| 3/18/2011 5:00:00 PM

Embrapa, la razón del milagro verde de Brasil

Con 2.100 investigadores la entidad ayudó a convertir a Brasil en una potencia agroexportadora. Entrevista con su presidente, Pedro Arraes, que estará el 31 de marzo en el ‘Colombia Forum’ que organiza The Economist con la vinculación de Dinero y Dinero.com.

Genética tropical. Ese es tal vez el mayor logro de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária, Embrapa, que es en buena parte responsable por haber convertido en veinte años a Brasil en una potencia exportadora de bienes agrícolas mundial.

“Mejoramos muchos cultivos. La soya es la más visible, pero también hicimos pastos e inclusive trigo”, le dijo a Dinero.com el director y presidente de la entidad, Pedro Arraes, que estará en Bogotá el 31 de marzo en el Colombia Forum que organiza la publicación The Economist con la vinculación de Dinero.com.

Embrapa aclimató la soya que se sembraba en climas templados, a zonas tropicales y pastos africanos como la Brachiaria. “Lo mejor que ha hecho Embrapa es la genética animal y de plantas”, sostiene.

Sin este tipo de adecuaciones, la entrada de la agricultura al Cerrado hubiera sido imposible. Este es el lugar de la expansión de la frontera agrícola brasileña, que puso a ese país en la lista de los mayores productores del mundo. Tampoco hubiera sido posible haber convertido a Brasil en el mayor vendedor de soya del planeta en 15 años.

Prueba superada
Cuando comenzó Embrapa en 1973, tenía como meta, la de resolver el problema de abastecimiento de alimentos a los 192 millones de habitantes de Brasil. Por eso se concentraron en algunos productos como arroz, leche, cassava y unos de los que más se importaban. “Ya lo hicimos. Ahora tenemos capacidad de producir lo nuestro y exportar”, dice.

Conseguida esa meta, ahora su tarea principal es la de mejorar la productividad, y conseguir que la producción agraria sea sostenible en términos ambientales y sociales. “Todas nuestras acciones deben estar alineadas en esos tres principios. Es decir, tenemos que producir más, sin producir daño ambiental y generando buenos trabajos y una buena vida para los nuestros”.

Una de las características más importantes de Embrapa es que su éxito se sustentó inicialmente en un gran esfuerzo de formación de sus empleados. En los primeros decenios de operación hizo una gran inversión en matricular a sus funcionarios en programas de maestría y doctorado fuera del país.

El resultado, hoy tiene 8.955 empleados, de los cuales 2.100 son investigadores, 21% con maestría, 71% con doctorados y 7% con post doctorados, que atienden 1.200 proyectos de investigación.

La demanda de Embrapa de personal calificado generó una espiral virtuosa. Hoy es más fácil encontrar en el mercado, profesionales con doctorados. “Desde julio de 2009 hasta hoy hemos contratado 1.900 empleados, la mayoría de ellos investigadores, la mayoría de ellos con PhD”, dice. Con eso ya no se requieren largos períodos de entrenamiento para sus investigadores. Muchos solo requieren un tiempo corto para empezar a producir resultados.

A pesar de su naturaleza pública, Embrapa no desarrolla todo en el país. Muchas de sus investigaciones se hacen en asocio con algunos de los mejores laboratorios del mundo, de manera que también compensa así la juventud de su grupo de trabajo. “Vinculamos a nuestros profesionales jóvenes con laboratorios famosos, de alta tecnología. Uno de ellos es el Agricultural Research Services, ARS, con el que estudiamos enfermedades animales. Otro es Agropolis en Francia”, afirma. De igual manera, llevan científicos con experiencia y renombre a trabajar con ellos. “Los que vienen también aprenden de nosotros”.

Tampoco es una entidad que saca todo de los laboratorios, sino que está atenta a detectar y adoptar prácticas campesinas. El mejor ejemplo es quizás, la técnica de labranza mínima. Esta práctica ya la usaban los agricultores brasileños y Embrapa invirtió un dinero para mejorarla. Ahora es una forma de cultivar que se usa en todo el mundo y que tiene eficiencias grandes en dinero y en conservación del suelo.

Lo mismo que con su relación con el exterior, la entidad no duda en hacer alianzas con el sector privado. Los recursos de la entidad son de origen estatal en su gran mayoría. El presupuesto de 1.800 billones de reales (US$1.000 millones) llega del presupuesto nacional, pero se completa con algunos dineros de empresas. Lo importante para Pedro Arraes, no es tanto el monto de estas platas, que solo es el 6% de sus ingresos, sino que la cooperación con el sector privado “alinea a Embrapa con las necesidades del mercado, con los problemas reales. Nos hace trabajar por objetivos y entregar las cosas a tiempo”, manifiesta.

Agricultura campesina
Uno de los grandes debates en el mundo en desarrollo está en si una entidad de gobierno debe enfocarse en investigación para los pequeños agricultores o para los agricultores empresariales de grandes extensiones. En Embrapa resolvieron la discusión reconociendo que tienen que estar en todas partes. “Es una entidad pública. Tiene que trabajar por todos los agricultores”, manifiesta el director.

Por eso establecieron un programa de investigación de agricultura familiar. Pero lo más interesante es que la investigación no es muy diferente para grandes o pequeños, pero sí lo es la estrategia de difusión de los nuevos conocimientos. “Los grandes vienen hasta acá y nos preguntan, o usamos Internet. A los pequeños hay que organizarlos, hay que usar cooperativas”, explica Pedro Arraes.

De hecho considera que la diversidad de esquemas agrícolas con los que tiene que trabajar, es uno de los elementos que hacen fuerte a la entidad, que es capaz de encontrar soluciones prácticas para los grandes productores de bienes exportables y para los pequeños cultivadores de productos consumidos en el país.

Qué hará el centro de investigación agropecuario estatal más importante del mundo hacia el futuro. “Tenemos que aumentar la productividad. Producir más sin tocar nuevas áreas de selva. Tenemos que hacer una agricultura más verde, sostenible. Ese será el reto para nosotros”, concluye.



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