| 5/9/2012 6:00:00 PM

El nuevo Campín

Con un presupuesto de más de $1 billón, en el despacho del Alcalde de Bogotá ya está la propuesta para tumbar el estadio El Campín y transformar la cara de esa zona de la capital.

El pasado 4 de abril, mientras el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, terminaba de afinar los últimos detalles del Plan de Desarrollo de Bogotá, a su despacho llegó una propuesta más que innovadora. Era un extenso documento, elaborado por las constructoras Ospinas S.A. y Juan Gaviria Restrepo y Cía., que planteaba cambiar por completo el lánguido rostro de las 22 hectáreas sobre las que hoy están el coliseo y el estadio El Campín.

No se trataba de cualquier propuesta: era, ni más ni menos, tumbar los dos viejos escenarios deportivos para abrirle paso a un complejo centro cultural, empresarial y hotelero. Algo que los gestores del proyecto han llamado un espacio de uso mixto.

Los alcances de la iniciativa no tienen antecedentes en Bogotá. Según palabras de Andrés Arango, presidente de Ospinas S.A., la obra contemplaría siete etapas: un estadio multipropósito –conciertos, partidos de fútbol, etc.–, una plaza de eventos masivos de 40.000 m2, un escenario cultural, un hotel, un centro de convenciones, una torre de oficinas y un centro comercial (ver imagen).

Su valor no es para nada despreciable: poco más de $1 billón. Y estaría terminado en 2015. Pero lo más revolucionario para la ciudad es que el total de los recursos saldrán de las chequeras de las dos constructoras que están al frente de la iniciativa. “También vamos a contar con la presencia de consultoras extranjeras –explica Arango–. Son empresas con mucha experiencia en la puesta en marcha de este tipo de obras de infraestructura que, por temas de confidencialidad, no podemos mencionar”.

Hoy, esos detalles están sobre el escritorio de Gustavo Petro. Y en menos de dos meses deberá decirle a la ciudad si la propuesta es viable o no. Según fuentes muy cercanas al Alcalde, la probabilidad de que le dé luz verde es muy alta. Básicamente por dos razones. La primera, porque es un proyecto en el que el Distrito no tendría que meterse la mano al bolsillo, pues se ejecutaría mediante la Ley de Asociaciones Público Privadas (APP), aprobada el pasado mes de diciembre (ver artículo Los números del tranvía).

El segundo motivo es político. Uno de los tres ejes articuladores del Plan de Desarrollo de Petro hace especial énfasis en revitalizar el centro de Bogotá mediante grandes obras de infraestructura. Un discurso que el Alcalde viene defendiendo a capa y espada desde sus épocas de candidato y que parece ajustarse a la medida exacta del cambio extremo que proponen para la zona del Campín.

La magnitud del proyecto es tal, que empresarios de gran peso están tentados de enviar sus propias propuestas. Sería el caso de la organización Ardila Lülle que, según altos asesores de la Administración distrital, estaría diseñando su versión para remozar la zona y presentarla dentro de pocos días en el Palacio Liévano.

Por lo pronto, antes de que termine el primer semestre del año podría conocerse el destino de El Campín. Si las propuestas que estudia con lupa Petro llegan a feliz término, sería este el comienzo de la revolución inmobiliaria en un sector estratégico de Bogotá que, sin lugar a dudas, está llamado a convertirse en el ícono arquitectónico de la capital.

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