| 10/1/1995 12:00:00 AM

Por su empaque los conoceréis

Tan importante como el liderazgo alcanzado por los industriales colombianos en las artes gráficas, está el repunte de los productores nacionales de empaques flexibles.

Como cualquier calentano de visita en el páramo, no hay producto que sobreviva sin el empaque apropiado. Piénsese por un momento contra qué debe protegerse: en lo mecánico, contra golpes, vibraciones y cargas por apilamiento; y en lo físico y químico, contra el aire, la luz, la pérdida de agua y aroma, y -más crítico aún- la aparición de microorganismos. Todo esto sin contar con que, más que en otros tiempos, los artículos entran por los ojos, y, en consecuencia, el diseño y presentación juegan un papel tan esencial como los anteriores.

De manera que, en el agitado mundo comercial de hoy, es mucho lo que está en juego. Los empaques son vitales para alimentos y bebidas, fármacos, cosméticos y artículos de aseo personal. En el caso de los alimentos, por ejemplo, los procesos químicos generados por una mala protección producen cambios desagradables en el sabor, oxidación de grasas y descomposición a través de hongos, levaduras y bacterias. Es curioso ver cómo unos aliados naturales de la vida humana como la humedad, el oxígeno y la luz son desastrosos para productos que el hombre mismo emplea en su subsistencia. Y ese es el reto al que se enfrentan las empresas del sector.

Además, los productores de empaques se han convertido en intermediarios obligados de la cadena que une a fabricantes con consumidores. Según Guillermo Carvajal Sinisterra, de la organización Carvajal, una de las líderes en este campo, este hecho no sólo ha conducido a numerosas innovaciones tecnológicas en productos, materiales, formas y maquinaria de empaques, sino al desarrollo de nuevos sistemas de distribución y presentación en los puntos de venta. "Todos estos factores están presentes en nuestras ciudades en una proporción ya muy superior a la mitad de sus habitantes y con una clara tendencia creciente", dice Carvajal.

Entre las necesidades surgidas está la de conservar por más tiempo el producto, la calidad nutricional y el sabor. Por otra parte, se ha hecho necesario cambiar las presentaciones y reducirlas o aumentarlas en volumen según el presupuesto y tamaño de la unidad familiar. Estos factores coinciden, además, con la hegemonía de los supermercados y puntos de venta mayoristas, donde la gente tiene la posibilidad de escoger el producto con total libertad. Es una acción personalizada e individual.

Para Carvajal, lo que el empaque flexible contribuye a la competitividad del producto se orienta ha

cia el suministro de una protección adecuada, excelente presentación, facilidad de uso y disminución del costo del empaque en relación con el precio unitario.

En materia de empaques flexibles, Colombia cuenta con una interesante gama de compañías entre las que sobresalen Flexa (de Carvajal), Shellmar de Colombia, Microplast, Alfan, Miniempaques, Montana Gráfica y Grace Colombia. En

buena parte, sus desarrollos han sido posibles gracias a la aparición de esmerados fabricantes de materia prima como Biofilm, Multidimensionales y Dexton, entre otros.

En esencia, la producción de empaques y etiquetas se divide en dos corrientes: el rotograbado -para produetos de marca y cierto nivel de exigencia- y la flexografía, pata artículos de alto volumen. Se diferencian en el tipo de materiales utilizados y en la calidad de la impresión, aunque la tecnología digital las aproxima progresivamente. Para dar una idea, el rotograbado se emplea para la elaboración de las tapas de los yogures y los sachets de shampoo, y en flexografía se hacen las envolturas de chocolatina y las de papas fritas.

En flexografía, Microplast es una de las empresas modelo. Creció con las necesidades y evoluciones de influyentes industrias antioqueñas como la Fábrica Nacional de Chocolates, Colcafé, Industrias Alimenticias Noel y Alimentos Cronch. Con maquinaria de última generación y una fuerza laboral compacta, Microplast ha sido determinante en el desarrollo de nuevos productos para sus clientes. Y especial

mente lo ha sido en el ramo del café, donde los empaques flexibles y el vacío han ido reemplazando a las latas metálicas como garantizadores de la vida últil del producto. Según los directivos de Microplast, la filosofía es trabajar estrechamente con el cliente, casi en una relación de amistad.

Amiga del bajo perfil, Microplast es una empresa de grandes dimensiones técnicas e industriales, pero relativamente peque

ña en tamaño físico. Su gran fortaleza es el equipo humano. Desde sus dueños y directivos hasta el último trabajador creen firmemente en la importancia de su papel para la comunidad. Microplast, en flexografía, ha explorado nuevas propuestas con manejo de materiales y sistemas de impresión.

Con sede en Medellín, Microplast cumple en flexografía lo que Shellmar de Colombia, también radicada en la misma ciudad, hace por el rotograbado. Shellmar, considerada por muchos la abuelita del sector, nació en el país en 1947 como filial de la empresa norteamericana del mismo nombre. Fue, indiscutiblemente, pionera en todos los procesos, hasta el punto de que muchos técnicos y ejecutivos salieron a montar empresas parecidas o a engrosar los equipos de producción de la nueva competencia. Shellmar fue propiedad, más adelante, de Continental Can Company, que impulsó significativamente su desarrollo tecnológico. Pero la empresa fue vendida a un

grupo de inversionistas antioqueños hace 15 años.

Esta empresa ha vivido de cerca las transformaciones industriales, desde los días en que los empaques flexibles se limitaban a papel, celofán y polietileno. Eran elementos que no garantizaban larga vida para los productos. En esa época, dice Jaime López, su gerente general, °las exigencias de calidad no eran tan altas como ahora, como tampoco era significativa la variedad de los productos".

En su portafolio de clientes, Shellmar posee un "quién es quién" en la industria nacional. Entre los principales se destacan Nesdé, Alpina, Bavaria, Cogra Lever, Colgate-Palmolive, Cicolac, Schering, Ingenio Manuelita, Industrias Alimenticias Noel, Protabaco, Maizena, Peldar, Colanta, Sandoz Colombiana, Presto, Coca-Cola y Gaseosas Lux.

Hoy, los materiales principales incluyen papel, foil de aluminio, celofán, polipropileno, polietileno, PVC, nylon, poliestireno y poliéster, entre otros. Son insumos que rara vez se usan por separado. Se les somete a un proceso llamado coextrusión, que permite obtener películas multicapas, según las características del producto. En esencia, los materiales flexibles están constituidos por tres layers (capas): uno externo, uno de impresión y otro interno, cuyas propiedades deben permitirles adherirse, ser elásticos y crear barreras contra elementos que atenten contra la integridad del producto.

En las palabras de Gonzalo Mazuera -un experto colombiano residente en Estados Unidos e invitado por el Instituto de Capacitación e Investigación del Plástico y del Caucho a un seminario especializado en marzo pasado-, el consumidor compra el producto, llevado por el mensaje que transmite el diseño gráfico del empaque y el beneficio que trae su uso (fácil de abrir o de cerrar). "Pero es a través de la tecnología de coextrusión que se protege el alimento contenido, se conserva y extiende la calidad del producto, permitiendo que el consumidor quede satisfecho y más tarde repita la compra".

Para productores nacionales como Shellmar, Carvajal y Microplast, el país ofrece materias primas de razonable calidad como papel, polipropileno y aluminio foil. Donde las empresas productoras están tratando de actualizarse es en poliéster, celofanes, pigmentos sofisticados para la fabricación de tintas, adhesivos y resinas. "En este mercado de las materias primas el productor debe estar preparado para importar entre el 30 y el 50 por ciento de los insumos", dice López. Pero ya existen firmas como Biofilm y Multidimensionales que fabrican películas multicapas de acuerdo con especificaciones recibidas.

En general, la producción de empaques y materias primas se clasifica dentro del sector de plásticos, cuyo mercado nacional es de 200.000 toneladas anuales, a razón de entre uno y cinco dólares por kilo. En el caso concreto de los empaques, el total del consumo colombiano es de un millón de toneladas métricas.

El país ha avanzado a grandes pasos en el desarrollo de esta industria, pero algunos de sus directivos lamentan la aparición de un punto negro en el firmamento. Es posible que algunas empresas hayan sido financiadas con dólares del narcotráfico. Pero si bien este peligro lo corre toda actividad económica nacional -y política-, lo que más molesta a los productores de empaques es que haya clientes tradicionales que, por bajar costos, usen los servicios de esas compañías.

Por otro lado, existe aún terreno para la mejoría de los procesos y usos, y ese liderazgo lo ha tomado el Centro Colombiano del Empaque, con sede en Bogotá. "Hay que enseñarle a la industria todo lo relacionado con las causas del deterioro y la manera de proteger mejor el producto", dice Cornelio Overgaauw, director encargado. También se debe avanzar, dice, en el mejoramiento de la información al consumidor, con fechas de vencimiento, ingredientes y contenido proteínico. "Hay empresas que aún no cumplen con ese requisito".

Un foro para debatir estos problemas será Andina-Pack, feria programada para los días 15 a 18 de noviembre en Bogotá, donde se

mostrarán, por una parte, los materiales utilizados para la producción de empaques y, por otra, las máquinas empacadoras. Esa oportunidad, en opinión de Overgaauw, será ideal para debatir problemas como los desechos y su capacidad de reciclaje. En ese momento, precisamente, se estudia con el Icontec la posibilidad de producir empaques con materiales que representen un valor comercial y otro técnico para su reutilización. "Eso ayudará enormemente a controlar los efectos contaminantes", dice.

Efectos que, en el caso de Alemania, se han reducido significativamente, obligando a los supermercados a adquirir solamente productos reciclables, bajo la premisa de que los materiales de envases y embalaje no deben ser basura.

Y mientras se aclara el panorama y se mejoran los controles para que lo que está diseñado para proteger no se torne una amenaza, lo único cierto es que Colombia está demostrando un liderazgo sin paralelos en el área, con esfuerzos muy grandes para afinar los aspectos técnico, comercial y ambiental. En suma, son caminos que se trazan para que otros los sigan, y, de alguna forma, hagan que todos se metan en el mismo empaque.
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