| 3/28/2007 12:00:00 AM

El hombre que mejoró la vida de 30 mil personas

Con la ONG “Salud y Alegría” de Brasil, el médico Eugenio Scannavino ha llevado salud, educación y bienestar económico a 30 mil personas que viven a la orilla del río Tapajós, el segundo mayor afluente del río Amazonas. Esta es su historia.

Si de naturaleza se trata, los habitantes de la orilla del río Tapajós, en Brasil, tienen una riqueza que envidiarían en muchos lugares del mundo. Este río es el segundo afluente del Amazonas.

 

 Sus árboles se alzan imponentes a cada lado de sus viviendas. Ni hablar de la abundancia en fauna de esta zona conocida también como la Selva de Tapajós. No es extraño encontrar aves, monos, felinos y peces a donde quiera que se dirija la mirada. Esta región está situada en el Estado de Pará. Pero las vías para llegar resultan insuficientes, los hospitales no cubren las necesidades de la población, la educación por parte del Estado no es suficiente y lo más insólito, la contaminación vegetal del río, producto de la carga biológica que recibe de la selva, hace que sus habitantes (en su mayoría caboclos, es decir descendientes de indígenas con blancos) al tomar de éste el agua para su subsistencia, sufran enfermedades debido a problemas de mala nutrición.

Esta era la situación que hallaron el médico Eugenio Scannavino y la profesora de arte Marcia Silveira, quienes llegaron a trabajar en 1984 en el municipio de Santarem para realizar asistencia en salud en el área rural. La interrupción en la ayuda estatal para continuar con su trabajo comunitario. llevó a la creación de la ONG “Salud y Alegría” en 1987, la cual lidera ahora Scannavino.

Con el modelo de trabajo diseñado, se inició la atención y prevención en salud en 16 comunidades de los municipios de Santarem, Belterra y Aveiro. 20 años después se logró replicar el proyecto en 150 comunidades para llegar a 30 mil personas con programas de salud, educación y acceso a crédito para crear pequeños negocios. En estas tres localidades viven 292.650 personas en un área de 44.025 km2. Y “Salud y Alegría” es la mejor oportunidad que tienen para mejorar su calidad de vida. Su trabajo fue reconocido con el premio “El Emprendedor Social”, en 2005, como la mejor iniciativa social de su país, entre 125 participantes.

El proceso
Tras recibir la mala noticia de que su trabajo se suspendería por falta de presupuesto, Scannavino buscó ayuda de diferentes fuentes privadas, otras ONG y de la banca de inversión social. En la primera etapa del proyecto contó con el financiamiento del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social y la supervisión técnica de la Fundación Oswaldo Cruz de Brasil. Con este apoyo inició la elaboración de un diagnóstico para detectar los problemas de la población que requerían la solución más urgente. La comunidad participó directamente en este proceso, pues ella misma contó cuáles eran sus necesidades principales. Se destacaron el acceso a los servicios de salud, las elevadas tasas de mortalidad infantil y morbilidad por enfermedades infecciosas, parasitosis, falta de agua potable y saneamiento básico.

De inmediato se puso manos a la obra. Con el entusiasmo que lo caracteriza pensó que la mejor manera de llegar a esta comunidad era por medio de dos actividades. La primera: el circo Mocorongo, que a través de la alegría que transmite, facilita la integración del equipo profesional con la población. “La gente se impresiona más con el circo y así se le llega con profesionales en el tema de la salud, la educación, la inclusión social de los jóvenes y el cuidado del medio ambiente”, dice Eugenio.

La otra estrategia es la Red Mocorongo, que consta de una radio local, un informativo impreso para registrar las noticias y programas de televisión. En este espacio los jóvenes tienen una oportunidad de participar en el desarrollo de su comunidad, teniendo en cuenta que en la zona de trabajo de “Salud y Alegría”, más del 40% de la población tiene entre 6 y 24 años.

Sin la ayuda de los voluntarios, el proyecto no habría alcanzado el impacto que hoy tiene. Gran parte del éxito en la difusión de la labor de “Salud y Alegría” se debe a la capacitación de voluntarios como monitores en salud para la atención de las enfermedades más comunes, la orientación de las familias y la notificación y el monitoreo de los acontecimientos.

El barco de la salud es otro motivo de alegría para Eugenio. Con él las brigadas de atención llegan por el río a las comunidades más apartadas. “Nuestra meta con el barco-hospital es llegar con asistencia médica a más de 2.500 familias que están necesitando de esta atención”.

Resultados
Veinte años de trabajo se han visto reflejados en los resultados de la región de influencia de la ONG. Entre la población atendida por “Salud y Alegría”, la mortalidad infantil es de 27% por cada mil nacidos, frente a una mortalidad de 51% por cada mil nacidos en la zona que no es de su influencia. El acceso a alcantarillado es de 72% en los hogares atendidos, frente a 26% en los no atendidos. Menos de 13% de los menores en la zona de la ONG deserta del colegio, frente a un 18% en las zonas no atendidas y el analfabetismo es de 5.5% en la zona de la ONG frente a 11.27% que se presenta por fuera del área de atención de “Salud y Alegría”.

En materia económica también hay indicadores favorables. Desde 2002 se inició un programa de microcrédito que en ese momento favoreció a 16 comunidades y que en 2004 ayudó a crear pequeños negocios en 146 comunidades.

Un trabajo que no termina
Al tratarse de ayuda a la comunidad, Eugenio tiene claro que esta es una labor que no termina. Al contrario, su deseo es que más comunidades tengan la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida adueñándose de los programas que ejecuta la ONG.

 

 “Nuestro propósito es seguir trabajando en la multiplicación del modelo de forma horizontal para llegar a 60 mil personas al finalizar el año 2008”, afirma. Ese no es el único propósito. “Salud y Alegría” también trabaja en la preservación de la selva, amenazada por la tala indiscriminada para la adecuación de cultivos de soja, que es materia prima de un biocombustible.

“No queremos que la selva del Amazonas desaparezca o se vea reducida por el afán de obtener esta fuente de energía. Por eso requerimos de más recursos para continuar trabajando y para replicar este modelo a todas las personas a las que queremos llegar”, afirma.


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