| 4/15/2009 12:00:00 AM

Cumbre termina fantasía del libre comercio en las Américas

El libre comercio, lejos ya de ser la fantasía que forjó la primera cumbre de las Américas hace 15 años, será ignorado esta semana por los presidentes en la quinta versión del encuentro.

El comercio no estará ausente de las deliberaciones de los 34 gobernantes, pero su nivel de importancia en la integración regional se reflejará discretamente en la declaración final con apenas una mención a no obstruirlo con proteccionismo para no retardar la recuperación económica global.

Los dirigentes estarán asumiendo así una posición retomada por las cumbres de noviembre y abril del G20 (de naciones ricas y las más ricas entre las pobres) y que bien pudo haber sido válida hace más de siete decenios cuando el proteccionismo estadounidense convirtió una recesión en la Gran Depresión que precedió a la II Guerra Mundial.

Los expertos dicen que la mayoría de países viene a la cumbre de Trinidad y Tobago preocupada, escéptica y esperanzada: Está preocupada por el proteccionismo comercial estadounidense, escéptica acerca del discurso estadounidense y esperanzada en que Estados Unidos, con su nuevo presidente, no trate de manejar unilateralmente las relaciones.

Hacer del continente un solo mercado fue una idea planteada el 27 de junio de 1990 en la Casa Blanca por el presidente George W.H. Bush cuando anunció la llamada Iniciativa de las Américas (Enterprise for the Americas Initiative).

En diciembre de 1994, su sucesor Bill Clinton, todavía convencido de lo mismo, convocó la primera cumbre americana en Miami. Los presidentes, entusiasmados también por la idea, acordaron unánimemente entonces "empezar inmediatamente" a construir el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

La meta de 2005 para "concluir la negociación" encontró, sin embargo, a los países divididos y al ALCA malherido.

En la cumbre de ese año en Mar del Plata, Argentina, el presidente George W. Bush, hijo del previo Bush, encabezaba el grupo latinoamericano de apoyo incondicional. Los estados del Caribe apoyaban también, aunque no muy convencidos por el menor tamaño de sus economías, y el bloque del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) con el refuerzo de Venezuela, estaba abiertamente en la oposición.

"El ALCA es hoy un proyecto muerto", dijo Cynthia J. Arnson, director del programa para América Latina del Woodrow Wilson Center, en Washington. "Incluso los acuerdos comerciales bilaterales son extremadamente difíciles de lograr ahora".

Dijo que en el orden actual había opiniones diferentes sobre la utilidad del comercio exterior y el libre comercio en particular para generar desarrollo en la lucha contra la pobreza, por lo que "me sorprendería" que en la declaración de Puerto España se hiciera una mención del comercio más amplia de lo que ha hecho el G20 recientemente.

Otros, sin embargo, creen que algunos dirigentes presionarán a Estados Unidos para honrar sus compromisos con Colombia y Panamá aprobando los tratados bilaterales de libre comercio ya negociados y que están en el limbo político de la nueva administración del presidente Barack Obama.

Bush negoció esos acuerdos y dijo que si bien se iba sin ver el sueño del ALCA de su padre realizado estaba orgulloso de haber ligado a Estados Unidos con dos tercios del continente mediante ese tipo de tratados.

El Mercosur no necesariamente se opuso al libre comercio. El presidente Luiz Inacio Lula da Silva, su abanderado, siempre ha dicho que creía que "el libre comercio debe ser libre para todos y no sólo para uno", una referencia a la frustración de que Estados Unidos no pretendía abrir los sectores de interés brasileño a esa modalidad.

Thomas O'Keefe, presidente de Mercosur Consulting Group, de Washington, cree que la región está todavía interesada en todas las modalidades del comercio y que era más bien Obama quien deseaba que el tema estuviera fuera de agenda en esta cumbre.

"Esto es algo increíblemente ingenuo", dijo O'Keefe, autor del libro Acuerdos de Comercio en América Latina y Caribe: Clave para una América próspera. "Será como un bumerán y perseguirá a la administración Obama como fantasma en el futuro".

La primera cumbre a comienzos de la década de 1990 se realizó cuando América Latina cerraba la llamada "década perdida" de 1980, un periodo de hiperinflación, devaluación, endeudamiento y violencia armada.

Roger Noriega, ex subsecretario de Estado de Bush para el Hemisferio Occidental, cree que con el soslayamiento del comercio como instrumento de desarrollo, la región puede estar poniéndose riesgosamente a la entrada de "otra década perdida".

"Es cosa de tiempo para que los latinoamericanistas renueven sus quejas de que los problemas de la región son el resultado de la indiferencia estadounidense", esta vez con Obama, escribió recientemente Noriega, miembro del American Enterprise Institute (AEI), de Washington.

El ALCA, que había sido el tema dominante de cada cumbre americana, no sólo se derrumbó en Puerto Plata sino que el presidente venezolano Hugo Chávez emprendió un movimiento de contraposición llamado ALBA (Alternativa Bolivariana de las Américas), que tiene ya entre sus miembros, unos más abiertos que otros, a Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Honduras, Paraguay y la República Dominicana, además de Venezuela.

Ileana Ros-Lehtinen, principal miembro republicano del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes en Washington, ha dicho que quienes apoyaban el ALBA eran "déspotas ansiosos de poder con las mismas visiones represivas de Chávez".

 

AP

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