| 1/1/1995 12:00:00 AM

El que persevera alcanza

Multidimensionales logró desarrollar, con la colaboración de Alpina, un vaso de fondo móvil para que no se deteriore la apariencia del Bon Yurt.

La apariencia es lo de menos, dice un conocido refrán. Pero cuando se trata de vender un producto, el empaque puede ser lo de más. De poco o nada sirven los controles de calidad aplicados en el sitio de origen a los productos finales, si éstos no son distribuidos en empaques atractivos y funcionales, a costos razonables. Está comprobado que las decisiones de los consumidores en los puntos de venta, muchas" veces no favorecen a los artículos más baratos, sino a aquellos cuya apariencia transmite mejor el mensaje del fabricante.

La importancia del empaque en el desempeño comercial de los productos no es exagerada. Esto lo saben bien en Alpina, donde tuvieron que vencer muchos obstáculos para que los vasos de Bon Yurt envasados en Bogotá no se deformen cuando son distribuidos en ciudades al nivel del mar. Los vasos se "espichaban", como si estuvieran usados. Este fenómeno, conocido como el "colapsamiento" del envase, atentaba contra las ventas y la imagen de la compañía en la Costa Atlántica y, sobre todo, en Venezuela, donde el producto apenas estaba siendo posicionado.

El colapsamiento tiende a presentarse por una sencilla razón. En el momento en que los vasos de yoghurt son sellados herméticamente, queda cierta cantidad de aire entre el nivel de llenado y el del aluminio. Este aire tiene la presión atmosférica de la ciudad donde se lleva a cabo el envasado. En el caso de Bogotá, la presión es relativamente baja por el hecho de que la capital se encuentra a 2.600 metros sobre el nivel del mar. A menor altura, la presión atmosférica es mayor que la del aire contenido en los vasos. La diferencia de presiones es la responsable de que se deforme el envase. En un producto como Bon Yurt, en el que el espacio entre el líquido y la tapa es mayor para permitirle al consumidor mezclar el cereal con el yoghurt, el colapsamiento es mucho más notorio.

Una vez identificada la causa de este fenómeno, vino lo realmente complicado: diseñar y fabricar otro envase de 170 gramos que fuera resistente a la diferencia de presiones. Este fue un proceso largo y dispendioso que puso a Alpina a trabajar en equipo con Multidimensionales, fabricante de los vasos plásticos en que se distribuye el yoghurt. "Tuvimos que emplear una cámara de compresión, similar a las que se utilizan en buceo, para experimentar la resistencia de los envases a diferentes presiones", recuerda Alberto Peisach, gerente administrativo de Multidimensionales. "Cada vez qué un conocido nuestro viajaba a Barranquilla o a cualquier otra ciudad al nivel del mar, le pedíamos que llevara consigo un vaso de yoghurt y que nos llamara por teléfono a contarnos lo que observara", añade Peisach.

En conjunto, ambas empresas hicieron numerosos ensayos antes de obtener resultados satisfactorios. El primer intento de solución al colapsamiento consistió en aumentar el espesor de las paredes laterales del vaso. Así, el Bon Yurt comenzó a ser distribuido en Bogotá en envases de 8 gramos y de 11 gramos en el resto del país. Pero el fenómeno continuó presentándose, de manera que probaron envases con paredes de hasta 13 gramos, sin lograr resolver el problema. Parecía como si nada fuera capaz de evitar la deformación del envase cuando éste entraba en contacto con presiones atmosféricas elevadas. Aun así, no se desanimaron.

Una emoción muy grande embargó a los diseñadores cuando, después de muchos intentos fallidos, dieron con la solución: un envase con un fondo móvil que pudiera adoptar diferentes convexidades dependiendo de la diferencia de presiones atmosféricas, sin alterar la apariencia del producto en los puntos de exhibición. Lo más difícil, sin embargo, estaba por venir. Los vasos plásticos se fabrican a altas temperaturas mediante una técnica conocida como termoformado, de la cual se obtienen normalmente envases de fondo muy rígido. Fue necesario depurar mucho la técnica para obtener una base falsa donde pudiera alojarse el fondo móvil. El colapsamiento, desde luego, se sigue presentando, pero ya no se deforma el envase. Simplemente, se "infla" el fondo del vaso, sin que esto sea percibido por los consumidores.

Según Peisach, "Multidimensionales se distingue por su capacidad técnica. Tres años antes de la apertura comenzamos a prepararnos para enfrentar la competencia internacional, reorganizar el negocio y dedicarnos a lo que mejor sabemos hacer: empaques". Detrás de esta compañía se esconde la experiencia de cuatro empresas que le dieron vida, pues entre 1991 y 1992 se fusionaron en ésta Tecnoformas Poliméricas, Plásticos Multidimensionales, Multitubos y Procesos-Productos Poliméricos.

Cuando se perfeccionó esta operación, disminuyeron los resultados operacionales básicamente por dos conceptos. De una parte, la compañía fusionada tuvo que absorber los altos inventarios de las demás y, de otra, fue necesario reestructurar la fuerza de administración y ventas. Sin embargo, la fusión permitió que las ventas de Multidimensionales pasaran de $2.000 millones en 1990 a $23.000 millones en 1993, y que sus activos totales se incrementaran en más de 500%, al pasar de $3.000 millones a $16.000 millones.

Con la apertura, la empresa decidió incursionar en otra área: el comercio de platos y vasos desechables, para lo cual ha hecho una alianza estratégica con inversiones

Zelma, el principal fabricante de esta clase de productos en Venezuela. A cambio, Multidimensionales exporta a ese país y otros mercados de la región empaques "de alto valor agregado, por su elevado componente tecnológico", señala Peisach.

En la empresa "realizamos todas las etapas del proceso: el diseño de los empaques con la ayuda de computadores, la elaboración de los moldes y la impresión final".

Entre más se abren los mercados a la competencia internacional,

mayor importancia adquieren no sólo los empaques, sino también los embalajes en que son transportadas las mercancías desde la fábrica hasta los distintos canales de distribución. Muchas veces los productos deben cubrir grandes distancias. sometidos a una manipulación devastadora. Por eso no es sorprendente que el pasado octubre, en un concurso de diseño de empaques organizado por Andina-Pack, haya sido entregada la medalla de oro a un proyecto presentado en conjunto por Alpina, Multidimensionales y Smurfit Cartón de Colombia, fabricante de unas cajas corrugadas que logran maximizar el número de unidades de yoghurt transportadas.

Esta distinción tiene un gran significado si se tiene en cuenta que en el evento, celebrado en Medellín, participaron fabricantes y usuarios de empaques de todos los países miembros del Pacto Andino. Los criterios de calificación estuvieron a la altura de eventos internacionales de esta naturaleza. El cumplimiento de estrictas exigencias de protección y conservación del contenido, información al consumidor y eficiencia en los procesos de fabricación, llenado y distribución física, fue tenido en cuenta por el jurado. Este premio les permitirá a Multidimensionales y a Smurfit Cartón de Colombia ser las primeras empresas colombianas en participar en el concurso mundial de empaques World Start 1991 que se celebrará en Birmingham, Inglaterra, en diciembre de este año.
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