| 4/12/2007 12:00:00 AM

Medicina a crédito, el paso inicial

En la provincia de Jujuy, Argentina, las mujeres del campo se morían de cáncer de cuello uterino. El ginecólogo Jorge Gronda le puso un alto a esta situación con una clínica en donde se puede pagar a crédito. Por su labor se ganó el premio “El Emprendedor Social” de Argentina en 2005.

Las víctimas del cáncer de cuello uterino se pueden contar por cientos de miles al año alrededor del mundo. Sólo en Latinoamérica cerca de 30 mil mujeres mueren por esta enfermedad, según las estadísticas del Programa de Prevención de Cáncer de Cérvix, de la Secretaría de Salud Pública de Cali.

Se calcula que al año, en el continente americano, se presentan 68 mil nuevos casos, la mayoría de ellos por falta de prevención, pero principalmente, por la falta de atención que impera en las regiones apartadas de América Latina.

Sin embargo, en el extremo noroeste de Argentina, en lo más apartado de la provincia de Jujuy, al margen de la quebrada de Humahuaca, un médico se inventó la forma de informar y dar tratamiento a mujeres con riesgo de padecer esta enfermedad a bajo costo. Jorge Gronda, de 51 años y 37 de ejercer su profesión, ha atendido a 40 mil mujeres desde que comenzó con su propia clínica social para reducir los índices de mortalidad que se presentaban por esta patología, abortos y muerte de niños en esta región, que está situada a 3.400 metros sobre el nivel del mar.

Este fue el inicio de Cegim (Centro Generalista Integral), una organización creada por Gronda en 1988, cuya misión es la promoción de la salud y la prevención de enfermedades en la población de mujeres de bajos recursos de Jujuy.

Bajo un modelo económico y financiero sustentable, el médico se propuso dar salud a esta población marginada por medio de un sistema de crédito, de la misma forma que cualquier persona accede a un electrodoméstico en cuotas de pago. Así las mujeres con la enfermedad en estado más avanzado podían ser atendidas.

“Si a una persona pobre se le ofrece la posibilidad de comprar un televisor en cuotas y a todo el mundo le parece razonable y justo, con más razón y con el mismo criterio hay que darles la oportunidad de que paguen en cuotas una operación que le salva la vida”, dice Gronda.

Pero todo evoluciona y los servicios de Cegim se ampliaron al resto de la familia: hijos, esposos, demás familiares y a todas las especialidades de la medicina. Pediatría, odontología, cardiología, oftalmología, son sólo algunas de las 20 divisiones que tiene la clínica, cuya sede principal está en San Juan de Jujuy.

El comienzo de un empresario social
Con este trabajo, Gronda mereció el premio “El Emprendedor Social” de Argentina en 2005, con lo cual viajó al Foro Económico Mundial de Davos y en Zurich, ambos en Suiza, donde relató su experiencia y contó con la oportunidad de conocer a otros personajes que, al igual que él, hacen cada día algo para mitigar el sufrimiento de la pobreza en diferentes regiones del mundo.

Para él, su vocación de emprendedor social comenzó hace 37 años cuando era estudiante de medicina. “Fue un proceso que todavía dura y creo que nunca se acaba. Después de diez años de trabajar en un consultorio de la ciudad, decidí salir al campo a ejercer la medicina previniendo las enfermedades y tratando a las pacientes en sus lugares ya que para ellas, significaba un gran trastorno movilizarse a algún centro donde hubiera asistencia medica”, relata.

El caso de estas mujeres del campo no era diferente al de Colombia. Tras una larga jornada de viaje tenían que hacer enormes filas para esperar ser atendidas y tras soportar el dolor con el que venían de sus hogares, se les decía que había que seguir esperando varios días para recibir los resultados de los exámenes. Lejos de su familia, con las obligaciones de sus demás hijos en espera y un esposo ocupado en la finca de su patrón, era preferible aguantar el dolor que salir a la ciudad en busca de tratamiento.

Un día recibió el llamado de la comunidad. Una mujer, Rosario Quispe, le hizo una pregunta que le cambió la vida. “¿Por qué no se deja de joder, doctorcito, y se viene a curar a las mujeres que se están muriendo de cáncer de cuello de útero, de abortos, y de desnutrición junto con los niños? ¿La facultad no le enseñó qué hacer para evitar todas esas muertes?” Él como ginecólogo sintió una presión de atender este reclamo, que en principio hizo como una labor voluntaria y gratuita.

Conseguir los recursos del Estado para financiar su actividad no era el mejor camino para Gronda. Por otra parte, los limitados recursos del sector privado tampoco garantizaban la continuidad de su empresa. Los médicos voluntarios llegaban a la región donde él trabajaba, pero las enfermedades se seguían presentando, las adolescentes de 12 y 13 años seguían quedando embarazadas, con la consecuente práctica de abortos que generaban muerte entre las niñas y entre los bebés que no alcanzaban a nacer.

La labor de Cegim
El panorama era sombrío y Gronda necesitaba con urgencia una solución. Así nació Cegim, que se convirtió en un modelo para prestar salud en mejores condiciones para aquellos que no tenían acceso a un sistema digno de salud. De él se benefician artesanos, carpinteros, personas que devengan su sustento de la economía informal y campesinos que tienen una parcela para trabajar.

Irene González, esposa de Gronda desde hace 25 años y quien ha sido su mano derecha en todo este proceso, resalta que el gran acierto de esta iniciativa ha sido poder darle la salud en su región al 60% de las personas que no podían pagar caros tratamientos o que no tenían efectivo para realizarse un examen médico.

“Nosotros creamos la tarjeta SER, por la cual nuestro afiliado recibe descuentos en los servicios del primer nivel de salud, en cualquier examen o medicamento que necesite. Esto debido a las alianzas que hemos hecho con diferentes instituciones para atender los pacientes. A cambio ellos reciben mayor volumen y por eso pueden dar esos descuentos”, afirma González.

Es así como el paciente afiliado paga $12 argentinos por año, es decir US$4. Con la membresía de Cegim y la tarjeta SER, el beneficiario y su familia pueden contar con tratamientos los cuales puede pagar a crédito y con descuentos que alcanzan a ser del 40% ó 60%. Actualmente la financiación es directamente con Cegim, pero están a punto de encontrar un socio estratégico, una entidad bancaria, que conceda microcréditos en salud, así como hay acceso al crédito para consumo.

Además los afiliados tendrán la oportunidad de recibir tratamientos de tercer nivel de atención como trasplantes, mediante un sistema de seguro de vida. “Estamos mirando cómo creamos este seguro. Creo que la forma más conveniente de ponerlo en práctica es mediante un sistema parecido al del sector solidario, donde todos pueden poner algo para que quien necesite, tenga acceso a estas operaciones complicadas”, señala González.

El paso siguiente
Los índices de cáncer y la atención de pacientes han mostrado cifras alentadoras. La empresa de Gronda y su esposa tiene en el momento más de 30 mil afiliados, funciona con un presupuesto anual de $413.000 argentinos (US$133.656) y a diario atiende a 130 personas. Se previenen anualmente 100 casos de cáncer de cuello uterino, contribuyendo así a reducir el índice de mortalidad por esta enfermedad.

Se autofinancia completamente y como explica su fundador, con las ganancias de su emprendimiento se financia la extensión de los servicios ofrecidos a un segmento de la población situado en zonas remotas. Incluso, Gronda no abandona el oficio que lo motivó a fundar su clínica social y hace al mes dos viajes a estos parajes.

Al comienzo trabajó con tres personas. Hoy genera 40 empleos directos más los que indirectamente se dan, debido a la asociación con 50 centros médicos de diferentes especialidades.

El paso a seguir es la réplica de esta experiencia, la cual se producirá por medio del modelo de franquicias que busca llegar a Buenos Aires, la capital argentina, así como otras regiones de su país y de América Latina.

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