| 8/5/2005 12:00:00 AM

El CAFTA sobrevive su prueba de fuego

El gobierno de Bush utilizó todo su peso político para asegurarse que el acuerdo comercial fuera aprobado por el Congreso

La victoria terminó siendo pírrica y dejando un mal sabor de boca, pero aun así supone un viraje trascendental para las relaciones comerciales entre Washington y América Latina. El gobierno de Estados Unidos dio esta semana el mayor paso de los últimos 10 años hacia la liberalización de su intercambio comercial con el extranjero. Desde que firmó el NAFTA con Canadá y México en 1994, las puertas de E.U. cerraron y la promesa de un gran bloque de libre comercio que abarcaría todo el continente (una promesa realizada durante la primera administración de Clinton) se desvaneció ante la llegada de una nueva ola de proteccionismo. Y luego llegó el acuerdo de libre comercio con Centroamérica y República Dominicana, denominado CAFTA por sus siglas en inglés.





En términos de volumen comercial se trata de un acuerdo casi insignificante: en un año todos los países del CAFTA exportan a Estados Unidos lo mismo que México en cinco semanas. Aun así, la batalla en Washington para conseguir que fuera aprobado fue encarnizada y la administración de Bush, a pesar de poner todo su peso político para asegurarse que el acuerdo fuera aprobado, apenas consiguió suficientes votos a favor. El margen fue mínimo: 217 congresistas votaron "sí" y 215 en contra. Quizá la peor señal es que el acuerdo fue aprobado gracias a un sinfín de promesas y acuerdos laterales para conseguir los votos.





Para acelerar la aprobación del CAFTA, y contrarrestar la oposición de los legisladores y la industria de los estados azucareros, el gobierno prometió mantener un límite para las importaciones anuales de azúcar mientras dure la actual legislación para subsidios agrícolas, que termina con las cosechas de 2007. Los representantes de estados textiles votaron por el CAFTA luego de recibir concesiones del gobierno, entre las que se incluyen medidas para atenuar la fuerte entrada de productos chinos. El Senado ya había aprobado el acuerdo por 54 a 45.





Pero como la constitución estadounidense requiere que los proyectos de ley que afecten los ingresos comiencen en la Cámara de Representantes, el Senado deberá votar nuevamente. Los defensores del pacto esperan que sea aprobado en forma unánime y sin otro extenso debate. Sin embargo, el CAFTA se aprobó con más votos que la autoridad de promoción del comercio de 2002, que fue aprobada por la Cámara de Representantes en 2001 y que George W. Bush esperaba, impulsaría cualquier acuerdo en la Organización Mundial de Comercio. La iniciativa implica que el Congreso sólo puede limitarse a dar luz verde o a rechazar cualquier acuerdo, pero no puede introducir cambios.





Las dificultades para conseguir aprobar el acuerdo, sin embargo, no han apaciguado las ambiciones de Bush. El presidente estadounidense tiene como claro objetivo de su política exterior aumentar la liberalización comercial, no sólo en América Latina, sino en el resto del mundo. Una estadística muy triste es que en los últimos 10 años la UE ha firma 30 acuerdos comerciales, de distintas magnitudes, mientras Washington apenas puede contar un puñado. Desde su llegada a Washington, sin embargo, Bush ha empujado más de media docena de acuerdos bilaterales, entre ellos con Chile, Marruecos y Singapur.



TLC andino

Las lecciones para las actuales negociaciones entre los países andinos y E.U. pueden ser duras. Por una parte, la aprobación del CAFTA sirve para desatascar las conversaciones entre Colombia, Ecuador y Perú con Washington. Desde hace ya casi dos meses se escucha la queja entre los negociadores andinos que sus contrapartes estadounidenses han metido el freno al TLC andino a la espera de que el CAFTA pasara su prueba de fuego en Washington. Ahora que ha sido aprobado, esto debería agilizar las negociaciones con lo países andinos. El gran temor, sin embargo, es que el margen para la aprobación ha sido tan estrecha que un TLC demasiado ambicioso posiblemente no pasaría el filtro de l Congreso estadounidense.
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