Diversificaría su portafolio dentro de una estrategia de cambiar una estructura económica dependiente de activos agotables, por una sujeta a activos renovables.

El Estado debe buscar finanzas para funcionar con el precio de los combustibles por dos vías: Ecopetrol e impuestos. ¿Es esto lícito?.

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