| 8/5/2005 12:00:00 AM

La revolución de la moneda china

China cede a las presiones y transforma su sistema cambiario. Los efectos se sentirán en la economía mundial.

Era inevitable. Los grandes potencias económicas tenían en la mira la política cambiaria de China desde hace ya dos años y las presiones para que Beijing revaluara el yuan (la moneda nacional) se comenzaban a apilar. El G-8, que aglutina a las mayores economías del mundo, culpaba a la estrategia de China de mantener artificialmente bajo el precio del yuan como uno de los principales responsables de los desequilibrios en la economía mundial. Al final, China accedió y revaluó el yuan en un 2,1% esta semana. El anuncio tomo por sorpresa a los mercados financieros del mundo. Aunque China cumplió con las demandas de la comunidad internacional, quedó claro que cambia sus políticas cómo y cuándo quiere. En informe publicado el viernes, analistas de Citigroup escribieron: "Las autoridades Chinas habían dicho que anunciarían algún cambio cuando nadie se lo esperaba. Escogieron el momento para este anuncio correctamente".





La transformación de la política cambiaria es, por ahora, casi sólo simbólica. Los economistas, sin embargo, ya la califican como un evento histórico que a largo plazo afectará el equilibrio del poder en la economía mundial. La revaloración del 2,1% sirve en parte para calmar las tensiones con Estados Unidos, donde comienzan a surgir temores y rechazos ante el ritmo de crecimiento de la economía del dragón asiático (9,5% en el primer semestre de 2005) y la expansión de sus compañías en el extranjero.





Antes de la revalorización, US$1 compraba 8,28 yuanes, ahora compra 8,11. Esto podría ayudar a cicatrizar el sangrante déficit comercial que lleva soportado Estados Unidos en sus intercambios con China. Analistas y expertos coinciden en señalar que el gobierno chino mantenía el precio del yuan muy por debajo de su valor real, abaratando las exportaciones chinas hacia Estados Unidos y engordando así el déficit comercial gringo.



Flotación controlada

La última vez que el Gobierno chino modificó su régimen de cambio fue en 1994, cuando devaluó el yuan más de un 50%, desde alrededor de 5,70 a 8,30. De ahí lo revaluó ligeramente tres años después hasta 8,28, valor en el que se ha mantenido hasta ahora. El banco central ha dejado abierta la puerta a nuevos cambios "cuando sea necesario de acuerdo a las circunstancias del mercado, así como a la situación económica y financiera". Una indicación que ha alimentado las sospechas de que éste ha sido un primer paso y que en el futuro habrá nuevas revaluaciones.





Cómo funcionará la política cambiaria de China a partir de ahora, sin embargo, está rodeado de cierto misterio. Desde 1997 Beijing ha mantenido el yuan atado al dólar, lo que le ha servido como un mecanismo de estabilidad para atraer inversión extranjera y sustentar el crecimiento de su economía. A partir de esta semana, sin embargo, el yuan podrá flotar entre una banda de un 0,3% durante cada jornada contra una canasta de monedas que todavía no ha sido especificada. Es lo que se denominada un "managed float", o una flotación contralada.





De acuerdo al banco central chino, el yuan no fluctuará más del 0,3%, ya sea al alza o a la baja, con respecto al promedio de la jornada anterior. La clave, sin embargo, es que la canasta de monedas contra las que cotizará no ha sido divulgada. En teoría, el yuan podría subir o caer a un máximo de 6% en un mes, un movimiento fortísimo para cualquier moneda. Si el gobierno puede modificar la composición de esa canasta, sin embargo, seguirá manteniendo un fuerte nivel de control sobre la cotización.  





A pesar de esta opacidad, el gobierno de Estados Unidos, que llevaba meses vociferando en contra de la política cambiaria china, le dio la bienvenida a la inciativa. "Es el comienzo de un proceso muy importante para la economía global", dijo John Snow, secretario del Tesoro de E.U. Según Snow, China esta dispuesta "a deja que los mercados decidan el camino que tomará su moneda". Washington deseaba una apreciación de al menos un 10%, el mismo porcentaje que el banco de negocios JP Morgan Chase dijo esta semana que calcula que el yuan subirá en un plazo de un año.



Secuelas en la economía mundial

A largo plazo, la revalorización del yuan podría ser un cisma para la economía mundial. Los efectos en E.U., más allá del déficit comercial, no podrían ser del todo beneficiosos. Como asegura Emilio Ontiveros, analista de la consultora española Analistas Financieros Internacionales, en un informe publicado el viernes "las reservas chinas (US$711.000 millones) siguen estando invertidas de forma mayoritaria en esos bonos del Tesoro que es necesario vender cómodamente para financiar el muy abultado déficit presupuestario americano en condiciones de precio tan favorables como las actuales. Si las autoridades chinas, o las de algunos países vecinos que también disponen de importantes reservas se desdolarizaran en exceso, la financiación de ese déficit sería más complicada y, no menos importante, el ciudadano medio estadounidense no tendría las hipotecas tan atractivas como todavía las tiene."





China se ha transformo en el segundo mayor comprador de deuda estadounidense, que ya asciende a US$190.000 millones. Si ahora diversifica su portafolio y empieza a adquirir bonos denominados en otras monedas, eso podría reducir la cantidad de crédito disponible en E.U. y empujar al alza las tasas de interés.

También existe otro posible efecto secundario que puede ser contraproducente para las ambiciones de Washington. De igual manera que la revaluación del yen japonés impulsó la salida de las multinacionales de origen japonés en búsqueda de compras en el extranjero, lo mismo podría ocurrir ahora.



El nuevo régimen  cambiario tendrá repercusiones positivas para América Latina en el largo plazo. El gigante asiático ya es un importante comprador de productos latinoamericanos y por tanto una moneda nacional más fuerte le ayudará a aumentar su poder de compra. Aun así, varios analistas señalan que esto no cambiará del día a la mañana y que la competitividad de los productos latinoamericanos subirá, pero a largo plazo.



 



S&P señaló en un comunicado que, los beneficios a largo plazo derivados de una economía china más fuerte como consecuencia de la nueva política cambiaria, eventualmente opacarían las ganancias simplemente por tener un yuan revaluado.



 "Con el tiempo, el impacto positivo por la continuidad del dinamismo económico de China probablemente será más importante para los productores latinoamericanos que el impacto directo del nuevo tipo de cambio de la moneda china", dijo S&P en un comunicado.El comercio de América Latina con China creció fuertemente en los últimos 10 años y llegó a unos US$50.000 millones en el 2004.





Una decisión política



Parte del objetivo de China con esta movida es frenar el vertiginoso crecimiento de su economía y evitar un recalentamiento. El objetivo de las autoridades es asegurar un aterrizaje suave, que le permitiría mantener niveles de expansión económica altos. Según un análisis del departamento de Estudios de Alianza Valores, la fortaleza del yuan generará pérdida de competitividad de sus exportaciones, lo cual le permitirá reducir su crecimiento económico.



Con esta medida, además de sus repercusiones económicas, comienza el fin de una de las batallas políticas más duras que se venía dando en el tablero global. También supone uno de los pasos más trascendentales por parte del Partido Comunista de China desde que arrancó con el proceso de liberalización de su economía en 1978. Desde entonces, China ha cambiado las reglas de su economía para atraer la inversión extranjera, ha impulsado al empresariado nacional y ha pasado a formar parte de la Organización Mundial de Comercio (OMC).



En este entorno, el sistema cambiario chino se había transformado en una reliquia que le permitía al gigante asiático exprimir todos los beneficios de las libertades de la economía global sin cumplir con las reglas del juego. A pesar de que el yuan todavía no se rige por las fuerzas del mercado, China ha dado el primer paso en esa dirección.

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