| 7/16/2009 12:00:00 AM

Frontera cambia por caída del bolívar frente al peso

La debilidad del bolívar cambió fuertemente los flujos de comercio y turismo en la región de frontera entre Colombia y Venezuela ¿Qué negocios se pueden hacer?¿Quién prospera en la frontera?

La moneda venezolana, el bolívar, durante décadas fue más fuerte que el peso, sin embargo, desde hace un par de años su continua devaluación ha ocasionado grandes cambios en la frontera entre Venezuela y Colombia.

Sectores oficiales de la economía venezolana afirman que la relación cambiaria es de un bolívar por un peso, sin embargo, la realidad es que en buena parte de los intercambios que se dan en la economía fronteriza un bolívar equivale a 0,35 pesos, con fluctuaciones diarias en las que raras veces se ve beneficiado el valor del bolívar.

Los cambios que ha ocasionado esta situación se ven en el sector productivo y comercial, tanto legal como en el ilegal. Los que viven desde hace más de una década en esta región colombo-venezolana perciben que la dinámica tradicional de la economía fronteriza se invirtió: “Anteriormente los venezolanos iban mucho a comprar en Colombia, incluso iban a Colegios y Universidades colombianas, ahora los colombianos vienen a estudiar y comprar aquí” dice Angie Medina, una joven de padres venezolanos y abuelos colombianos que vive en San Cristóbal.

Efectivamente, la inversión de la dinámica en la frontera ha trastocado todo el contexto económico y social de esta región.

Turismo binacional
Para los venezolanos, y principalmente los que habitan la frontera Táchira-Norte de Santander, es habitual ir a Cúcuta para hacer compras; incluso los Tachirenses hicieron de esas visitas un verbo: “Cucutear”. Durante años la fortaleza del bolívar frente al peso colombiano permitía que esa práctica fuera algo casi cotidiano. Todavía muchos venezolanos siguen comprando en Cúcuta, en buena parte por la inflación galopante que tiene Venezuela-más del 30%-, y también para usar los “dólares baratos” otorgados por la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) a los nacionales que van a salir de Venezuela.

Hoy la tendencia es inversa, y para los colombianos resulta muy atractivo cruzar la frontera y visitar Venezuela, pues la devaluación del bolívar hace que los destinos turísticos y los productos venezolanos sean muy baratos para los que vienen de Colombia. “Para los colombianos se convirtió en una novedad venir a San Cristóbal; esas visitas han incrementado la apertura de posadas, pero el motivo fundamental de la visita de colombianos al Táchira es la compra de artículos de primera necesidad” así lo dijo Marleny Bustamante, Investigadora del Centro de Estudios de Fronteras e Integración de la Universidad de Los Andes venezolana.

Según Nancy Castillo, vicecónsul de Venezuela en Cúcuta, en temporada de vacaciones para los colombianos, se otorgan cerca de 100 visas de turismo diarias, siendo los principales destinos San Cristóbal, la Isla de Margarita, Valencia y Barinas. Esto supone que mensualmente, el Consulado de Venezuela en Norte de Santander está expidiendo dos mil visas de turismo en promedio, aunado a los 150 permisos fronterizos que se dan diariamente. Los permisos fronterizos permiten la libre circulación de ciudadanos colombianos dentro del estado Táchira, y tienen vigencia de 8, 15, 30 y hasta 90 días, dependiendo del motivo de ingreso.

Industria fronteriza afectada
También del lado venezolano de la frontera hay sectores impactados y afectados por los cambios que ha producido la caída del bolívar frente al peso. La industria marroquinera y textil que funcionan en San Antonio y Ureña, localidades limítrofes con Colombia, han mermado su producción por varias razones; en primer lugar la materia prima importada de Colombia está resultando muy costosa por la depreciación del bolívar. Además, el control cambiario impuesto en Venezuela desde hace 6 años ocasiona muchos obstáculos y trabas para los industriales que requieren importar materia prima para su producción.

 Por otra parte, estas pequeñas industrias ubicadas en la zona limítrofe de Venezuela con Colombia utilizan en su mayoría mano de obra colombiana. “Legalmente en estas industrias se puede albergar un 10% de mano de obra colombiana, sin embargo, por la ausencia de mano de obra calificada en Venezuela se trabaja en un 80% con mano de obra colombiana” señaló Isabel Castillo, Presidenta de la Cámara de Comercio de San Antonio del Táchira.

Isabel Castillo también nos cuenta que dada la situación cambiaria actual para muchos trabajadores colombianos dejó de ser atractivo obtener su salario en bolívares, por lo tanto las industrias textil y marroquinera se están quedando sin mano de obra “muchos colombianos que trabajaban aquí y vivían en Cúcuta se están regresando a trabajar en Norte de Santander, porque ahora prefieren ganar en pesos y gastar en bolívares” dijo Castillo.

El comercio no registrado
Así como la caída del bolívar frente al peso ha estimulado el comercio de consumo personal de ciudadanos colombianos en Venezuela, también la depreciación de la moneda venezolana está causando un flujo ilegal de productos de primera necesidad hacia Colombia. Basta con cruzar el puente Simón Bolívar que une a Táchira con Norte de Santander para encontrar artículos de primera necesidad de origen venezolano, que son vendidos en todos los establecimientos ubicados en una zona a la entrada de Cúcuta que denominan “La Parada”.

Los artículos que se encuentran en “La Parada” son en su mayoría alimentos subsidiados por el Estado venezolano, y que además han sido sometidos a un control de precios en Venezuela. En este contexto el arroz, el azúcar, la harina de maíz, el aceite de maíz, y la leche en polvo son llevados a Colombia de manera ilegal ara ser revendidos con un margen de ganancia de hasta un 300%. El arroz por ejemplo es conseguido en los anaqueles venezolanos en 2000 bolívares, o 2 bolívares fuertes, lo que en moneda colombiana representa 600 pesos. Una vez este producto es llevado a Colombia, lo venden en 2000 pesos, es decir, 1400 pesos más de su costo inicial.

Este contexto de diferencias económicas y sociales que hoy benefician a unos y mañana a otros, dependiendo de la inclinación de la balanza y del lado de la frontera donde te tocó nacer, es el sino de esta región. Y como bien lo describe Marleny Bustamante: “Entre Táchira y Norte de Santander hay cerca de 2 millones de personas, toda está población ha estado y está fuertemente impactada por las diferencias que hay entre los dos países, hablamos de diferencias económicas, sociales, y políticas, porque culturalmente sabemos que es lo mismo; entonces mientras no se armonicen políticas entre Venezuela y Colombia, y los habitantes de la frontera sigan aprovechándose de las diferencias, no se podrán hacer planes de desarrollo fronterizo con mayor certidumbre a mediano y largo plazo”.


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