| 2/1/1995 12:00:00 AM

Los hombres del café

DINERO hizo un recorrido por las haciendas cafeteras más tradicionales de Antioquia y Caldas.

Los cafeteros al estilo de los Vallejo, la adinerada y conflictiva familia que protagoniza la serie "Café", pertenecen más a las telenovelas que a la vida real. A diferencia de lo que sucede en otros cultivos, donde predomina el latifundio, el 90% de la cosecha cafetera se recoge en fincas que producen menos de 5.000 arrobas al año.

Mientras en Brasil las fincas grandes son de unas 1.200 hectáreas, en Colombia quien posea 50 ya puede considerarse como parte de la élite cafetera. De las casi 41.000 fincas que tiene Caldas, por ejemplo, las que cumplen este requisito no llegan a 150. Pero esto es prácticamente una excepción, ya que el 80% de las haciendas cafeteras del país tiene menos de 10 hectáreas.

Las explicaciones para que un cultivo qué a lo largo de la historia ha sido tan rentable esté en manos de pequeños agricultores, son varias. La topografía de la zona cafetera, que por tener predominio de montaña no permite sembrar grandes extensiones de terreno; los considerables recursos que hay que invertir en los cultivos, lo que hace muy costoso tener grandes sembradíos; y el que el campesino tenga asegurada la compra de la cosecha, son las más comunes

El tamaño "reducido" de las fincas grandes también influye en que sean muy pocos los cafeteros exportadores. En palabras de un caficultor antioqueño, "dedicarse a la exportación sería como abandonar la finca", porque tendrían que ponerse a comprar café a terceros para que fuera negocio venderlo en el exterior.

Por eso, las exportaciones que se realizan por fuera de la Federación Nacional de Cafeteros están en manos de las multinacionales o de empresas privadas que se dedican a comercializar distintos productos, como es el caso de Rafael Espinosa Hermanos, uno de los grandes exportadores de café, que además de este producto negocia con tabaco y aceite.

En general, el negocio del café se lleva en la sangre y se transmite de generación en generación, siendo muy pocos los novatos. Los cafeteros de hoy heredaron sus haciendas o heredaron de sus padres el amor por la tierra y compraron sus propias fincas.

Familias como los Ospina, Garcés, Zapata, Escobar, Correa, Vélez y Montoya en Antioquia; y los Londoño, Uribe, García, Restrepo, Villegas y Jaramillo en Caldas, son cafeteras de tradición, lo que no quiere decir que hayan dejado de incursionar en otros negocios.

Los Ospina, por ejemplo, son descendientes de uno de los pioneros del café en Antioquia, don Mariano Ospina Rodríguez, que fue, junto con Julián y Eduardo Vásquez, quien promovió y enseñó el cultivo del grano en la región hacia 1880. Como buen visionario, Ospina Rodríguez se dio cuenta de la estrecha relación que se iba a dar entre el desarrollo del café y el de los ferrocarriles, y se convirtió en el primero en obtener la concesión para la construcción de un tramo del ferrocarril de Antioquia. El tiempo le dio la razón. Antes que existiera el tren, hacia 1888, se producían 5.208 bultos de café, cifra que pasó a 60.419 sacos veinte años después.

Algunas fincas heredadas de Ospina Rodríguez, como "El Amparo", donde pasó su luna de miel Mariano Ospina Pérez, han cambiado de dueño. Pero otras siguen perteneciendo a descendientes directos o indirectos suyos, como es el caso de "La Loma" en Venecia, o "San Cayetano" en Fredonia.

Dentro de los cafeteros industriales se destacan los Restrepo, de Manizales, que como la mayoría de los "azucenos" o familias prestantes de la ciudad, desarrollaron paralelo a la actividad manufacturera el cultivo del café. Esta familia es propietaria de Lukafé y Luker, esta última una de las empresas productoras de chocolate más grande del país, que no sólo tiene fábricas en Manizales sino también en Bogotá y Medellín.

En Caldas, según lo demuestra un estudio de Manuel Rodríguez Becerra (El empresario industrial del Viejo Caldas), las actividades industrial y cafetera han estado muy ligadas. Las familias que fueron pioneras de la industrialización de Manizales, y que dieron origen al término de "azúcenos", como los Restrepo, Mejía y Vélez, entre otros, eran empresarios que luego de triunfar en la actividad manufacturera volvieron al campo y aprovecharon la bonanza cafetera para meterse con éxito en este negocio.

Tal vez por esto es que el apodo de "azúcenos" es tomado en cierta medida como un término despectivo en Antioquia, donde hace relación al propietario que únicamente va los fines de semana a su finca. Según un reconocido cafetero, "el antioqueño no sólo tiene sino que vive la tierra, lo que no sucede en Caldas, donde la mayoría de los propietarios vive en Manizales -atendiendo sus negocios va de visita a sus propiedades".

Pero el café no sólo ha dado exportadores, industriales y ausentistas. También ha producido políticos, empezando por el ex presidente Mariano Ospina Pérez. Los casos más recientes son los del ex congresista antioqueño Ernesto Garcés, y la saliente gobernadora de Caldas, Pilar Villegas de Hoyos, cuyo abuelo fue uno de los grandes cafeteros de esa región.

Como es apenas obvio, los cafeteros también han tenido su "cuota" en la Federación Nacional. Sin embargo,- vale la pena resaltar la estrecha relación que ha tenido Manizales con esta entidad, a la que le ha dado dos gerentes generales (Manuel Mejía entre 1937 y 1958 y su sucesor, Arturo Gómez Jaramillo, quien ocupó el cargo hasta 1983), uno de los más influyentes miembros de la directiva nacional (Leonidas Londoño y Londoño), y el actual subgerente, Hernán Uribe.

Antes de que se iniciara el "período manizalita", quienes mandaban en la Federación eran distinguidos hacendados de Cundinamarca, como Camilo Sáenz y Enrique de Narváez, por no hablar de los Holguín, todos ellos propietarios de grandes haciendas en la región. Sin embargo, la reforma agraria y la violencia acabaron con estas grandes propiedades cundinamarquesas, que terminaron fraccionadas.

DINERO realizó una visita por las haciendas cafeteras de Antioquia y Caldas e hizo una selección de las más tradicionales. Aunque el tipo de

caficultura es muy distinto en las dos zonas, las construcciones arquitectónicas guardan grandes similitudes, debido entre otros factores al proceso colonizador. Hay que destacar que la mayoría de las fincas son austeras y más diseñadas para el trabajo que para la recreación.

Mientras en Caldas se trabaja con la técnica de pleno sol que permite sembrar el terreno totalmente de café, al punto que no se distingue dónde termina una propiedad y empieza la otra, en Antioquia, y principalmente en el suroeste cercano, predominan los cultivos de sombrío regulado. Es decir, que el café se siembra en compañía de otras plantas como árboles frutales y maderables, sistema que si bien no registra niveles de productividad tan altos como en el primer caso, es más ecológico porque necesita menos fertilizantes y permite cierta

economía de subsistencia. A pesar de las diferencias en el cultivo, las dos zonas necesitan de "Gaviotas" para recoger el café. Debido al terreno accidentado y pendiente de la zona cafetera colombiana, la recolección tiene que ser manual. Esto facilita la selección del grano, lo que ha hecho que nuestro café sea reconocido internacionalmente por su calidad. También tiene un efecto importante sobre la generación de empleo. en la zona cafetera. Tan sólo en Caldas se calcula que durante la época de cosecha unas 70.000 personas llegan al departamento para participar en las labores de recolección. Cálculos de la Federación Nacional de Cafeteros señalan que la caficultora genera 3.5 millones de empleos directos e indirectos al año.

La costumbre en las fincas es pagarle al recolector por kilo de café recogido. El año pasado, cuando mejoró un poco la situación de los cafeteros, se estaban reconociendo entre $75 y $85 por kilo, cuando en

1993 sólo se pagaban unos $45. El sueldo final que recibe el recolector depende de su habilidad para escoger el grano, al punto que hay quienes se ganan entre $100.000 y $200.000 a la semana.



"GUAYACANES"



Esta finca,- ubicada entre los municipios de Caldas y Amagá (Antioquia) se llamaba "El Salto" cuando era propiedad de Gabriel Ochoa. Hace 18 años, cuando el presidente del pasado Congreso Cafetero la compró, cambió de nombre, debido a la pasión de Darío Vélez Zapata por los guayacanes, que hoy sobresalen sobre las matas de café. La casa principal está construida en la cumbre de la montaña, donde las altas pendientes hacen que sea casi un milagro que se pueda cultivar, y aun más recoger, el café. Hasta 1970 el ferrocarril de Amagá pasaba cerca a esta propiedad. Cuando el tren dejó de funcionar, se subían los vagones jalados por mulas, un trabajo lento pero no tan arriesgado como bajarlos. A veces los frenos fallaban y no había quién detuviera el carrito, que inclusive alcanzó a llegar a Angelópolis con el impulso. Después de dos o tres años de esta lotería, los vecinos se unieron y a través de la junta de acción comunal se logró que se construyera una carretera. Hoy, "Guayacanes" es una de las fincas más tecnificadas de la región, y su propietario está pensando en cultivar cafés especiales.



"LA LOMA"



Ubicada en Venecia (Antioquia), esta propiedad tiene uno de los beneficiaderos más antiguos de la región, donde hasta hace cuatro años se procesaban las más de 14.000 arrobas de café que produce la finca anualmente. Los propietarios de "La Loma", sucesores de Luis Ospina, se acogieron al plan de erradicación de cultivos que promovió la Federación Nacional de Cafeteros, y tumbaron 32,5 hectáreas. Sin embargo, todavía mantiene una importante vocación cafetera vigilada permanentemente por el cerro de La Tusa.



"SAN FRANCISCO"



Esta finca lleva 120 años en manos de la familia Montoya. La heredaron de Joaquín Correa, un empresario cafetero de principios de siglo, quien se la dejó a su sobrina. Aunque durante su historia ha mantenido su vocación cafetera, la casa "sólo" tiene 70 años, y corresponde a la tipología que difundió en la región de Amagá la familia Correa. Actualmente, es propiedad de los hijos de Juan Monto- ya, quien fue un destacado líder gremial e integrante del comité municipal por más de tres décadas.



"SAN CARLOS"



En el censo de 1929, esta finca ya figuraba como cafetera, siendo una de las de mayor tradición del municipio de Palestina (Caldas). "San Carlos" perteneció a uno de los primeros gerentes de la Federación, Manuel Mejía, quien al irse a vivir a Bogotá se la vendió a su primo -y destacado líder cafetero- Pedro Uribe Mejía. La propiedad permanece prácticamente intacta, con excepción de las áreas en las que se construyeron el hospital y el matadero de Palestina.



"SANTANA"



Por tres generaciones esta propiedad ha estado en manos de la familia García, cuyo abuelo Pedro la adquirió en 1932. En ese entonces tenía 150 cuadras. Hoy en día tiene 30 menos, que fueron a parar unas al colegio municipal y otras, con su venta, ayudaron a soportar la época de vacas flacas que se vivió con la crisis de 1973. En el municipio de La Plata, donde está ubicada "Santana", la posesión de la zona ha sido más bien estable. Los Uribe, Londoño Jaramillo y los Cuartas, junto con los García, llevan más de 20 años en la región. Prácticamente de los cafeteros tradicionales, sólo los Giraldo vendieron sus tierras, a raíz de la muerte del padre.



"LA ARGENTINA"



Aunque los dueños de Lucker compraron esta propiedad hace unos diez años, la finca ha sido tradicional en el municipio de La Plata. Al igual que Santana, perteneció en los años 20 a Carlos Jaramillo, un destacado cafetero que tuvo que vender sus tierras porque se fue a vivir a Bogotá.
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