| 8/17/2011 6:00:00 PM

Hijo de tigre

Antonio Char, presidente del Grupo Empresarial Olímpica, es el cerebro detrás de esta poderosa cadena de supermercados que facturó $2,8 billones el año pasado y hoy registra un aumento récord en sus utilidades.

Cuando Antonio Char estaba en el colegio, no veía la hora de salir a vacaciones. Y no porque le tuviera alguna aversión especial a las clases de matemáticas o literatura, sino porque sabía que en los supermercados Olímpica de su natal Barranquilla –fundados por su padre Fuad Char y sus tíos Jabib, Farid y Simón– había mucho para hacer. Lo que nunca imaginó fue que, años después, ese mismo niño tímido que jugueteaba entre góndolas y abarrotes en épocas de Navidad se convertiría en el presidente del Grupo Empresarial Olímpica, el emporio más poderoso de la Costa y uno de los más influyentes del país.

Al fin y al cabo, ese era su destino. El hecho de crecer al lado de un padre y tres tíos que forjaron a pulso una empresa de familia, en algo tenía que influenciar su vida. Y aunque muchos sabían que tarde o temprano Antonio terminaría siendo la cabeza de la organización, llegar a esa posición no fue tan fácil como muchos creen.

A pocos días de cumplir 21 años, cuando apenas recibía su título de administrador de empresas en la Universidad del Norte de Barranquilla, Antonio empezó a escribir su historia en el Grupo. Por esos días entró a la organización a hacer inventarios y auditorías en algunos de los supermercados de las barriadas populares de la Costa. Desde entonces, ocupó casi todos los cargos administrativos: comprador de frutas y verduras, varias gerencias y una vicepresidencia. Hasta que llegó 1999, año en el que fue nombrado por la junta directiva como la máxima autoridad de la compañía.

Su vertiginosa carrera se vio interrumpida cerca de un año por cuenta de un atentado terrorista que vivió en carne propia. Fue en octubre de 1991, cuando era gerente financiero y un grupo de pistoleros le disparó en sus dos brazos. “Iba manejando un Chevrolet Monza con rumbo a mi oficina y de repente vi a unas personas que se me atravesaron en un carro –le contó el empresario a Dinero–. En ese momento, en medio de la calentura, traté de esquivarlos porque me dejaron un espacio y ahí fue cuando empezaron los disparos. Yo seguí manejando e incluso llegué a la clínica por mis propios medios. Afortunadamente, la cosa no tuvo consecuencias”.

Y, aunque el episodio aún le quiebra la voz, para él no es más que un asunto del pasado. Por eso, hoy se concentra en el presente del emporio que dirige. Una organización que, en cabeza del Grupo Empresarial Olímpica, tiene cuatro filiales de marca mayor: Servicios Financieros S.A. (Serfinansa), Portales Urbanos S.A., Sonovista Publicidad y Golden Gate International Corp. En todas ellas, Olímpica tiene una participación superior a 50%.

Las cuatro hermanas de la marca funcionan como un reloj suizo. Serfinansa, bajo la vigilancia de la Superintendencia Financiera, se dedica a captar recursos del público para financiar personas naturales y pequeñas, medianas y grandes empresas. Portales Urbanos S.A. es una organización enfocada en construir proyectos inmobiliarios y centros comerciales. Sonovista trabaja en la creación de campañas y estrategias publicitarias y tiene un portafolio de clientes nacionales, concentrados especialmente en la Costa. Y Golden Gate International Corp. es la entidad mediante la cual el grupo Olímpica hace sus inversiones en el exterior.
Inversiones de gran calado que, incluso, ya le permitieron a la empresa trascender las fronteras nacionales. La transacción más importante fue la compra de la cadena minorista costarricense Megasuper, un negocio que hoy cuenta con 80 puntos de venta en ese país centroamericano. “Nosotros siempre estamos abiertos a analizar nuevas posibilidades de negocios por fuera del país. Nos atrae mucho el tema de Centroamérica, en especial Panamá. En Latinoamérica todos los países también son muy atractivos”, asegura Char.

Ciento por ciento colombiana

Hace 58 años, el padre de Antonio y sus tíos abrieron una pequeña droguería con el nombre de Olímpica en el centro de Barranquilla. Era una zona en donde el comercio pululaba. Ese fue el primer punto de venta y el principio de una cadena que hoy tiene 223 sucursales repartidas en 52 municipios del país. “Funcionamos con cuatro formatos: droguerías, superdroguerías, supermercados y las grandes superficies que son los SAO”, explica el ejecutivo.

Cuando habla de su empresa, Char no oculta el orgullo que le produce saber que todos sus empleados son colombianos. Pero también hay otra cosa que le hace brillar los ojos: los buenos resultados que ha tenido el grupo durante los últimos años. En lo que va corrido de 2011, las utilidades de Olímpica crecieron 36% en relación al mismo periodo del año pasado. Y en 2010 facturó $2,8 billones, una cifra que este año esperan incrementar en 10,7%.

Y así como los números no paran de crecer, nuevos puntos de venta no dejan de abrir sus puertas. “En 2011 hemos abierto nueve supermercados y la idea es que de aquí a diciembre abramos otros diez en Bogotá, Cali y la Costa”, señala Char. Una apuesta ambiciosa para la que tienen presupuestada una partida de $35.000 millones. Pero eso no es todo. Hay disponibles $30.000 millones más para remodelar entre 25 y 30 puntos de venta este año.

Pero esas multimillonarias cifras no solo están destinadas a dibujarle una nueva cara a Olímpica; también, a devolverle los sueños a más de un colombiano. Al año, el Grupo les otorga a 38 jóvenes del país becas de educación superior, dona 500 toneladas de alimentos a familias que los necesiten y aporta $4.100 millones a fundaciones sociales. Además, apoya a los pequeños y medianos empresarios del país comprándoles productos por más de $ 30.000 millones.

La gran pasión de Antonio sigue siendo el fútbol. Deporte que no solo práctica cada vez que tiene la oportunidad, sino que le despierta emociones cuando juega su equipo del alma: el Junior, una corporación creada por el grupo Char y que luego de funcionar por décadas como una fundación sin ánimo de lucro, hoy está atravesando un proceso para convertirse en sociedad anónima.

Hoy, Antonio tiene poco tiempo para reunirse con su padre Fuad y sus dos hermanos, uno de ellos Alejandro, actual alcalde de Barranquilla. Tal vez es por eso que recuerda con tanta nostalgia aquellos almuerzos familiares que organizaba su abuela Herlinda Abdala los domingos, en su enorme casa del barrio El Prado de Barranquilla. No solo para Antonio, sino para quienes tuvieron la oportunidad de asistir a esos encuentros, era la mejor comida árabe que se podía comer en el país.

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