| 5/23/2012 6:00:00 PM

Con licencia para volar

Ya arrancó operaciones VivaColombia, aerolínea que entrará a competir en el segmento de bajo costo. ¿Qué tan viable y sostenible será este modelo en Colombia?

Aunque la idea nunca dejó de rondar sus mentes, fue realmente una tarde de sábado –en mayo de 2008– cuando todo empezó. Ese día, el mexicano William Shaw y sus amigos Gabriel Migowski, Fred Jacobsen y Juan Emilio Posada tomaron la decisión de crear una aerolínea de bajo costo en Colombia. Hoy, cuatro años después de aquella charla entre viejos contertulios, VivaColombia se convirtió en una realidad y –al mismo tiempo– en la primera línea aérea del país que, a partir de este mes, ofrecerá a sus viajeros tiquetes desde $29.900.

El modelo de negocio es inédito en Colombia. De hecho, a juicio de más de un experto, es un desafío a los esquemas tradicionales de la aeronáutica comercial y en muy poco tiempo podría cambiar la forma de volar en el país. La explicación de ese fenómeno tiene que ver básicamente con dos aspectos: uno de mercado y otro de innovación.

El primero está relacionado con el hecho de que se trata de una aerolínea llamada a seducir y cautivar al para nada despreciable público que no tenía la posibilidad de viajar en avión por limitaciones económicas. Un amplio sector que, a los ojos de William Shaw, vicepresidente comercial de VivaColombia, haría crecer el mercado aéreo colombiano en 10% al final de este año. Según sus proyecciones, 6 puntos porcentuales de ese incremento quedarían en sus manos.

El otro factor, y tal vez el más importante, es la innovación. Por años, los viajeros del país han tenido que acostumbrarse a ciertas rutinas e imposiciones a la hora de volar. Deben pagar, por ejemplo, el costo de los refrigerios o comidas en el tiquete, así no consuman nada durante el trayecto. O se ven obligados a cancelar tarifas estándar sin importar si llevan una maleta de mano o 40 kilos de equipaje.

Lo que plantea VivaColombia en ese sentido es algo que en el argot de los economistas se conoce como criterio de progresividad: el que más tiene más paga. Es un tema de simple pragmatismo: “si el viajero quiere hacer una fila rápida pues paga más –explica Shaw–. Si lleva más equipaje, hace lo propio”. En ese orden de ideas, un usuario que adquiera todas las gabelas adicionales terminaría desembolsando $208.000 por un tiquete.

En el mundo ese esquema está más que probado. Ryanair, una de las aerolíneas más grandes del planeta e inversionista de VivaColombia, siempre ha operado bajo ese modelo y a estas alturas sus finanzas están más sólidas que nunca. Así como también lo son las de otras compañías que funcionan igual como VivaAerobus en México y Blu Express en Italia. No obstante, la pregunta que muchos se hacen es: ¿qué tan sostenible será esta apuesta en Colombia?

A primera vista, las condiciones –por cuenta de la creciente demanda de pasajeros en el país en los últimos 10 años– parecen estar servidas en bandeja. Sin embargo, quienes critican las líneas de bajo costo están convencidos de que su talón de Aquiles en Colombia estaría en el servicio. Paradójicamente, consideran que la enorme demanda que tendrá VivaColombia en sus inicios hará colapsar la calidad de su atención. A la postre, según ellos, eso llevará a un segmento importante de viajeros a tomar la decisión de pagar un poco más en empresas tradicionales a cambio de recibir un mejor servicio.

Los directivos de la aerolínea, le restan importancia a esos cuestionamientos. “Nuestros empleados recibirán un salario básico y unas comisiones de acuerdo a las ventas que hagan en el avión –dice Shaw–. Eso los va a obligar a esmerarse y a ofrecer un excelente servicio”.

Una ruta en ascenso

A comienzos de 2008, por los días en que los cuatro cofundadores de VivaColombia apenas barajaban la idea de crear una aerolínea, la principal talanquera que se asomaba sobre el proyecto era la económica. No tenían recursos ni siquiera para cubrir gastos mínimos como los que demanda constituir una sociedad. Por eso, uno de ellos, Juan Emilio Posada, sacó de su bolsillo US$20.000, una partida irrisoria para una apuesta de semejante envergadura, pero suficiente para iniciar algo que desde ese momento sabían que no tendría marcha atrás.

El siguiente paso fue buscar inversionistas. Al final, Grupo Bolívar, la empresa europea Irlandia y Ryanair decidieron entrar en el negocio, cada uno con una participación de 25%. El grupo Fast –conformado por los fundadores– quedó con el restante 25%.

Con la composición accionaria definida y una chequera solvente, la sociedad estaba lista para comprar los aviones. Al final se decidió –mediante leasing– por cinco Airbus 320-200. Una aeronave que en las condiciones actuales del mercado cuesta entre US$40 millones y US$50 millones. Tres ya están en el aeropuerto de Rionegro y los otros dos llegarán al país en junio y septiembre respectivamente.

Por lo pronto, mientras entra a operar la flota en pleno, la empresa inicia sus actividades con 150 empleados directos y 100 subcontratistas. De esa nómina, llama particularmente la atención el costo que tuvo que asumir la aerolínea para capacitar a sus 12 pilotos: más de US$30.000 –por cada uno– en cursos de simuladores de vuelo de Airbus en Miami.

En contraste a los elevados montos que le destina a sus pilotos, en temas publicitarios la austeridad parece ser la consigna de VivaColombia. Mientras una aerolínea promedio invierte en imagen entre 2% y 5% de sus ingresos, la nueva compañía solo ha dispuesto una valla en la carretera entre Medellín y Rionegro.

La pista, entonces, está lista para el despegue de VivaColombia. Una alternativa para los viajeros del país y el inicio de un nuevo modelo en el sector. De repetirse los resultados que han tenido otros lugares con las compañías aéreas de bajo costo –no solo de la región sino de Europa y Norteamérica– lo que se vislumbra en Colombia será una fuerte competencia que, a la larga, a quienes terminará beneficiando será a los pasajeros.

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