| 10/13/2009 12:00:00 AM

La solución para los confeccionistas colombianos

Frente al cierre de los mercados internacionales y a la revaluación que claramente no desaparecerá del panorama en el corto plazo, el gremio Acoltex propone tres estrategias tremendamente interesantes para que las aborden los textileros y los confeccionistas.

La solución para los confeccionistas colombianos que están luchando para no salir del mercado está en tres estrategias. De un lado, concentrarse en la confección de productos con telas inteligentes y funcionales. De otro, empezar a usar fibras naturales y finalmente, entrar en mercados de productos textiles diferentes a los del vestuario. Esa es la opinión de Luis Fernando Ramírez, presidente de Acoltex, el gremio de los proveedores de insumos para los textileros y los confeccionistas y que asocia también a centros de investigación y universidades.

Y la idea no suena nada mal para un sector que tiene que sobrevivirle a la tempestad que se desató con la crisis financiera global - que cerró una parte del mercado de Estados Unidos -, a las dificultades políticas con Venezuela y ahora a la revaluación.

Y el problema es que la recuperación de los mercados será lenta y la amenaza de la revaluación, que no desaparecerá pronto (ver “Revaluación: una realidad” en Revista Dinero 333, septiembre 4 de 2009).

¿Será hora de cerrar para siempre y dejar que las camisas y los vestidos se hagan en Asia? Quizás, sería mejor hacerle caso a Ascoltex y pensar en cambiar de líneas de productos.

Lo que está claro para los confeccionistas desde hace varios años es que es virtualmente imposible competir con precios contra las importaciones chinas que vienen desde Panamá de manera legal o ilegal. De modo que la historia que se cuenta siempre que se habla de competitividad, de que se deben vender productos diferenciados para mercados que paguen más caro, gana importancia.

Telas inteligentes
Una primera vía es la de confeccionar con telas inteligentes o funcionales. En Colombia este tipo de textiles los fabrican, por ejemplo, Protela y Lafayette y las usa Leonisa, señala Luis Fernando Ramírez.

De qué se trata el asunto. En algunos casos son telas mezcladas, como el del denim con lycra, que permite confeccionar jeans que estiran. Otras son tratadas con algún tipo de químicos que las hacen, por ejemplo, resistentes a las llamas. “Esto es un requisito en la ropa infantil”, explica Vladimir Martínez, director de la Facultad de Ingeniería Textil de la Universidad Bolivariana de Medellín.

Hoy casi todas las telas para la elaboración de camisas, pantalones o vestidos reciben tratamientos para que no se arruguen (wrinkle free), pero también hay telas con elementos antibacteriales que se usan en hospitales, otras resistentes a los rayos UV del sol y otras que no se manchan de tierra (soil release, dice Ramírez) o de aceites (oil release).

Otras más tienen propiedades para manejar la humedad. Son telas que, por ejemplo, impiden la entrada de agua como un impermeable plástico, pero respiran y permiten la salida de la humedad del sudor. “No solo son confortables, sino funcionales”, explica Natalia Merizalde, de la junta de Acoltex.

En Colombia, las confecciones que usan este tipo de telas no son más del 20% del total, señalan los estudios de Acoltex. De esa cifra, el 70% son demandadas por el Ministerio de Defensa para los uniformes.

La ropa de algodón que usan los militares debe ser resistente a las manchas, las medias antibacteriales y resistentes a los hongos y las tiendas de campaña, impermeables.

Todo natural
Otra solución para las confecciones colombianas está en el uso de fibras naturales diferentes a las tradicionales. Los asiáticos han incorporado, por ejemplo, fibra de bambú a tejidos de ropa interior, que se venden a precios superiores a los de las telas de algodón.

La Bolivariana ha venido trabajando, como se hace en Medellín, en conjunto con las empresas y el gobierno regional en la investigación de usos de este tipo de fibras.

Pero hay una última estrategia en la que puede haber soluciones enormes para los confeccionistas nacionales. Cuando se piensa en textiles, de inmediato vienen a la mente camisas, camisetas y toda suerte de prendas de vestir. Sin embargo, como lo recuerda Luis Fernando Ramírez, hay una gran cantidad de aplicaciones comerciales de textiles en oficinas o en hogares.

Empresas como la gigante brasilera Karsten solo confecciona elementos de cama, mesa y baño con un éxito mundial impresionante. Lo interesante de esta empresa es que produce en la ciudad de Blumenau, a dos horas de Florianópolis, lejos de los centros de consumo y lejos de los centros de producción de insumos. Con todo, porque produce ropa de cama o de mesa con los mismo criterios de moda con los que se confeccionan colecciones de vestidos de mujer, y con textiles con un alto contenido de diseño, sus productos se vuelven invulnerables a los sobrecostos que le implica su situación geográfica.

En otras ocasiones se trata de pensar completamente distinto. La Facultad de Ingeniería Textil de la Universidad Bolivariana de Medellín desarrolló con la fundación bananera Corbanacol materiales compuestos plásticos reforzados con fibras de plátano. Algunos de estos compuestos se usan en asientos en transporte público.

Lo interesante de este desarrollo es que, como lo indica Valdimir Martínez, de la planta de banano, solo el 22% es fruta y el 88% restante se desperdicia. La fibra aprovecha el tallo, las hojas y el vástago del banano y reemplaza un derivado del petróleo con un material natural que de otra forma sería basura.

Qué tal pensar en que los subsidios que usualmente se le otorgan a los productores que están al borde de la quiebra para sostenerlos artificialmente, como ocurrió tantas veces con los floricultores y los bananeros, se usen esta vez para anticipar el cambio en los textileros.

Un cambio profundo de estrategia podría estar en el corazón de la transformación del sector de confecciones colombiano. Por que, como vienen las cosas, lo necesita.

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