| 8/18/2011 6:40:00 AM

Los reyes del lobby

Aunque el proyecto para poner en cintura el cabildeo en el Congreso de la República fracasó, vienen nuevas iniciativas para regular esta actividad. Quiénes son los grandes lobbystas del país, cuáles son sus principales clientes y cómo operan en el Legislativo.

Luego de que el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, fracasara en su sexto intento por regular la actividad de los lobbystas en el Congreso de la República, el nuevo presidente de la Cámara de Representantes, Simón Gaviria, le salió al paso y expidió en las últimas semanas un par de resoluciones que buscan restringir el acceso a las plenarias de estos individuos y crear un registro que vuelva más transparente su labor. Dinero hizo una investigación para saber quiénes son los reyes del lobby y cuál es su opinión frente a esta nueva regulación.

Uno de ellos es, sin duda, Javier Hoyos Arboleda. Quienes lo conocen dicen que maneja al derecho y al revés el arte de convencer. No en vano en la década de los 90 fue considerado el ‘senador 103’ por su poderosa influencia entre los congresistas al representar los intereses de Bavaria en esa época.

Hoyos no es amigo de hablar sobre sus clientes pero defiende a ultranza su profesión, el lobby profesional, a tal punto que se declara enemigo de una regulación que obligue a divulgar sus movimientos. “Registrar todas las actuaciones es imposible. ¿Qué pasa con los encuentros casuales? ¿Con los eventos sociales? ¿No generará esto una ‘cacería de brujas’”, dijo en diálogo con la revista.?

La preparación también es fundamental para ‘seducir’ a un legislador a punta de argumentos. Por eso su hoja de vida es su mejor carta de presentación: economista de la Universidad de Antioquia, especialista en política económica de la misma universidad y en gerencia de organizaciones empresariales del Incae (Instituto Centroamericano de Administración de Empresas, en Costa Rica), entre otros estudios que se unen a la experiencia en altos cargos de la Andi.

Según sus colegas, entre los clientes de su firma están: Atac, gremio de las aerolíneas, y ocasionalmente brinda asesoría al grupo de Julio Mario Santo Domingo.?Pero a todo rey una reina, y en el caso del lobby hay que hablar de Martha Abdallah Pastrana, fundadora y socia de la firma Urdaneta, Vélez, Pearl & Abogados.

Abdallah, abogada de profesión, fue señorita Atlántico en 1991 y ha logrado posicionar a su compañía durante los últimos 12 años, a tal punto que en su lista de clientes se cuentan influyentes multinacionales y conglomerados nacionales como: Asobancaria, Grupo Aval, Visa, Redeban, Mastercard, Kokoriko, Frisby, Crepes & Wafles, American Express del grupo Bancolombia, Asofondos, Asofiduciarias, Microsoft, Cerrejón, Federación de Cafeteros, Afidro, Pricewaterhouse Coopers, Ernst & Young, Deloitte, Kpmg y Ascolfibras, entre otros.

Estar bien relacionado y tener contactos de alto calibre en el sector público hacen parte de la esencia y el ADN de un buen lobbysta.

No en vano Luis Guillermo Vélez, actual superintendente de Sociedades, fue socio de Abdallah, por lo que tuvo que vender sus acciones a la misma ex reina para posesionarse en el cargo público. Adicionalmente, en la compañía también es socio William Pearl González, hermano de Frank Pearl, ex alto consejero presidencial para la reintegración social y económica en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

El éxito de Abdallah está ligado a cuatro ex ministros de Hacienda con quienes jugó un papel clave en las relaciones con el Congreso. Sus nombres lo dicen todo: José Antonio Ocampo, Guillermo Perry, Juan Camilo Restrepo y Juan Manuel Santos, hoy presidente de la República. “Sirve mucho haber trabajado en el sector público, aunque estamos de acuerdo que se establezca un periodo de tres años antes de pasar de un lugar a otro”, asegura. Entre sus fichas clave también está Leonardo Luengas, quien fuera investigador jurídico de Fenalco y en la actualidad es un experto en asuntos legislativos. Abdallah defiende la actividad pero, contrario a Hoyos, se muestra a favor de una regulación a este oficio, pues mejoraría la imagen y pondría en aprietos a los lobbystas ‘indeseados’. “Contrario a lo que muchos creen, no redactamos artículos, solo intentamos convencer a los legisladores con argumentos sustentados”, le explicó a Dinero.

Lo cierto del caso es que el registro que anunció Simón Gaviria en la Cámara de Representantes puede tener un efecto mínimo teniendo en cuenta que una simple llamada o un chat de smartphone convierte en inocuos este tipo de regulaciones. “Es claro que en ese registro solamente se inscribirían los gestores que actúan legalmente, con lo cual no se evidencia cómo se combatiría la actuación de quienes procedan de manera ilegal o poco ética”, explicó Javier Hoyos. De hecho, un registro similar fue implementado por el Gobierno de Estados Unidos en 1946, pero también fracasó porque los lobbystas que trabajan en las sombras nunca se registraron.

Quien está de acuerdo con regular el lobby es Andrés García, propietario de Sed Nove, otra firma dedicada a estas tareas, y quien asegura que su mayor fracaso profesional es no haber sacado adelante un proyecto de ley en ese sentido.

García es un estratega que busca definir una línea muy clara entre el lobby convencional y el que trabaja comprando conciencias. “Esos personajes que convencen con chequera en mano no los podemos denunciar porque no hay un marco legal. Una cosa es clara, y es que los parlamentarios que se oponen al lobby legal son los que menos figuración tienen en el Congreso y desafortunadamente son los mismos que hundieron los proyectos para regular este oficio”, explica.

No tapar el sol con un dedo es su premisa y por eso reconoce el poder que ejercen las grandes empresas en algunas votaciones del Legislativo.

“¿Tienen capacidad de influencia los grandes grupos económicos? Sí. ¿Quiénes son los que más sacan cosas en el Congreso?, yo le digo que no son las grandes compañías, sino otro tipo de sectores menos formales pero con alta capacidad de negociación política, como el transporte”, explicó García, quien agregó que cada semana ingresan a las instalaciones del Congreso de la República cerca de 16.000 personas en promedio y que los lobbystas conocidos, como él, son solo un puñado.

Entre las multinacionales que trabajan con Sed Nove están: British American Tobacco, Diageo y Nestlé.

Otra profesional de esta actividad es Helen López. Ella forma parte de la nueva generación de lobbystas, pues su oficina tan solo tiene siete meses de operación. Aun así, no es ninguna novata. López es ex funcionaria del Departamento Nacional de Planeación y trabajó varios años con Martha Abdallah, con quien profundizó sus conocimientos, a tal punto que en poco tiempo su firma Axis ya tiene reclutados clientes como Fasecolda y Asobolsa, dos poderosos gremios del sector financiero.

Un buen negocio

Convencer tiene su precio. Por eso, los gremios o empresas interesadas en este tipo de apoyos y asesorías deben sacar de su bolsillo entre $15 millones y $20 millones mensuales, sin contar las remuneraciones extraordinarias o comisiones de éxito. En este negocio también se paga muy bien la consecución de citas con altos miembros del Ejecutivo. Por ejemplo, si una empresa necesita un encuentro con un Ministro o director de departamento, estas firmas se encargan de conseguirla, pero el cobro puede variar según la importancia del personaje. Una cita con un Ministro puede costar $20 millones.

En asuntos de lobby, Colombia puede aprender de casos internacionales, como Estados Unidos, donde la figura del lobbysta está reglamentada y es considerada fundamental en el proceso legislativo. Prueba de la evolución y la madurez regulatoria en ese país fue lo sucedido con la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien en su visita al país en 2010 recibió como obsequio un libro de Asocolflores que, por error, incluía el precio del mismo. Este hecho obligó a Clinton a devolver el artículo porque superaba el valor máximo de un regalo a un funcionario estadounidense.

Ante la ausencia de una reglamentación como la estadounidense, los lobbystas criollos acuden a un arsenal de destrezas, como la capacidad de persuasión o ‘ponerse en los zapatos’ del congresista. “Lo primero que hacemos es contactar a los asesores de los congresistas o, en algunos casos, a los mismos autores y ponentes del proyecto para exponerles con hechos y cifras respaldadas los motivos por los cuales nos oponemos o queremos que se incluya un determinado artículo o parágrafo”, dijo uno de los lobbystas que trabaja con un gremio reconocido.

El fruto de dicha labor se cosecha el día de las votaciones, aunque en el Congreso nunca se puede cantar victoria antes de tiempo. “En una ocasión teníamos todo a nuestro favor para frenar una iniciativa y, a última hora, un bloque de congresistas cambió de parecer porque creía que podría afectar la intención de voto de sus electores; son cosas que pasan”, explicó el lobbysta.

Reglamentar el lobby parece casi un tabú en el país. Pero los antecedentes de corrupción demuestran la urgente necesidad de regular el oficio y evitar al máximo la injerencia de poderosos grupos que solo buscan el beneficio particular. No en vano algunos llaman a este grupo de individuos el ‘gobierno invisible’.

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