| 7/22/2011 8:00:00 AM

El terror de Slim

Por primera vez en la historia, una mujer podría encabezar la lista de los billonarios del mundo de la revista Forbes. ¿De quién se trata?

Aunque la palabra magnate es un sustantivo masculino que tradicionalmente se ha usado para referirse a los hombres más ricos y poderosos del mundo, una mujer parece estar dispuesta a desafiar su uso. Se trata de Georgina ‘Gine’ Rinehart, una australiana de 57 años, que se perfila para encabezar el próximo listado del personaje más rico del mundo de la revista Forbes, desplazando de este lugar al mexicano Carlos Slim.

Los cálculos de un estudio elaborado por el Citigroup indican que Rinehart, cabeza de uno de los mayores conglomerados mineros del mundo –Hancock Prospecting– y madre de cuatro hijos, podría alcanzar una fortuna de US$100.000 millones si tres de sus proyectos mineros resultan tan rentables como los que ha desarrollado en el pasado.

Los yacimientos, ubicados en la región de Queensland al occidente de Australia, podrían aumentar de manera geométrica su capital y su producción está prevista para 2013. Esto haría que la fortuna de Rinehart, actualmente en US$9.000 millones, según cálculos de la revista Forbes, se multiplicaría por más de diez, sobrepasando los US$74.000 millones de Carlos Slim, que encabeza hoy el ranking mundial. Y lo mejor es que no tiene que compartir su riqueza pues es la única accionista de la compañía. ¿Quién es la nueva magnate? Gine Rinehart no es una recién llegada al negocio minero. Es hija de Langley George Hancock, uno de los pioneros de la minería de hierro y de carbón en Australia y famoso por haber descubierto el depósito de mineral de hierro más grande del mundo en 1952. A los 19 años se casó con el inglés Greg Milton y tuvo dos hijos pero en 1981 se divorció. Dos años más tarde se casó con Frank Rinehart, un prestigioso abogado estadounidense que murió en 1990, con quien tuvo otros dos hijos.

Tras la muerte de su padre, en 1992, tomó las riendas de la empresa familiar. Su talante le permitió sacar a flote una compañía que para esa época reportaba resultados negativos y acumulaba abultadas deudas. Pero ni los resultados en rojo que registraba el negocio, ni la muerte de su esposo y de su padre ni la disputa con la tercera esposa de este, Rose Porteous, frenaron sus planes de sacar adelanta la compañía.

El agrio enfrentamiento con Porteus, que duró 14 años, tenía dos motivos: la herencia pretendida por la viuda, 37 años más joven que su padre, y la acusación de Rinehart de haberle provocado la muerte. Porteus, cuyo nombre de soltera era Rose Lacson, llegó a Australia en 1983 procedente de Argentina, con una visa de trabajo de tres meses.

Tomó inicialmente el trabajo de empleada del servicio de Hancock, quien acababa de perder a su esposa Esperanza, y dos años después terminó casada con él, lo que llevó a los allegados y familiares de Hancock a calificarla de ‘caza fortunas’.

Tras un matrimonio fastuoso que se llevó a cabo en Sidney en 1985 –al que Gine Rinehart se negó a asistir–, su padre sufrió una transformación, tanto en el aspecto personal como en el económico, desde llevar un estilo de vida de fiestas y compromisos sociales permanentes, hasta iniciar inversiones en finca raíz, por fuera de la minería.

Sin embargo, los problemas con su joven esposa no tardaron en aparecer y, en 1992, Hancock sufrió un paro cardiaco que le provocó la muerte. Aunque los forenses determinaron que se trataba de una muerte natural, el dictamen no fue compartido por su hija Gine, quien acusó abiertamente a su madrastra de haberle dado un trato fuerte que habría deteriorado el estado salud de su padre y le ocasionó su muerte.

Las acusaciones se encendieron aún más, ya que solo tres meses después de haber quedado viuda, Rose contrajo nupcias con William Porteus, un viejo amigo de la familia Hancock, lo que provocó una enconada disputa en los tribunales con Rinehart, quien insistió en las acusaciones contra la viuda.

El largo enfrentamiento judicial, de 14 años, terminó en 2006 cuando Gine Rinehart recuperó el mando de la compañía, que en dos décadas logró ubicar como una de las ‘cinco grandes’ de la minería en el mundo, al lado de Rio Tinto, BHP Billiton, Xstrata y Anglo American.

Riñas políticas
Aunque toda su vida ha mantenido un perfil bajo y lejos de los medios, a finales de 2010 Rinehart compró 18% de las acciones del grupo de información Fairfax Media –que tiene periódicos, internet y radio en Australia–, lo cual ha sido interpretado como un cambio en el enfoque. Esta es la primera vez que entra a un negocio distinto a la minería.

Algunos analistas atribuyen esta compra a la intención de Rinehart de participar más activamente en la política de su país, y tener un grupo de medios que le apoye su bloqueo a propuestas como la lanzada a comienzos del año pasado por el entonces primer Ministro Kevin Rudd para establecer un ‘súper impuesto’ de 40% a las ganancias de la minería y a las emisiones de carbono, cuyo propósito es promover el uso de energías alternativas.

La fuerte presión de varios sectores provocó la salida de Rudd del gobierno, pero un año después –el pasado 10 de julio– su sucesora, Julia Gillard, anunció que se cobrará un impuesto de US$23 por tonelada de emisión de CO2 a partir de julio de 2012. Esta decisión, sin duda, le generará nuevos enfrentamientos con sectores mineros y productivos.

La carrera de Rinehart en el negocio de minería tiene todavía un largo camino por recorrer. Y todo parece indicar que su condición de millonaria a la cabeza del listado del ranking mundial le abre una perspectiva similar en el terreno político y de los medios de comunicación.
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