| 7/5/2006 12:00:00 AM

Fallece el fundador de Enron

Ken Lay, quien presidió la meteórica alza de la empresa Enron y que luego protagonizó uno de los mayores escándalos empresariales en la historia de Estados Unidos, falleció el miércoles de un ataque al corazón.

"No sólo perseguí el sueño americano, sino que lo conseguí. Supongo que ahora puedo decir que en los últimos años también he conseguido vivir la pesadilla americana”. Ken Lay, el fundador de Enron. l falleció el miércoles por la mañana de un ataque al corazón. Tenía 64 años. Enron, la firma energética que levantó casi de la nada, se transformó en el último lustro en sinónimo de corrupción corporativa. Y Ken Lay fue el protagonista del mayor escándalo empresarial en la historia de Estados Unidos. Lay fue condenado el mes pasado por fraude y conspiración por su participación en la quiebra de Enron por bancarrota. Murió antes de recibir una sentencia definitiva, que según todos los indicios incluiría encarcelamiento.

Lay presidió la meteórica alza de Enron. La firma comenzó como una simple empresa dedicada al transporte de gas natural. En 1985, mediante una fusión con un conglomerado, se transformó una pieza clave en el mapa energético de Estados Unidos. La firma llegó a ocupar el séptimo escalafón en la lista de las 500 empresas más importantes de la revista económica Forbes, con ingresos anuales por encima de los US$100.000 millones. Durante su apogeo, Enron era considerada como una de las grandes historias de éxito de la década de los 90 y Lay el artífice de su vertiginosa escalada.
 
Con el ascenso de su empresa, Lay se convirtió en uno de los líderes empresariales más influyentes de Estados Unidos. Era el hombre que le hablaba al oído al vicepresidente Dick Cheney sobre las reformas energéticas que necesitaba el país. El autor Kurt Eichenwald, que escribió uno de los libros más reveladores sobre el escándalo Enron, asegura que Lay estaba en la lista de espera para uno de los puestos más importantes en el gabinete del presidente George W. Bush. Según el autor, en 2000 cuando Bush estaba recién elegido, el actual presidente consideró a Lay para Secretario del Tesoro. Entre sus amigos más cercanos se encontraba Bush padre.
 
Su influencia en la ciudad de Houston, sede de Enron, era enorme: era uno de los principales filántropos y contribuyentes a distintas campañas políticas. Durante muchos años, Enron fue la corporación que más contribuyó económicamente a la carrera política del presidente George W. Bush. Éste lo apodó “Kenny Boy”.
 
Un chico pobre y brillante
Nacido en abril de 1942 en la localidad de Tyrone (Misuri), Lay era hijo de un predicador baptista de escasos recursos y desde pequeño se destacó como un buen estudiante. Su carrera estudiantil culminó en 1970 con un doctorado en Economía de la Universidad de Houston. Tras varios empleos en el Pentágono, la Universidad George Washington y la Comisión Federal de Energía, Lay fue designado en 1972 subsecretario adjunto para Energía. Ese puesto le permitió adquirir experiencia en las agencias gubernamentales encargadas de regular el sector energético.

A partir de 1974 Lay comenzó a escalar en la industria privada en las firmas Florida Gas, Continental Group y Transco Energy. Cuando Ronald Reagan llegó a la Casa Blanca y comenzó la desregulación de diferentes industrias, Lay era ya presidente de Houston Natural Gas, y aprovechó el nuevo ambiente para fusionar su firma con Inter-North, que tenía su sede en Nebraska. El ímpetu de Lay y sus asociados llevó a Enron a diversificarse desde el sector petrolero al comercio de gas, el suministro de agua, la distribución de electricidad e Internet. En el ambiente de bonanza económica y optimismo de finales de los años 90, Enron se convirtió en una de las empresas favoritas de los inversores de Wall Street, lo que disparó el precio de sus acciones.

Pero el juicio contra Lay y sus colaboradores evidenció que tras la fachada de prosperidad de Enron se escondían complejas maniobras contables que ocultaron las pérdidas y exageraron las ganancias para atraer a más inversores. Entre septiembre y octubre de ese año, Lay vendió partes sustanciales de su paquete de acciones de Enron, al tiempo que alentaba a los empleados de la firma y a los inversores a que compraran, al asegurarles que los precios se recuperarían pronto. De hecho, entre 1989 y 2001, Lay se deshizo de más de US$300 millones en acciones de Enron.
 
El mito de Enron se esfumó en 2001. La contabilidad de la empresa era un nido de falsedades en las cuales todas la cifras eran manipuladas para presentar resultados positivos ante sus accionistas. En ese momento la compañía poseía un capital bursátil de US$68.000 millones. Enron transformó en un arte el uso de paraísos fiscales y las artimañas contables para transferir y esconder sus pérdidas. La compañía llegó a controlar 900 filiales en las Islas Caimán. Además, Enron hizo extensivo uso de las llamadas stock options como forma de retribución para sus directivos.

Varios informes de prensa y la caída en picado de las acciones de Enron en el último semestre de 2001 impulsó a la Securities and Exchange Commission, la entidad reguladora estadounidense, a investigar a la compañía. El 29 de noviembre la investigación se amplió para incluir a la firma de auditores Arthur Andersen. Días antes de que Enron declarará bancarrota, sin embargo, los directivos de la compañía tuvieron tiempo para realizar otra maniobra infame. Justo antes de despedir a 4.000 empleados y declarar bancarrota, Enron pagó US$55 millones a 500 ejecutivos. Once directivos recibieron entre US$500.000 y US$5 millones cada uno.
 
La quiebra de Enron dejó en la calle a más de 80.000 empleados hace ya cuatro años y medio, y arrastró a la que fuera la mayor firma auditora del mundo, Arthur Andersen, a la desaparición. La consultora admitió que destruyó documentos confidenciales sobre la contabilidad de la empresa durante la investigación de la SEC.
 
Además, el agujero contable destapado en Enron desató una crisis de confianza sin precedentes en Wall Street que, unida a los efectos de los atentados terroristas del 11-S y a los escándalos corporativos en la telefónica WorldCom, la tecnológica Tyco o la cadena de supermercados holandesa Ahold, debilitó la confianza de los inversores norteamericanos hasta límites insospechados. Tras el escándalo, las autoridades reguladoras estadounidenses se vieron obligadas a revisar sus normativas para evitar que un caso similar volviera a repetirse.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?