| 12/12/2007 12:00:00 AM

Las cuentas de Patricia Pardo

Patricia consigue dinero extra con la venta directa por catálogo de productos Yanbal.

Patricia Pardo, una impulsadora de ventas de Bucaramanga, tiene una casa donde vivir, una hija de dos años y medio, un trabajo y la tranquilidad de contar con la colaboración de su mamá para el cuidado de la niña. Tiene cosas intangibles que también valora: la confianza en que saldrá adelante, la misma que le ha permitido estar en varios empleos hasta obtener el que tiene ahora. Ha sido ayudante de cocina y aprendiz del Sena, entre otros oficios. En diciembre ayuda a preparar capones. Ahora se dedica a promocionar un producto alimenticio en supermercados de la zona metropolitana de la capital santanderana. Y gana al salario mínimo: $484.500, con auxilio de transporte incluido.

Vive en Piedecuesta y debe trasladarse hasta Girón para trabajar. El viaje tarda unos 30 minutos en colectivo. Esta mujer debe sacar de su salario el dinero que le da a su mamá para sus gastos personales, la alimentación y el vestuario de su hija, el pago de servicios y el arriendo de la casa, el dinero de su transporte, su alimentación, todo lo necesario para cubrir sus necesidades básicas... y le sobra plata.¿Cómo lo hace?

Consigue dinero extra con la venta directa por catálogo de productos Yanbal. En la noche, cuando llega a descansar después de su trabajo, atiende a los vecinos de su barrio que la visitan para comprar un perfume, un cosmético... Por ese trabajo alterno recibe unos $250 mensuales. “Eso es dinero para algunos gastos extra como la tarjeta del teléfono, o para llevar a mi hija a comer un helado, cosas así”, afirma Patricia.

También cuenta con la ayuda de su hermano, que pone la mitad de los gastos de la casa. “Vamos por mitad en todo, en el arriendo, en los servicios, eso es de mucha ayuda”, agrega ella. Su casa está situada en un sector estrato dos de Piedecuesta. Las calles están pavimentadas, alrededor hay tiendas, café internet, una zona para la práctica de varios deportes como microfútbol y baloncesto, así como juegos infantiles. Pero eso sólo ocurre en Piedecuesta, pues Patricia sabe que si buscara una residencia acorde con su salario en la zona urbana de Bucaramanga le tocaría irse a barrios que ella califica como “inseguros”.

“Acá estamos bien, es seguro, hace calor a veces, pero se vive bien”, señala esta madre cabeza de hogar, con 23 años de edad y quien desde niña tuvo que trabajar. “Para mí no es un misterio trabajar. Desde pequeña lo hice. Cuando mis papás se separaron me tocó más duro para ayudar a sacar adelante a mi hermanos, pero ahora estamos bien”, dice.

En su casa no falta la comida, incluso le sobra para ayudar a otros miembros de su familia como un hermano quien se trasladó a Piedecuesta por unos días, mientras consigue casa para él y su familia. Llegó con esposa y dos hijos.

Ella tiene televisor, televisión por cable, equipo de sonido y celular.

Los gastos
Patricia se gana al mes $484.500. Ella debe organizar sus gastos de manera que los pueda distribuir en dos quincenas para que en ambas tenga lo necesario.

En una de esas quincenas le descuentan $54.000 en salud y pensión. Le quedan $430.000 para atender sus otras obligaciones. Debe separar alrededor de $120.000 quincenal para el transporte, un gasto que sube cada año en febrero, cuando se sube la tarifa. Le sobran $190.000.

Tras ese gasto desembolsa $90.000 correspondientes a la mitad del arriendo que debe pagar. El resto lo cubre el hermano con quien vive. Le quedan $100.000. Para alimentación destina $60.000 y en servicios debe dejar $48.500. En total, sus gastos son de $492.500, lo que le deja un saldo de $7.500.

Por suerte cuenta con la ayuda de su trabajo extra con Yanbal, por el que percibe $250.000 mensuales. De ahí saca el dinero para hacer un mejor mercado o para satisfacer los gustos de su mamá y su hija. Esto le deja en promedio $242.500 al mes.

Su contrato por medio de una agencia de empleo y su salario no son suficientes para conseguir un crédito en un banco. “Yo sé que con lo que me gano me alcanza para pagar las cuotas de una moto, que sacaría a crédito. Pero esto no es suficiente ante los bancos pues la certificación de lo que me gano, como estoy contratada a término fijo, no es garantía suficiente. Pero cuando se vence mi contrato me lo renuevan y sucesivamente así, pero no tengo acceso a crédito”, afirma.

Por lo pronto espera que el salario mínimo fuera mayor. “Yo creo que el salario justo debería ser de $600.000, porque aunque alcanza, uno vive muy apretado”, opina Patricia.



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