| 2/27/2012 8:00:00 AM

Noemí Sanín, de conservadora a "millonaria"

Cuando apareció en uno de los comerciales de su anterior campaña presidencial pateando un balón para promocionar sus propuestas, nadie, ni siquiera ella misma, calculaba que terminaría siendo una de las piezas claves para sacar a Millonarios de los afanes económicos.

Y ya hay resultados. Sanín estuvo como embajadora en España. En ese país tiene muy buenos contactos y su novio, el empresario español Javier Aguirre, naturalmente también se mueve con facilidad en el mundo de los negocios. De ahí salió el partido amistoso que sostendrá Millonarios en agosto con el Real Madrid en el Santiago Bernabéu.

Pero ahí no acabará todo, Sanín aprovechará la ocasión no solamente para promocionar al equipo capitalino en el terreno deportivo sino, para buscar apoyo inversionista para la Sociedad Azul y Blanco S.A. “Con Noemí nunca se sabe, a veces parece que todo lo puede”, dice alguno de sus más cercanos colaboradores.

Todos los colores
Así es Noemí Sanín: una eficiente empresaria. El éxito de la fusionada Colmena y de la fuerte Corficolombiana llevan su sello. Pero Noemí es quizás uno de los políticos más desorientados en Colombia, nunca se pudo vislumbrar cuál era realmente su ideología y aunque eso sucede con muchos políticos, a Noemí, sus críticos, han hecho que se le note más.

Por esa misma línea de muchos colores, vienen los halagos a ella. La actual primera dama de la Nación, María Clemencia Rodríguez de Santos, que trabajó con Noemí en Colmena y el Ministerio de Comunicaciones, manifiesta en privado que Sanín es una de las trabajadoras más eficientes que jamás haya conocido.

El mismo presidente Juan Manuel Santos fue “noqueado” por Sanín cuando hacían parte del Gobierno del presidente César Gaviria por los buenos resultados de la entonces canciller y por mucho tiempo la consideró la rival a demoler y lo logró.

Las cabezas del sindicalismo en Colombia la consideraron en su momento como una excepcional funcionaria pública y el ex alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, da fe de ello. Cuando Garzón todavía se movía en el sector sindical, Sanín era el lado bueno del enemigo gobierno.

Hasta el Polo Democrático se reservó en muchas ocasiones comentarios hacia ella, porque hay mucha gente al interior del Partido que la respeta. El actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, en uno de los pasillos de los canales privados de televisión en plena campaña presidencial y fuera de micrófonos se confesó admirador de Sanín también.

También logró seducir a personajes tan diferentes como el presidente Hugo Chávez y a la ex primera ministra británica Margaret Tacher.

Ella

Sanín ya no tiene opción en la Presidencia de Colombia, está por cumplir 63 años, ya no volverá a aspirar porque así lo ha decidido y porque en la última campaña presidencial perdió credibilidad ante el electorado.

La figura de política capaz y preparada de hace algunos años que encabezaba las encuestas en imagen favorable en Colombia se ha desdibujado, por el mal desempeño que mostró en esa contienda electoral.

Noemí, la paisa a la que le gustan los vallenatos, maldice al Partido Conservador por traicionero y esconde sus habilidades y conocimientos en el negocio del azúcar, decidió incursionar en el fútbol.

Cuando inició el rumor sobre su nombramiento en el equipo se prestó hasta para chistes en las redes sociales. Sin embargo, entró y pisando fuerte.

De hecho, Alejandro Cichero, ex defensa central de Millonarios, aseguró que después de un cruce de palabras con Sanín, ella lo sacó del equipo.

Frente a ese episodio en una rueda de prensa, se le preguntó a la ex candidata presidencial, pero no los desmintió aunque tampoco lo aceptó. Lo único que atinó a decir era que las decisiones que se tomaban tenían el objetivo de beneficiar al equipo.

El ex ministro y empresario, Luis Ernesto Mejía, su última fórmula vicepresidencial, la define como una mujer con carácter que puede ser muy sencilla y a la vez sofisticada: “Ni en los peores momentos la vi desesperarse”.

Así es Noemí, todo un contraste, que de protagonizar un comercial de televisión pateando un balón se ha convertido en la delantera de un equipo que estaba a punto de desaparecer.


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