| 10/2/2010 4:30:00 PM

Las dos caras de la moneda

La posibilidad de fijar impuestos a las importaciones a economías que controlan artificialmente las monedas pone tensión al conflicto entre EU y China. Opinión del jefe de la división de gestión de riesgos y finanzas de Inter-American Investment Corporation, Juan Eduardo Zuluaga.

La medida tomada por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos que da la posibilidad de fijar aranceles a los productos provenientes de países que mantengan el tipo de cambio de sus monedas a un nivel artificialmente bajo es el último capítulo del conflicto entre China y los Estados Unidos acerca del valor del Renminbi.

En una aplastante votación de 348 a 79, republicanos y demócratas (como pocas veces durante esta administración) se unieron para pasar una medida que se venía discutiendo de forma continua durante los últimos diez años. La disposición busca equilibrar el desbalance comercial que existe entre los Estados Unidos y China que, en los primeros siete meses del año, ascendió a 145 billones de dólares. Esto significa para los Estados Unidos el 41% del déficit comercial total de 354 billones que presentó durante el mismo período.

Hasta el momento, el poder ejecutivo de los Estados Unidos había tratado de manejar la presión hacia China de forma sutil, tratando de evitar un conflicto abierto con Beijing quien siempre manifestó que no quería ser sujeto a presiones externas para definir el manejo de su política macroeconómica. Después de un intento multilateral en el grupo del G-20 donde Beijing flexibilizó un poco su política de tasa de cambio (una revaluación del 2%) y de las declaraciones del premier Chino Wen Jiabao en las Naciones Unidas manifestando que China no revaluaría su moneda, el Congreso de los Estados Unidos decidió aprobar la medida en el contexto de una economía que continúa sin dar síntomas claros de recuperación y de un desempleo que bordea el 10%.

El problema es que el conflicto entre las dos grandes economías del mundo está escalándose en parte por la forma como cada una de las dos está enfocando el problema. De un lado, los americanos se sienten víctimas de lo que ellos consideran una política mercantilista agresiva y, del otro lado, los chinos ven los problemas de los Estados Unidos como la consecuencia lógica de los desequilibrios macroeconómicos que se han mantenido por un largo período de tiempo. Todo esto en un contexto político difícil como consecuencia de tensiones crecientes entre los dos países generadas por el deseo de China de expandir su influencia política en Asia y el deseo norteamericano de mantener su papel protagónico en la región.

Los Estados Unidos tienen como argumento a su favor que el superávit chino no es solo con ellos sino en general con el resto del mundo. Las presiones revaluacionistas no solo han venido del gobierno americano sino también de otros actores importantes como la comunidad económica europea. El superávit comercial chino, a pesar de los efectos de la crisis, ascendió a US$250 billones en el 2009, lo que ha mantenido el crecimiento acelerado de sus reservas internacionales que ya llegan a US$2.4 trillones. Desde la otra óptica, la posición china es que independientemente de lo que ellos hagan con el tipo de cambio del Yuan, los desequilibrios económicos de los Estados Unidos generados por un consumo excesivo por parte del gobierno y las familias son los que generan la situación de déficit. Una revaluación del Yuan solo cambiaría las contrapartes con las cuales se tiene el desequilibrio afectando de forma directa a la China y no solucionarían el déficit comercial norteamericano. El miedo mayor de China es que si sucumben a la presión de los Estados Unidos, puedan terminar como el Japón que revaluó su moneda a mediado de los 80 después del acuerdo del G-5 en el Hotel Plaza de Nueva York, lo que terminó afectando su crecimiento económico y no resolvió la situación deficitaria de los Estados Unidos, que como vemos continúa hasta el día de hoy.

Lo interesante es que las dos posiciones están respaldadas por argumentaciones solidas que hacen difícil prever que se pueda llegar a una solución de tipo bilateral en parte porque los dos países tienen razón al identificar el problema que corresponde a su contraparte y en parte por la reticencia a aceptar el costo de las soluciones que se encuentran bajo el control propio de cada país. En el caso de la revaluación del Yuan, tal como lo manifestó el presidente Jiabao, el impacto de esta medida perjudicaría al sector manufacturero chino que es el motor económico del país. En el caso norteamericano, que todavía está tratando de controlar los efectos de la crisis financiera, un ajuste económico simplemente está fuera de toda consideración por su impacto en el nivel de desempleo. Por el contrario, los Estados Unidos siguen enfrascados discutiendo medidas de estimulo fiscales y monetarias adicionales.

Estados Unidos y China son el mejor ejemplo de lo peligroso que es para la estabilidad internacional la existencia de desequilibrios macroeconómicos de largo plazo entre los países y las consecuentes tensiones políticas que éstos generan. Hoy más que nunca se hace necesario reforzar y mejorar los mecanismos de coordinación económica a nivel mundial para evitar el daño colectivo que se genera por la ausencia de incentivos para resolver estos problemas en el corto plazo. La tarea no es nada fácil; como podemos ver en el caso de la unión europea donde, a pesar de existir instituciones políticas comunes y una unidad monetaria, los desequilibrios macroeconómicos han generado una situación similar entre los países del norte y los de la cuenca del mediterráneo.

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