| 11/9/2011 6:00:00 PM

Lucha de titanes

Tras la adjudicación de la red de fibra óptica, Colombia se convierte en un nuevo escenario de guerra entre Carlos Slim y el Grupo Salinas. La pelea apenas comienza.

Como en cualquier encuentro de boxeo, los dos hombres más ricos de México libran una dura pelea por conquistar el multimillonario mercado de las telecomunicaciones en América Latina. La única diferencia es que, en este caso, todos los golpes valen con tal de derrotar al adversario.

En una esquina está Carlos Slim, el hombre más rico del planeta y propietario de Telmex, Comcel, Claro y Telcel, entre otras empresas. En la otra, el billonario Ricardo Salinas, dueño de la cadena de almacenes de electrodomésticos Elektra, el canal de televisión TV Azteca y los operadores Iusacell y Totalplay.

Esta pelea acaba de encontrar un nuevo ‘tinglado’ en Colombia. Tras una dura puja en la que también participó Slim con su empresa Telmex, el gobierno Santos acaba de adjudicarle la construcción de la red de fibra óptica más grande del país al Grupo de Ricardo Salinas (TV Azteca y Totalplay).

Ahora, Salinas tendrá 30 meses para crear una red de 15.000 kilómetros que permita llevar la banda ancha a 753 nuevos municipios. Al final de esta construcción, el país tendrá una autopista de datos de alta velocidad que conectará más de 1.070 municipios.

Todo el proyecto tendrá un costo final de $1,2 billones, de los cuales el Gobierno aportará $415.837 millones y el resto se subsidiará con aportes privados. “Esta red de fibra óptica permitirá que poblaciones alejadas en Vaupés, Chocó o La Guajira tengan internet con la misma velocidad y servicios que encuentran en Medellín, Bogotá o Nueva York”, dice Diego Molano, ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

Guerra es guerra

Telmex lanzó su primer golpe durante la audiencia pública de adjudicación del contrato: Guillermo Gamba, su apoderado, presentó un video en el cual, aparentemente, los representantes del Ministerio sacaban las copias de la propuesta de la Unión Temporal Fibra Óptica Colombia, sin las condiciones planteadas en los pliegos y de abajo de una mesa, no de la urna donde deberían estar, durante el periodo de evaluación.

Además, cuestionó al Gobierno por declarar la propuesta de Telmex como inválida por no incluir el nombre de una de sus directivas, algo que no está contemplado en los estatutos de la empresa para ofrecer propuestas comerciales.

Los representantes del Gobierno desestimaron la denuncia de Gamba pues todo el proceso contó con el acompañamiento de la Procuraduría General de la Nación. No obstante, aceptaron el argumento de Telmex para recibir su propuesta que, tras su valoración, quedó en segundo lugar.

El segundo golpe de Telmex llegaría un par de horas después con un fuerte mensaje a los medios de comunicación en el que cuestionó la credibilidad del acto licitatorio: “Telmex Colombia mantiene sus reservas acerca de la transparencia del proceso, pues a pesar de las evidencias presentadas, que son causa suficiente para haber rechazado la oferta de la Unión Temporal Fibra Óptica Colombia, esta les fue adjudicada”.

Una pelea joven

Aunque Slim y Salinas compiten desde hace muchos años en diversos mercados como Estados Unidos, México y Centroamérica, la declaratoria de guerra sin cuartel comenzó este año y, curiosamente, tras una decisión que parecía beneficiar totalmente a TV Azteca.

En marzo pasado, todas las compañías de Slim decidieron dejar de pautar en los canales del Grupo Televisa, el principal rival de TV Azteca. La razón, según Elías Ayub, vocero del grupo Telmex y yerno de Slim, es que elevaron injustificadamente los precios de la publicidad, para aprovecharse de que tienen 70% de los televidentes.

Antes que capitalizar esa pelea a su favor, Salinas decidió echarle más leña al fuego. Anunció que las empresas de Slim solo podrían anunciar en su canal, TV Azteca, siempre y cuando redujeran el costo de interconectar sus empresas telefónicas con los demás operadores. Luego promovió un mensaje a la Comisión Federal de Comunicaciones –al que se unieron docenas de pequeños operadores– para pedir la reducción en estas tarifas de conexión.

Slim se limitó a responder que sus rivales “querían usar gratis su red para no invertir en su propia infraestructura”. Días más tarde sacó nueva artillería y lanzó su propio canal de televisión por internet (Uno Noticias), dirigido a su red de abonados.

Suena la campana

En Colombia, la batalla entre estos dos titanes de las comunicaciones está apenas por comenzar. La adjudicación de la construcción de la red de fibra óptica le da a Salinas un contrato por 17 años (una vez montada la red, debe administrarla 15 años).

Esta será su carta de presentación en el país. Después, su apuesta se dirigirá a ofrecer comercialmente sus propios servicios de telecomunicaciones.

El mercado ve con buenos ojos la llegada de un nuevo jugador de primer nivel que, inicialmente, requerirá una gran cantidad de personal capacitado para tender una red que llegue a todos los rincones del país. “Es un proyecto tan grande que cualquier empresa que lo hubiera ganado tendría que recurrir, además de a su propio personal, a proveedores y contratistas en todos los municipios”, dice Samer Salameh, presidente de Totalplay.

También contribuirá a regular al mercado, pues todos los competidores se preocuparán por ofrecer mayor calidad y precios más bajos, al tiempo que aceleran la adopción de nuevas tecnologías. “Vemos gran potencial en Colombia. Mientras en México contamos con servicios de banda ancha a 40 Megabits por segundo (Mbps), en Colombia muchas empresas apenas ofrecen una décima parte de esas velocidades”, comentó Salameh.

Pero, además, podría dinamizar el sector. Incluso, gracias al acuerdo de entendimiento que firmaron las alcaldías de Bogotá, Medellín y Cali para explorar las fortalezas de sus operadores locales y competir efectivamente contra los operadores privados, Salinas llegaría en un buen momento para consolidar alianzas que le permitan ganar una cuota del mercado.

Solo queda esperar nuevos movimientos en esta pelea de titanes que, más allá de irse a los estrados judiciales, podría convertirse en beneficio para todos los usuarios locales.
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