| 11/7/2007 12:00:00 AM

Desequilibrios mundiales

Tres temas mantienen la atención de los analistas alrededor del mundo. Los movimientos de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal, los precios del petróleo y el crecimiento sin límites de Asia.

Las reducciones de la tasa de interés de corto plazo en 25 puntos básicos, de 4,75% a 4,5%, por parte de la Reserva Federal en los primeros días de noviembre, así como de la tasa a la cual les presta a los bancos, aunque esperadas por los mercados, generaron gran incertidumbre. El motivo, la desconfianza entre los inversionistas frente al interés de esta entidad de hacer hasta lo imposible para que los mercados financieros sigan operando sin traumatismos. Y, en efecto, algo de razón tienen.

 

Al día siguiente de la medida, los mercados cayeron frente a los temores de que importantes entidades financieras, entre las cuales estaban el Citi y Goldman Sachs, irían a reportar nuevos problemas relacionados con las hipotecas subprime de los Estados Unidos, que les obligarían a hacer provisiones cuantiosas. Los precios de las acciones, especialmente las financieras, se desplomaron, a la vez que subieron los precios de los bonos en Estados Unidos y Europa. La respuesta de la Fed ante esta nueva reacción de los mercados fue inyectar liquidez temporal al sistema bancario por US$41 billones, la más grande desde 2001.

 

Desde el comienzo de la debacle de las hipotecas subprime, a finales de julio, se ha insistido en la gravedad de la misma, por la cantidad de hogares comprometidos, pero también porque, a raíz de la sofisticación de los mercados financieros, la misma se extendió a las principales entidades financieras de Estados Unidos y Europa.

 

De cuánto es el hueco, nadie lo sabe, pero si sigue creciendo, es muy posible que otras entidades se vean afectadas como por ejemplo las aseguradoras especializadas que proveen las garantías de crédito a los prestamistas e inversionistas, ya que podrían perder su buena calificación. Si esto llegara a suceder, se podría desencadenar un efecto dominó que podría reducir el valor de los bonos que han asegurado. Estas compañías aseguran tanto papeles respaldados en hipotecas como bonos municipales, que son menos riesgosos. Estas preocupaciones llevaron a un incremento fuerte en el costo de asegurar deuda contra la posibilidad de un no pago.

 

Los bancos centrales actúan y los mercados se calman, pero solo dura hasta que se anuncia la siguiente tanda de pérdidas por cuenta del sistema hipotecario de Estados Unidos. Muy posiblemente estas seguirán, en la medida en que crezcan las deudas vencidas. De hecho, estas se duplicaron en el último año.

Petróleo, precios en alza
Como si la incertidumbre en los mercados financieros no fuera suficiente para desequilibrar las cargas entre los diferentes países, los precios del petróleo se están acercando al récord histórico que tuvieron en 1979, lo que está generando todo tipo de especulaciones frente a la capacidad de la economía mundial de absorber este nuevo golpe.

 

Por razones geopolíticas que tienen que ver con el programa nuclear en Irán, así como por el bajo nivel de inventarios de petróleo en Estados Unidos, sobre todo antes del invierno y por la devaluación de dólar, los precios del crudo se encuentran por encima de los US$90 por barril, con una alta probabilidad de que sigan aumentando. En términos reales, es decir, descontando la inflación, el precio del petróleo está en el nivel más alto desde comienzos de los ochenta, aunque por debajo del precio al que llegó en 1979, equivalente a precios de hoy a US$100-US$110 por barril.

 Los traders del petróleo afirman que los flujos especulativos, sumados a los fundamentales, deberían empujar aún más los precios hacia arriba, por encima incluso del alto histórico. Pero, aún así, los analistas, entre quienes está el ex presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, opinan que no habrá un gran impacto sobre la economía mundial, debido a que el mundo desarrollado ya no es tan dependiente del petróleo, y porque las razones detrás de los incrementos de precios recientes son diferentes a las que estuvieron presentes en las crisis anteriores.

En 1979, la crisis surgió por los problemas políticos en el Medio Oriente y por una escasez de oferta. Tuvo implicaciones serias sobre la demanda, lo que llevó a que los precios llegaran a un nivel históricamente alto. Actualmente, de acuerdo con los países miembros de la Opep, no hay escasez; lo que sí hay es especulación.

 

También hay opiniones encontradas con respecto a lo que es un precio equivalente hoy al que ha sido considerado el precio históricamente más alto de l979. El consenso se sitúa entre US$100 y US$120 por barril.

 

De otra parte, si el precio se corrige por la evolución a través del tiempo del ingreso per cápita de los países ricos, se obtiene que, tanto el precio actual como el de 1979, podrían estar muy por debajo del nivel histórico. ¿Qué significa esto?

 Mientras que con el ingreso per cápita de los países del G7, entre 1980 y 1982, se podían comprar de 320 a 350 barriles de petróleo, con el actual se pueden adquirir 456 barriles de crudo. Esto sería, en términos de precios, el equivalente a una cotización de US$120-130 por barril.

El aumento de los precios ha llevado a la petición por parte de los países consumidores para que la Opep, ante la reducción en los inventarios, aumente la producción. Los precios siguen subiendo a pesar de que la Opep ya aumentó la producción en 500.000 barriles diarios a partir de septiembre. Frente a esta nueva petición, la respuesta de la organización es la de que los precios están subiendo por especulación y por razones geopolíticas, y no por escasez en la oferta.

Asia, la gran sorpresa
En medio de la turbulencia de los mercados financieras en Occidente, de la desaceleración de la economía de Estados Unidos y del aumento en los precios del petróleo, Asia sigue creciendo como si fuera inmune a lo que sucede en el resto del mundo. Esto ha llevado a muchos a concluir que las economías de Asia se separaron de las de occidente y, en particular, de la de Estados Unidos, que tradicionalmente había sido la locomotora mundial. De otra parte, hay quienes afirman que se trata de una burbuja, ya que difícilmente los países de esta región podrían despegar por sí mismos.

 

Una muestra de la importancia de Asia y de sus mercados es el reciente IPO de Alibaba.com, el website Business-to-business de mayor crecimiento en el mundo. No solo es el IPO tecnológico más grande, después de Google, y el más grande de la China de un IPO de internet, sino que es el primero de esta dimensión que no se hace en Nasdaq, sino en Hong Kong. Este sin duda es un momento histórico para el sector tecnológico de Asia.

 

En China, los inversionistas ignoran las advertencias de Alan Greenspan y de Warren Buffet en el sentido que los mercados accionarios de esta región están atravesando una burbuja y que pronto se reventarán. La Bolsa de Shangai se ha multiplicado por seis en los últimos dos años.

 Pero el boom de Asia no solo es de IPOs y de mercados accionarios. Las compañías han logrado financiarse a través de deuda, fondos de capital por US$50 billones y fusiones y adquisiciones. A favor está el hecho que los bancos de esta región no se vieron afectados por la crisis de subprime de Estados Unidos, como sí lo estuvieron los de Europa.

La pregunta que se hacen los analistas, frente a este aparente divorcio de Asia del mundo occidental, es si las economías de esa región van a poder salir adelante a solas, a la vez que cae la de Estados Unidos.

 

Por un lado, están quienes opinan que las razones del crecimiento en Asia son puramente internas, en la medida en que el consumo y la inversión crecientes complementan las exportaciones. El consumo de los hogares creció 50% entre 1996 y 2006 en India, Malasia, Singapur y las Filipinas, y más de 130% en China.

 

El comercio en los países de Asia también está impulsando la economía de la región. Mientras que las exportaciones de Japón a Estados Unidos se redujeron 9,2% en septiembre, a la región aumentaron 8,3%.

 Pero también están los escépticos que ven a Asia como una región altamente dependiente de las exportaciones, con una participación de las mismas en el PIB del 40%. Argumentan que sí, que el comercio intra regional ha aumentado, pero que mucho del mismo es de componentes para producir bienes que posteriormente son exportados a Estados Unidos.

Lo cierto es que aún tendrá que pasar algún tiempo para poder saber quiénes tienen la razón. En el entretanto, en la medida en que la economía de Estados Unidos se desacelera, los capitales se están yendo a Asia, y dentro de Asia a China e India. Dos países que crecen por encima del 10% anual.

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