| 12/16/2005 12:00:00 AM

Para el año nuevo

Francisco Cajiao, columnista de Dinero.com, dice que 2006 viene cargado de oportunidades para desarrollar una discusión inteligente sobre el futuro del país.

Por estos días la gente cambia un poco su ritmo de vida y se ocupa del nuevo comienzo que representa cada año. Ya las empresas tienen sus presupuestos, las familias reavivan planes para el futuro inmediato y los niños y jóvenes gozan sus vacaciones previendo nuevos años escolares y semestres académicos en colegios y universidades.

De otra parte el mundo político se prepara para unas elecciones que, aparte de novedosas en el régimen institucional del país, serán muy interesantes, porque más allá de los pronósticos de victoria para el candidato presidente, van a mostrar obligatoriamente nuevas perspectivas ideológicas. Me imagino que no puede ser de otro modo, pues si no hay ideas y propuestas que logren llegar a la gente y una vez más juega el poder de las maquinarias, los aspirantes que no están en el poder no tendrán ninguna opción ante la supermaquinaria del Estado, que viene operando en campaña hace tres años largos.

Gran parte del sector privado se ha beneficiado con el gobierno actual. Algunos han recibido subsidios por cuenta de la revaluación del peso, el sector financiero ha incrementado sus utilidades de forma notoria y el sector turístico se ha beneficiado de los progresos en la seguridad de las carreteras. Es natural que estén contentos y que deseen seguir así por cuatro años más. Los procesos de desmovilización de paramilitares y los diálogos incipientes con el ELN también son percibidos de manera positiva por sectores importantes y el recurso permanente a los consejos comunitarios con su estilo de microgerencia generan un impacto positivo en algunas comunidades. A esto se le suma la irrestricta adhesión de los principales medios de comunicación que de manera casi chistosa se autoproclaman víctimas de la censura cuando se pretende establecer una norma que garantice una cierta igualdad a los diferentes candidatos a la presidencia. También ayudan los paramilitares que están presionando en ciertas zonas para orientar el resultado de las elecciones, como pude corroborarlo a través del testimonio de algunos líderes comunitarios que asistieron al Consejo Nacional de Planeación que se realizó en Cartagena.

Al otro lado de este optimismo electoral, están los datos sobre la pobreza, la deserción escolar, la pésima distribución del ingreso y la amenaza del TLC en materia de agricultura, medicamentos y cultura. La seguridad urbana sigue siendo un hueco negro y los desplazamientos continúan de manera insostenible, porque más allá de las carreteras no cesa el accionar violento de los grupos alzados en armas. Chocó, Nariño, Cauca, Putumayo y Guaviare siguen siendo hostigados continuamente a pesar de los operativos militares que se comen una buena tajada del presupuesto. Quienes sufren son los pobres. Las familias de los soldados y policías son pobres, los milicianos de las FARC y de los paramilitares son pobres. Los desplazados, los vendedores ambulantes, los niños que abandonan la escuela y los jóvenes que jamás llegan a la universidad son pobres. Las víctimas del invierno y de las demás catástrofes naturales siempre son los pobres. De acuerdo con las cifras son más del cincuenta por ciento de la población que no termina el año tan contenta y optimista como los banqueros y los comerciantes.

Así se iniciará el próximo año y la campaña política será una oportunidad para volver a discutir públicamente el futuro del país. Si la campaña se realiza en un nivel alto de debate ideológico y los candidatos -que los hay en abundancia y muy buenos- asumen su responsabilidad de conducir al país por la vía de la razón, será un momento de especial significación en la educación ciudadana.

Los debates deberían ocupar un tiempo importante en las universidades e incluso en los colegios, no intentando un proselitismo propio de barras de fútbol como ha sido la costumbre, sino exponiendo a los jóvenes a la discusión de ideas y proyectos de nación. Quienes están por debajo de los 25 años, tendrían que ser los grandes protagonistas de las discusiones sobre el país que quieren y el país que merecen. Ojalá aumentara mucho la participación electoral haciendo más transparente nuestra democracia. Pero eso requiere un nuevo tipo de educación que aún no tenemos. Una educación que estimule a los jóvenes a hacerse responsables del destino común, que los impulse a exigir a los gobernantes honestidad y transparencia, que los anime a elegir las opciones que representen un mejor futuro para las nuevas generaciones, que les despierte la generosidad de la cual carecen muchos adultos ocupados sólo en su propio beneficio. Los jóvenes deben evaluar qué se está haciendo hoy con los recursos naturales, porque si se aniquilan ellos serán los perdedores. Por esto el gran debate político, en esta ocasión, deberá ser antes que nada un enorme evento educativo.

Como soñar no cuesta nada, lo menos que uno puede hacer es soñar por lo alto. Y esto es lo que corresponde en esta época de año nuevo.
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