| 3/16/2006 12:00:00 AM

La luz al final del túnel

Japón ha salido finalmente de su estancamiento económico y consolida su crecimiento. Uno de los gigantes de la economía mundial comienza despertar de su letargo.

Los últimos datos de producción industrial, desempleo y consumo interno han confirmado la recuperación de Japón, cuyo PIB creceió un 1,6% en 2005. Este favorable escenario significa el fin de la deflación crónica que ya se acumula por séptimo curso consecutivo. Las amenazas siguen siendo los precios del petróleo y la cotización del yen.

La confianza se ha instalado en la economía japonesa. Los recientes datos oficiales señalan que el PIB se ha elevado un 1,1% anualizado y un 0,3% en términos reales durante 2005. Estas cifras, a pesar de estar por debajo de las previsiones de los analistas, han generado optimismo en los mercados, ya que confirman el tercer trimestre consecutivo de crecimiento para el país asiático.

Los registros, además, avalan el 1,6% de alza en el PIB previsto para este año. Si consideramos que durante el primer trimestre se registró un crecimiento del 4,9% en términos anualizados y un 1,2% en términos reales, sólo bastaría llegar a tasas del 0,1% en los restantes trimestres, para cumplir el objetivo de cerrar el año fiscal 2005 con una de las alzas más elevadas de los países industrializados. El FMI ha pronosticado una recuperación de Japón del 1,75% para este año.

Los principales pilares de este crecimiento han sido el buen desempeño del consumo doméstico y el gasto de capital, sustituyendo a las exportaciones, tradicional motor de la economía nipona. Y es que a pesar de que la recuperación se había ralentizado durante el pasado otoño debido a caídas puntuales en la producción, el gasto de las familias, que supone un 55% del PIB, ha crecido un 0,7% durante el último trimestre. La inversión corporativa se elevó en un 2,3%.

No obstante, los últimos datos llaman a la calma. En junio, el mismo gasto familiar cayó un 3,7% en comparación a igual fecha del año pasado y la producción industrial bajó un 1,1% en julio. Por el contrario, la confianza del consumidor ha aumentado en las últimas encuestas y los empresarios elevaron su producción en un 2,3% en agosto y septiembre. Esto último porque han crecido las expectativas de aumentar las ganancias ante la mayor demanda.

Señales contradictorias, pero que según los analistas terminarán por consolidar el crecimiento. El Banco de Japón y los expertos creen que el país podría terminar durante este año con siete años de deflación crónica, que es la caída sucesiva de los precios. La inflación subyacente de julio descendió sólo un 0,2%; no obstante, el repunte de los salarios y el encarecimiento de variables como el sector textil, con un 1,8%, han generado favorables expectativas.

Otro elemento a favor del fin de la deflación son las cifras de desempleo. El paro ha llegado a sus valores mínimos en siete años. Con el 4,4% registrado en julio, el número de parados bajó en 290.000 personas, hasta situarse en 2,89 millones, el tercer mes consecutivo de descensos.

Parece que nada puede frenar este optimismo en las finanzas japonesas. Ni siquiera la inestabilidad política generada por las repentinas elecciones convocadas para este domingo. El primer ministro Junichiro Koizumi decidió llamar a las urnas debido a la negativa de los parlamentarios de su propia coalición de aprobar una reforma a la empresa estatal de Correos.

Las posibles interrogantes vienen desde el exterior, con los precios del petróleo disparados y la inestabilidad del yen. Precisamente para paliar los efectos del crudo, el Gobierno ha anunciado que pondrá a la venta siete millones de barriles de sus reservas para aliviar las tensiones de la demanda. Respecto de su moneda, el FMI ha alertado de que la intervención en los mercados sólo debería hacerse en circunstancias extraordinarias.
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