| 12/1/2005 12:00:00 AM

De mal en peor

Francisco Cajiao asegura que los resultados de la última prueba del ICFES parecen mostrar un deterioro en los puntajes de ciencias sociales y lenguaje. Por otra parte muestran un aumento en las brechas de calidad entre un pequeño número de colegios y el resto.

No son datos insulsos ni intrascendentes. ¿Qué pasa en un país que está forzado a proyectarse al resto del mundo, para no aislarse del todo en épocas de globalización, si sus ciudadanos no saben quiénes son, de dónde vienen y con quiénes se relacionan? Ya es grave que el ciudadano no conozca su historia, no tenga interés por su cultura y no tenga un dominio apropiado de su lengua, pues esto deteriora la capacidad de participación racional en el desarrollo de la sociedad y de sus instituciones. Basta escuchar un debate en el Congreso para espantarse de las tonterías que pueden decir los honorables representantes del pueblo, usando, además, un lenguaje de una pobreza sublime. Y eso para no mencionar la ignorancia que muestran personajes que se hacen públicos por su participación en el deporte, la farándula o los reinados. Las ocasionales encuestas que hacen los medios de comunicación por las calles, con ocasión de fiestas patrias, es otra ocasión de espanto.

Pero peor que todo eso es pasar por un colegio o una universidad en los que mucha gente joven, la más educada, y constatar que ignoran casi todo sobre casi todo lo que una persona medianamente culta debería saber. Es inconcebible que en facultades de economía, negocios internacionales, administración de empresas y medios de comunicación no se enseñe historia y geografía para medio entender en qué planeta suceden los acontecimientos de los cuales se ocuparán profesionalmente los que hoy estudian para dirigir el país. La experiencia de dictar una clase en un colegio de bachillerato o en una universidad es alucinante: si se hace referencia a un mito griego, a un acontecimiento bíblico, a una obra literaria universal o a un país de Europa Central, se ven unas caras de sorpresa realmente conmovedoras, pues semejantes referencias o nombres son tan desconocidos que no resulta extraño que en algún momento se asocien con un grupo de Rock o un futbolista.

Recuerdo que, a raíz de la destrucción de Irak por parte de Estados Unidos, me invitaron a un colegio a explicar lo que significaba semejante crimen contra la cultura, teniendo en cuenta que justamente allí estaban los rastros de la cultura sumeria, el origen de la escritura, la invención del ladrillo y los primeros códigos jurídicos de la humanidad. En la forma más didáctica -la misma que usaba hace 25 años, cuando era profesor de sociales en primaria-, comencé a recordarles a los chicos que en esa medialuna del oriente fértil se había iniciado la historia de Abraham, que desde allí había llegado el pueblo de Israel a Egipto, que allí había regresado un día ese pueblo sometido por Babilonia. Les hablé de Moisés y del desierto de Sinaí. Pero ningún niño había escuchado jamás ni los nombres ni las historias, que estando tan pegadas a mitos universales que hacen parte de la raíz de esta cultura judeo cristiana a la que pertenecemos, uno imaginaría que algo conocerían. Pero no. Si les hubiera hablado de superconductores se hubieran sentido más cómodos. Luego intenté lo mismo en una universidad y la reacción fue idéntica.

Sobra decir que con esta cantidad de ignorancia en la cabeza es difícil estudiar psicología, porque nadie sabe nada de Edipo o Electra, de Narciso o de Sade. Y tampoco podrán saber qué quiere decir eso de eros y thanatos. Difícil acceder a un curso elemental de democracia cuando se ignora que Atenas y Esparta eran dos Estados distintos con constituciones políticas diversas. Tampoco se puede entender la raíz de la violencia y la guerra, o el conflicto de tierras de los indígenas del Cauca, sin tener la menor idea sobre la historia de nuestro país y la forma como se produjo el proceso colonizador.

Todo esto para no hablar de la dificultad de organizar un viaje o insertarse en los circuitos del comercio internacional sin saber dónde queda China, cuáles son los países de Africa Subsahariana o cómo quedaron los países de la antigua Unión Soviética. Si además de todo esto no logran entender lo que leen y menos son capaces de escribir lo que leen, estamos en una situación verdaderamente grave de embrutecimiento colectivo.

No es suficiente con que casi el 50% de quienes entran a primero de primaria abandonen la escuela antes de completar el bachillerato, o con que sólo llegue a la universidad el 17% de quienes terminan bachillerato -de los cuales apenas la mitad concluye su carrera-, sino que quienes llegan al final de esta carrera de exclusión terminan sin saber en qué planeta habitan. Estos son los que nos van a dirigir, porque siendo los más preparados llegarán a las altas posiciones políticas y económicas del país.

Es un hecho que al Ministerio de Educación la tarea de la calidad le ha quedado grande. Los gobiernos; por desgracia, no logran superar las metas de corto plazo y por eso deberían impulsar la organización de grupos más juiciosos en la tarea de pensar la educación del país con mayor reposo.
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