El misterios del capital

| 12/18/2000 12:00:00 AM

El misterios del capital

Los pobres del mundo solo dejarán de serlo cuando logren convertir sus activos en capital. ¿Cómo? En entrevista exclusiva con Dinero, el peruano Hernando de Soto plantea una salida para el mayor problema de la economía mundial.

Los pobres del mundo en desarrollo poseen activos por US$9,3 trillones, una suma que se acerca al valor de las empresas listadas en todas las bolsas de valores del mundo. Sin embargo, siguen siendo pobres. ¿Por qué? Aunque están sentados en un mar de activos, no tienen capital. Sus activos no son capital porque hay enormes restricciones para movilizarlos hacia la generación de nueva producción y nuevos ingresos. Esta es la tesis principal del libro El misterio del capital, publicado recientemente por el intelectual peruano Hernando de Soto. La clave del problema está en que los países en desarrollo no han logrado descubrir la esencia del éxito del desarrollo occidental: sus sistemas de propiedad, mejor definidos como el proceso social de representación de activos que permite convertirlos en capital.

Francis Fukuyama ha dicho que esta exploración de las fuentes del capital en los países pobres constituye el más promisorio enfoque para superar la pobreza en muchos años. El mercado parece ser de la misma opinión: en dos semanas, el libro vendió 90.000 copias en Perú y ya figura entre los cinco libros de economía más comprados en Amazon.com. Dinero entrevistó en forma exclusiva a Hernando de Soto para discutir con él las ideas y las enormes implicaciones de su más reciente obra.



¿Qué contiene su libro?



La explicación de cinco misterios de nuestros países en desarrollo. Uno, la información que los economistas no habían podido descubrir. Dos, la explicación de cómo se produce verdaderamente el capital para producir riqueza. Tres, el tardío reconocimiento político en nuestros países de esta necesidad. Cuatro, la verdadera lección del desarrollo occidental y en particular de Estados Unidos: el desarrollo de su complejo y potente sistema de propiedad. Y cinco, la falla legal: por qué no funciona el simple transplante de tal sistema de propiedad en nuestros países.



¿Por qué dice usted que los pobres no son tan pobres?



Al comparar datos de países tan disímiles como Filipinas, Egipto, Haití y Perú, concluí que los pobres tenían muchos más activos que los que registran los estudios de pobreza. Pero tienen los activos en forma defectuosa. Las casas son construidas en tierra cuyos derechos de propiedad no son registrados, como tampoco lo están los de los negocios. En cifras, los activos de la población considerada pobre, contabilizando propiedad raíz y negocios informales, son de US$9,3 trillones. Cerca de US$1,7 de ellos está en Latinoamérica. Este monto es igual al valor de todas las compañías listadas en las bolsas de valores del mundo o a 20 veces la inversión extranjera destinada al Tercer Mundo en los últimos 10 años.







¿Por qué hay tanta pobreza, entonces?



Porque esos activos están muertos. Como los derechos sobre las posesiones no están adecuadamente documentados, estas no pueden ser transadas más allá de los círculos de vecinos y es imposible usarlos como colateral para un préstamo o convertirlos en acciones sobre una inversión. El 80% de la población no puede hacerlos generar capital, porque la ley los mantiene fuera del sistema formal de propiedad.



En este punto es donde encuentro confusiones en las discusiones sobre pobreza y desarrollo. El capital no debe entenderse como el stock acumulado de activos, sino como el potencial para generar nueva producción, como un proceso representacional, en el que los activos van más allá de su vida material. Por eso, la propiedad es un medio para motivar a la gente a crear valor.



La paradoja es que la mayoría de los pobres ya poseen los activos que necesitan para hacer exitoso el capitalismo. Los pobres tienen cosas, pero carecen del proceso de representar su propiedad y crear capital. Tienen casas, pero no títulos, cosechas pero no derechos sobre ellas, negocios pero no estatutos corporativos. Los activos de la mayoría no están propiamente documentados ni protegidos por una burocracia profesional de la propiedad. Eso quiere decir que el sistema capitalista es excluyente: a la gente hay que darle los medios para participar en un sistema ampliado de mercado.



Las empresas de los pobres son como sociedades que no pueden emitir acciones o bonos para invertir y financiarse, pues carecen del proceso de representación de su propiedad para crear capital. Yo creo que en nuestros países la masa oprimida no la constituyen tanto los proletarios, cuanto los pequeños empresarios que, aunque tienen una cantidad importante de activos, son oprimidos por un sistema excluyente de propiedad.



Usted sugiere que hay que releer la historia del capitalismo occidental para descubrir la forma de lograr el desarrollo. ¿Cuál es la lección del capitalismo estadounidense?



Pienso que algunos críticos no han leído bien la historia. Desde la caída del muro de Berlín, el capitalismo se ha convertido en la única forma racional de organizar una economía moderna. El problema es su implantación, pues en nuestros países hemos querido construir capitalismo sin capital. Los países ricos de Occidente han podido construir un sistema que convierte los activos de la gente en capital, que a su vez genera nueva riqueza. El punto esencial es que han logrado elaborar un proceso representacional para el potencial invisible de los activos que acumulamos. El misterio del capital es entonces la disponibilidad de una infraestructura legal y de protección que permita ese proceso.



¿Qué nos impide crear riqueza?



Un ejemplo reciente de Perú puede ser útil para responder a esa pregunta. La empresa de teléfonos de ese país fue valorada por unos peritos ingenieros hace unos años en US$500 millones. Sin embargo, cuando llegaron los abogados y los financistas a los due diligence, encontraron que casi ningún activo de la compañía estaba debidamente documentado. Se inició un complejo y tedioso proceso de reconstrucción económica y legal de sus activos, que rindió frutos porque finalmente la empresa se vendió por US$2.000 millones. El proceso de representación legal de los activos mostró un valor cuatro veces mayor que el realizado inicialmente por los ingenieros.



¿Cuáles son los elementos básicos del sistema de propiedad que permiten desarrollar capital?



Son económicos, legales y políticos. El primer paso es determinar el potencial económico de los activos, representándolo por escrito, e integrando los sistemas de información para superar la dispersión de registro que hoy existe en nuestros países. El segundo paso es responsabilizar a la gente de sus actos, desplazando la legitimidad de los derechos al terreno de la ley. En otras palabras, imponer restricciones, establecer reglas y compromisos, y aplicar sanciones. Hay que hacer fungibles a los activos y accesibles para las transacciones.



¿En qué fallan nuestros países?



Algunos intelectuales dicen que el problema es cultural, que nuestro ethos no permite el desarrollo de los sistemas de mercado. Encuentro que eso no es cierto porque las ciudades del Tercer Mundo están inundadas de potenciales empresarios, a quienes les sobran entusiasmo y habilidad para sacar ganancias de la nada. Por eso, pienso que el asunto es más bien de corte legal: si el 80% de las transacciones no se realiza conforme a la ley, el problema es la ley.



Nuestros sistemas legales han sido construidos por juristas alejados de la realidad solo para "hacer justicia" y han ignorado su potencial para transportar valor. Los países occidentales han tenido una percepción distinta: la ley es lo que los juristas descubren y sistematizan a partir de la fina observación de la realidad. Los europeos y estadounidenses tienen mecanismos para rendir cuentas durante la formación de las normas a los ciudadanos. Si no lo hacen, estos pueden revertir normas que no se ajustan a la realidad. Esta forma de crear la ley contrasta marcadamente con la nuestra, en la que se establecen miles de normas sin volver a consultar al ciudadano. Por eso, nuestros marcos institucionales para una economía de mercado están truncados.



Hay un ejemplo en Estados Unidos que ilustra esta idea. Hace 25 años, las nuevas compañías de la información no lograban financiarse por medio de la banca. Un grupo propuso que las pequeñas empresas documentaran su valor potencial en bonos para vender en mercados especiales. El resultado fue que se crearon mecanismos alternos a la banca para transformar valor y más interesantes que los préstamos tradicionales. En Asia y Europa también se han encontrado formas novedosas de titularizar el valor de las cosas y el sistema legal se ha ido adecuando.



¿Qué pueden hacer los gobiernos?



La receta para el desarrollo no puede ser simplemente estabilizar la moneda, liberar el comercio y esperar pacientemente la llegada de los inversionistas extranjeros. Si uno estudia las revoluciones asiáticas de las últimas décadas se da cuenta de que no son revoluciones económicas, sino revoluciones en derecho.



La única opción para nuestros gobiernos es integrar el potencial de sus activos en un marco legal coherente para fundar un verdadero sistema de propiedad legal. Hay que rediseñar y poner en operación sistemas jurídicos y administrativos para que los dueños de los activos y los negocios puedan pasarlos de la actual extralegalidad a la legalidad.



Pero crear una forma alternativa de construir el derecho puede tardar mucho tiempo. ¿Hay soluciones rápidas?



Estoy convencido de que sí pueden encontrarse soluciones rápidas. A principios del siglo pasado, los suizos eran los más pobres de Occidente y en menos de 20 años transformaron sus derechos de propiedad y se volvieron uno de los países capitalistas más poderosos del mundo. Los japoneses lo hicieron en dos o tres años. Es cuestión de querer hacerlo. En las revoluciones asiáticas, por ejemplo, hubo mecanismos de consulta sobre normas referentes a actividades de pequeños campesinos. Construyendo mercados democráticamente, terminaron evolucionando hacia la democracia porque a la larga una economía de mercado no es sostenible sin democracia.



¿Por qué es relevante su libro para la Colombia de hoy?



En Colombia, como en Perú, buena parte de la gente comercia, hace vivienda y negocios fuera de la ley. Llegó el momento de preguntarse si todos estos procesos ilegales no serán en el fondo la fuente del futuro. En los países europeos, cuando el Estado burgués se reconcilió con los que estaban fuera de la ley se comenzó a crear la verdadera legislación de la economía del mercado. Napoleón ejecutó a más de 16.000 microempresarios, porque comerciaban fuera de los estatutos planteados por el gobierno. Y hubo una gran rebelión popular contra la ley que estaba escrita en los libros. Lo mismo pasó en Estados Unidos, donde la revolución fue hecha por los contrabandistas y los buscadores de oro de California en contra de una ley impuesta por Inglaterra.



La clave está en sensibilizar el sistema político a las verdades que vienen desde abajo. Los verdaderos visionarios fueron aquellos que se dieron cuenta de que la verdad no venía solamente de la ley impuesta.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.