| 5/23/2012 6:00:00 PM

Hombres de acero

Cientos de ingenieros militares trabajan para la constructora del Ejército, una de las más grandes y eficientes del país. Hoy tienen contratos por más de medio billón de pesos.

A finales de 2011, luego de que el Grupo Nule dejara a la deriva las obras de Transmilenio por la calle 26, la entonces alcaldesa encargada de Bogotá, Clara López Obregón, buscó a la cúpula de los ingenieros militares para ver si le podían ‘echar una manito’ y terminar algunas obras inconclusas.

Los ingenieros de camuflado también fueron invitados por una de las firmas internacionales que construyen la Ruta del Sol para que les ayudaran con un tramo de esta importante autopista. Ninguna de las dos iniciativas se concretó debido a las trabas administrativas propias de este país, pero las dos ofertas dan una idea de la capacidad técnica y prestigio de este cuerpo de ingenieros, topógrafos y diseñadores.

El presidente de la compañía, o mejor dicho, el comandante de esta fuerza de trabajo es el general Guillermo Suárez, quien con orgullo afirma tener bajo su mando a la constructora e inmobiliaria más grande del país.

“Tenemos 8.000 personas dedicadas a las actividades de obra en varias regiones del país, nuestro parque de maquinaria es el más moderno y amplio de Colombia con 963 equipos y, lo mejor de todo, no tenemos ánimo de lucro”, explica en su oficina que sin ser lujosa tiene más espacio y comodidades que la del Ministro del Transporte.

En la actualidad, los ingenieros militares son responsables de contratos por más de medio billón de pesos, siendo los proyectos más importantes la vía Saravena-La Lejía ($116.000 millones), San Juan de Arama-La Uribe-Colombia-Baraya ($160.000 millones) y Junín-Barbacoas ($40.000 millones).

Con el equipo y fuerza de trabajo disponibles están en capacidad de construir muchas más obras de infraestructura, pero no quieren competir con las empresas privadas pues sus propósitos son consolidar el poder del Estado en zonas que por décadas han sido marginadas.

Los orígenes de los ingenieros militares en Colombia se remontan a 1935 cuando se creó el Instituto Agustín Codazzi, pero fue en 2006 cuando el emblemático general Fredy Padilla de León le dio características de una gran constructora e inmobiliaria.

Aunque poseen el poder de las armas, su trabajo en las vías de Cauca, Antioquia, Santander y Arauca no es fácil. Frecuentemente son atacados por grupos al margen de la ley y se reportan varios ingenieros muertos. A pesar de ello, nunca han dejado una obra abandonada y en algunos casos terminan el contrato en menor tiempo y por debajo del presupuesto asignado.

En cuanto a la calidad de las obras y el profesionalismo con que se ejecutan los proyectos, el director del Invías, Carlos Rosado, se declara satisfecho y feliz con la labor hasta el momento desempeñada por los militares.

Pero la prueba de fuego la tuvieron en 2010, cuando Colombia se vio sumergida en uno de los peores inviernos de la historia. Su misión: enfocar todos sus esfuerzos y equipos en rehabilitar las vías que se estaban “derritiendo” por todos lados. Dicha labor fue recompensada por el programa presidencial Colombia Humanitaria con la entrega de 321 volquetas y retroexcavadoras con tecnología GPS de última generación.

La otra historia por contar de esta unidad está en las regiones. El impacto de las obras en las comunidades ha sido tal que poblaciones tradicionalmente conflictivas como Planadas, Tolima, cambiaron su dependencia total de cultivos ilegales por café, plátano y otros alimentos, todo gracias a la vía pavimentada por el Ejército. “La guerrilla le tiene más miedo al asfalto que a las balas, saben que con desarrollo social se les acaba el discurso y el poco respaldo que les queda”, reflexiona el general Suárez.

Inmobiliaria de camuflado

No satisfechos con contar ‘entre sus filas’ con la constructora más grande del país, los ingenieros militares también se jactan de tener la inmobiliaria con mayor área bajo su mando.

Para tener una idea del poder de esta unidad es necesaria una comparación. El área urbana de Bogotá es de 30.736 hectáreas, mientras los militares tienen jurisdicción en 41.828 hectáreas. De acuerdo con el general Suárez, esto incluye el vasto espacio en Tolemaida, Tolima, y otros 182 predios cuya área está entre las 15 y 245 hectáreas.

Los planes de esta unidad también son ambiciosos. Dicho cuerpo del Ejército está muy concentrado en la renovación del Centro Administrativo Nacional de Bogotá, donde tienen sede el Ministerio de Defensa y otras instituciones administrativas de las fuerzas armadas. La idea es que mediante alianzas público-privadas se derrumben los actuales edificios construidos hace 50 años y se levante el ‘pentágono criollo’ en esa estratégica zona de Bogotá. “Estamos mirando diseños y otros detalles del proyecto, más adelante habrá noticias”, anticipa el general.

El tamaño del Ejército ha crecido gracias al conflicto que soporta Colombia hace décadas. La buena noticia es que en caso de concretarse la paz, este cuerpo de ingenieros tendrá todavía muchas tareas pendientes en un país que sigue en pañales en materia de infraestructura.

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