| 10/20/2011 4:40:00 PM

Las claves de Jobs

Steve Jobs, líder de la actual revolución digital, dejó un legado que se sustenta en su particular visión de la vida.

Steve Jobs siempre estacionó en el espacio para discapacitados que queda al lado de la puerta de entrada a las instalaciones de Apple -incluso antes de saber que tenía cáncer en el páncreas-. Las razones eran obvias: se trataba del lugar más amplio, fácil de ubicar y cercano a las instalaciones.

Si bien la situación al comienzo enfureció a varios de sus colegas en la firma, al final terminó convertida en una vía de escape a la rutina. “Los empleados ponían notas bajo su parabrisas con la leyenda: ‘Park Different’ (estaciona diferente). Otros modificaron el símbolo de silla de ruedas del pavimento para volverlo el logo de Mercedes Benz”, decía la revista Wired en 2008.

Y mientras el resto de la humanidad daba vueltas por el estacionamiento buscando un espacio, el presidente de la compañía se daba el lujo de ocupar hasta dos de esos lugares azules cuando llegaba tarde a una cita y no tenía tiempo para alinear su automóvil.

Esa obsesión por encontrar soluciones simples, sin detenerse a mirar lo que otros hacían, acompañaría a Jobs en las decisiones de su vida, lo impulsaría a innovar en cada uno de sus pasos y se convertiría en la marca de todos sus proyectos. Esa filosofía lo convertiría en el líder de la revolución digital de los últimos veinte años.

Bajo su batuta, Apple transformó las industrias de la tecnología, la música, el entretenimiento, las comunicaciones y la literatura, con productos tan reconocidos como los computadores Macintosh, los reproductores de música iPod, los teléfonos iPhone, la tienda en línea iTunes o la tableta digital iPad.

En solo trece años, la empresa pasó de coquetear con la bancarrota -con pérdidas por US$1.870 millones- a transformarse en una corporación valorada en US$350.000 millones y en el referente más citado en temas de innovación y desarrollo.

La idea de hacer las cosas diferentes fue más que un eslogan publicitario. Fue su motivación permanente para avanzar en mercados cada vez más competidos. “Su tiempo tiene límite, no lo pierdan viviendo la vida de otra persona. No se dejen atrapar por dogmas, es decir, vivir con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitan que el ruido de las opiniones ajenas silencien su propia voz interior. Y más importante, tengan el valor de seguir su corazón e intuición, que de alguna manera saben lo que realmente quieren llegar a ser”, diría frente a un grupo de estudiantes en la Universidad de Stanford.

Detalles importantes
Tan solo habían pasado un par de años desde la fundación de Apple, en 1976, cuando se hizo patente la necesidad de tener credenciales de identificación para controlar al creciente número de empleados. Como se decidió que Steve Wozniak, el otro fundador de la empresa, llevara el carnet con el número 1, Jobs exigió que a él se le entregara el cero por una razón devastadora: “Nunca seré el número 2”.

Esa fijación por los detalles sería otra marca del trabajo de Jobs. Una característica que lo ayudaría a definir su lugar en la organización y a crear productos únicos, muy adelantados a su época.

Para no ir muy lejos, el desarrollo del Macintosh tomó más de cuatro años ante su afán por integrar ‘pequeñas cosas’, que redefinieran la forma cómo se usaban los computadores. Así, fue el primer equipo con un ratón para desplazarse fácilmente, que ofrecía íconos para cada función y que mostraba los programas en ventanas distintas.

Jobs llegó al extremo de recordar una clase de tipografía que tomó antes de abandonar la universidad. “Si nunca hubiera asistido a ese único curso, la Mac nunca habría tenido tipos múltiples o fuentes proporcionalmente espaciadas. Además, puesto que Windows sólo copió la Mac, es probable que ningún computador personal tuviera la maravillosa tipografía que tienen”, recordó en Stanford.

Cada producto pasó por el mismo proceso: el iPhone tuvo cinco años de desarrollo ante su obsesión porque se controlara con “un solo botón”, el iPod solo se lanzó cuando tuvo el tamaño de una baraja, y el iPad apareció cuando existió una pantalla de alta resolución “tan delgada como un lápiz”. Al final cada uno fue más allá del éxito comercial, para cambiar a sus respectivas industrias.

Eso sí, su mayor fracaso también llegó por esa vía. En 1980, ordenó que el computador Apple III fuera construido sin ventilador interno para hacerlo “el equipo más silencioso que existiera”. Como resultado, se recalentaba fácilmente y se fundía frecuentemente. “A veces cuando se innova, se cometen errores. Es mejor admitirlo rápidamente y continuar con otras innovaciones”, comentó entonces.

Reinvención
En 1985, Steve Jobs fue despedido de Apple por el presidente que él mismo había seleccionado, John Sculley, ante sus diferencias con el rumbo de la compañía. A los 30 años de edad, se quedó por fuera de la empresa que había fundado y amaba.

Durante los siguientes cinco años, Jobs decidió comenzar de nuevo a través de dos compañías distintas. La primera fue Pixar, que años más tarde se convertiría en el estudio de animación más exitoso del mundo (ver recuadro). La segunda fue NeXT que, dedicada a tecnología de última generación, fue adquirida por Apple y se constituyó en la clave de su renacimiento.

“Estoy muy seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubieran despedido. Fue una amarga medicina, pero el paciente la necesitaba. En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No pierdan la fe. Estoy convencido que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía”, dijo.

La capacidad para reinventarse se constituiría en el pegamento necesario para transformar sus ideas, retos y obsesiones en realidades. Un sentimiento que terminó fortalecido por los quebrantos de salud que, finalmente, reclamaron su vida el pasado 5 de octubre.

“Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida. Porque casi todo; todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso, todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante”, diría.

Y es que, mientras el resto de la humanidad sigue buscando un espacio para estacionar, Steve Jobs logró ubicarse en ese lugar privilegiado que solo está destinado a los personajes más importantes de la historia.
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