| 5/5/2006 12:00:00 AM

La nacionalización de Evo

La decisión del presidente boliviano Evo Morales de nacionalizar la industria de hidrocarburos de su país abrió un nueva división en el continente.

Decía Jorge Castañeda, el ex ministro de Relaciones Exteriores de México y uno de los más sagaces analistas políticos de la región, en un artículo publicado en la revista Newsweek a principios de año, que en América Latina ahora mismo coexisten dos izquierdas. La primera la tilda de progresista y tiene sus mejores representantes en Lula da Silva, el presidente de Brasil, y Michelle Bachelet, ahora presidenta de Chile. “Esta izquierda enfatiza las políticas sociales (educación, programas contra la pobreza, salud vivienda) pero dentro de un esquema macroeconómico ortodoxo”. La otra izquierda, personificada en el presidente Venezolano, Hugo Chávez, tiene raíces populistas. Para ese grupo de lideres, “el desempeño económico, valores democráticos y logros programáticos no son imperativos” , dice Castañeda. Hasta hace poco, sin embargo, parecía que las dos izquierdas convivirían en el continente en relativa calma. La decisión que tomó esta semana Evo Morales, presidente de Bolivia, de nacionalizar por decreto la industria de hidrocarburos de su país, pone en jaque la armonía entre las dos izquierdas. Brasil es el país más golpeado por la decisión de Morales.
 
Bolivia atesora una de las reservas de gas más ricas del planeta. Tiene la segunda mayor reserva de gas en América Latina, superada solo por Venezuela. El 25% del gas que se consume en Brasil se origina en suelo boliviano. En Argentina esa cifra es del 4%. Se trata de dos países con gobernantes de izquierda que se han visto golpeados por la decisión de Evo Morales de nacionalizar la industria de hidrocarburos en su país. Morales había dado señales de pragmatismo y algunos analistas, como Riordan Roett, de la Universidad de John Hopkins, en Washington, aseguraban hace poco que su presidencia era “una grata sorpresa para la inversión extranjera”.

El decreto que leyó el 1 de marzo, 100 días después de su elección, sin embargo, cambió las reglas del juego por completo. “En históricas jornadas de lucha, el pueblo ha conquistado a costa de su sangre, el derecho de que nuestra riqueza hidrocarburífera vuelva a manos de la nación y sea utilizada en beneficio del país”. Analistas como Roett aseguran ahora que Morales ha pasado al bando de la izquierda “chavista”, alejándose así de la corriente formada por dignatarios como Lula o Bachelet..

La resolución afecta principalmente a la brasileña estatal Petrobras y a la española Repsol. Se trata de las dos mayores empresas extranjeras que operan en Bolivia, con inversiones que superan los US$1.200 millones desde 1997. La nacionalización de hidrocarburos le quitará a Petrobras unos US$1.500 millones en los próximos dos años, según declaraciones del vicepresidente boliviano Álvaro García.
 
La nueva ley dice que las multinacionales deberán ceder su producción a la estatal boliviana YPBF, antiguamente el monopolio que controlaba todo el sector. YPBF tendrá la capacidad para poner el precio al gas y comercializarlo. Esto, según el decreto, tiene efecto inmediato. También le concede a las compañías 180 días para aceptar los nuevos contratos. Según los datos preliminares, sin embargo, Bolivia pasará de tener bajo su control el 82% de los principales campos productores (antes tenía el 50%). Las primeras estimaciones apuntan a que los ingresos anuales para las arcas del Gobierno procedentes de las exportaciones de gas pasarán de US$320 millones a US$780 millones.
 
Lo más crucial, sin embargo, es que YPBF tendrá una mayoría absoluta en el reparto accionarial en las refinerías y gasoductos del país. Hasta ahora, las compañías extranjeras controlaban el 51% de este tipo de instalaciones, mientras que los fondos de pensiones públicos y el Gobierno controlaban el 49%. La duda que rodea la decisión de Morales de nacionalizar la industria, sin embargo, es si las multinacionales seguirán invirtiendo. Algunos analistas, como Rolando Carvajal, de la revista Cash, en Bolivia, asegura que a pesar de la nueva división del pastel, el gas boliviano sigue siendo un buen negocio.
 
Pero la trascendencia de la decisión de Morales, sin embargo, no se centra en los efectos que tendrá en los balances financieros de las multinacionales. La nacionalización y el golpe que le ha asestado a Brasil son claras señales de que Bolivia se ha alineado con Venezuela. Chávez se ha transformado posiblemente en el líder más influyente de la región. Lula da Silva, por su parte, ha intentado convertir a Brasil en el líder de la región a través de diplomacia y relaciones comerciales. Al parecer, el caso de Bolivia ha sido perdido y Morales se encuentra más cercano al modelo económico de Chávez que de Lula. En enero de este año, antes de que Morales llegará a la presidencia, Castañeda sentenció que “Morales es un hábil e irresponsable populista”. Queda por ver si la nacionalización de los hidrocarburos que acaba de decretar comprueba esa frase.
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