| 12/16/2005 12:00:00 AM

El precio de la disciplina

Perú no consigue despejar el pesimismo sobre la andadura de la economía mientras la popularidad de su presidente cae por los suelos. Y todo eso con tasas de crecimiento envidiables.

Perú vislumbra la recuperación de su economía, pero las nubes de desilusión que sobrevuelan al Gobierno de Alejandro Toledo no terminan de despejarse. La economía creció un 5,9% en el tercer trimestre, empujada por las exportaciones mineras. El déficit fiscal se encuentra en el 1% del Producto Interior Bruto (PIB). Los niveles de aprobación de Toledo, sin embargo, no superan el 15%.

La economía de Perú está acostumbrada a los golpes. Entre 1999 y 2001 entró en una espiral de estancamiento que se reflejó en la escalada de los índices de desempleo. En 2001 la tasa oficial de desempleo se asomaba al 11% mientras que en los años anteriores rondaba el 7%. La creación de trabajos se transformó así en la piedra de toque de las contiendas electorales. Alejandro Toledo, presidente de Perú, ha conseguido tasas de crecimiento por encima del 4% en los últimos tres años. Ha reducido el déficit fiscal del país hasta el 1%, uno de los niveles más bajos de toda América Latina. Pero no ha cumplido con la promesa de reducción de desempleo, que se mantiene en los mismos niveles que cuando llegó al poder. Esa cifra sigue cercana al 10%.

A pesar de las críticas, Toledo sentenció hace poco que cuando finalice su presidencia el próximo año, dejará "una economía sólida, creciendo alrededor del 5,5% anual". La previsión de su Gobierno, secundada por el Banco Central, es que la expansión de este año alcanzará el 7%. A pesar de los buenos datos, sin embargo, Perú sigue expuesto a la volatilidad de los mercados internacionales de materias primas. El crecimiento de la economía se ha sustentado en buena parte en el sector minero, que se ha engordado en los últimos años. Sólo en el último trimestre, la minería y la producción de hidrocarburos creció a un ritmo del 10,93%. Oro, zinc y plata encabezan la lista.

Las exportaciones se han disparado precisamente por los altos precios de estos materiales. En septiembre, el país disfrutó de un superávit comercial ya que las exportaciones escalaron un 29% con respecto al mismo mes del año anterior, hasta los 1.100 millones de dólares.

Esos avances, sin embargo, le han servido de poco a Toledo. Su popularidad se sitúa en el 15%, un nivel bajísimo en comparación con sus colegas latinoamericanos. Los expertos señalan, para explicar esa cifra, que los peruanos no sienten en su bolsillo los efectos del crecimiento económico. El Gobierno de Toledo, además, ha aplicado con disciplina de hierro las recomendaciones de organismos internacionales del Fondo Monetario Internacional (FMI). La ortodoxia económica que receta el FMI ha sido el eje de las políticas de su Gobierno.

La inflación, por ejemplo, se sitúa en el 1,2%. El déficit fiscal también ronda el 1% del PIB. Los pagos de la deuda externa han pasado del 55% del PIB en 1995 y ahora se encuentran en el 40%. El saldo por cuenta corriente entrará este año en positivo por primera vez en su historia (0,4% del PIB), gracias al récord marcado por el superávit comercial (4% del PIB), las reservas han alcanzado un máximo histórico (15.000 millones de dólares) y la acertada gestión de la deuda externa se ha traducido en un programa más cómodo de amortizaciones. Perú, aún así, sigue siendo un país vulnerable. Según el servicio de estudios de Caja Madrid, sufre de una "excesiva dependencia de los recursos naturales, alto endeudamiento y al reducido margen de maniobra que tiene en política económica". Toledo tampoco tiene mucho margen de maniobra: "en el ámbito fiscal, prácticamente sólo tiene capacidad vía ingreso pues el gasto es casi intocable por los compromisos sociales, y la gestión de la política monetaria sigue coartada por la elevada dolarización, a pesar de haberse reducido hasta el 70%" explica el estudio de Caja Madrid.

La incertidumbre política también se puede convertir en otro escollo para la gestión de Toledo, que finaliza su mandato el próximo año. El regreso del antiguo presidente Alberto Fujimori, como varios casos de criminales en su contra en Perú, al escenario político ha renovado los temores de inestabilidad política en el país. Fujimori, de momento, se encuentra detenido en Chile. Fernando Zavala, ministro de Finanzas insistió esta misma semana que los problemas políticos no tendrán repercusiones en la economía. Según Zavala, el país ya se encuentra en una posición de madurez donde los temas políticos no repercuten en la economía.

A pesar del optimismo del ministro, Toledo no ha conseguido que la buena andadura de la economía peruana suponga un aumento en su popularidad. Los buenos datos macroeconómicos no han desembocado en la creación de empleos que tanto ansiaban los votantes
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