| 4/11/2012 6:00:00 PM

Colombia tiene ‘talento’

El ingenio colombiano puesto al servicio del contrabando y la falsificación de productos está destronando al narcotráfico como rey de los negocios en el mercado negro. Empresarios están alarmados.

Ingeniosas caletas en camiones con logotipos y documentos simulados de Bavaria y Homecenter, sellos y estampillas de mejor calidad que las originales o las ‘chiviadas’ en China, falsos sellos bancarios o notariales copiados a la perfección y un sinnúmero de artículos clonados, son solo algunos ejemplos que demuestran el ingenio de las organizaciones criminales para falsificar y contrabandear productos en Colombia.

Se trata de un negocio redondo. Cifras de la Policía Fiscal y Aduanera calculan que la rentabilidad por producto falsificado o contrabandeado puede estar entre 200% y 500%.

“Para las empresas es una verdadera tragedia. Estamos hablando de actividades tan o más rentables que el mismo tráfico de narcóticos. La tecnología y destrezas utilizadas por las mafias son tan buenas que casi cualquier cosa, producto o alimento puede ser “copiado”, explica Recaredo Romero Ruiz, director de la oficina de Kroll en Colombia.

Los empresarios afectados contratan a esta multinacional para que los guíe en la adopción de mejores prácticas que les permitan mitigar este problema. “Sin embargo, lo que hemos visto es una tendencia al alza en este tipo de delitos. Mientras no se aumenten las penas y exista una mayor conciencia social para no comprar o consumir estos productos, será muy difícil cantar victoria”, afirma Romero.

A pesar de este oscuro panorama, el sector privado del país no quiere dar por perdida la batalla y desde la Andi planea las próximas movidas para combatir el mercado negro.

El excongresista Nicolás Uribe Rueda lidera este proyecto gremial que es financiado por 20 grandes empresas del país y que ya muestra resultados en capturas y condenas. “Potenciadores sexuales, anticonceptivos, antigripales, cinta aislante, lubricantes, Maizena, leche para niños y hasta conectores eléctricos, hacen parte del listado de productos pirateados hoy en Colombia”, afirma Uribe.

Para la Andi, lo más preocupante del mercado negro es el daño que se le puede hacer a una marca que por años se ha cuidado y acreditado. El otro aspecto negativo es la pérdida de mercado porque la mayoría de productos de contrabando o falsificados tienen precios irrisorios, situación que los hace muy atractivos para el incauto consumidor.

Aunque no hay cifras oficiales sobre las pérdidas por estos flagelos, las autoridades saben que en el caso de algunas empresas licoreras, una de cada dos botellas es ilegal. De igual manera, la Policía Fiscal y Aduanera calcula que el contrabando anual supera los $1,8 billones, una cifra muy alta si se compara con las aprehensiones por $200.000 millones.

Pero no solo es un problema económico. Muchos de estos bienes clonados constituyen un riesgo para la salud de las personas. La Andi ha detectado que estructuras organizadas están adulterando gases medicinales como el oxígeno clínico.

También se conocen casos aberrantes como el de una madre de familia que vendió, ilegalmente, una de las tres dosis que una EPS le entregó para uno de sus hijos en un tratamiento contra el cáncer. “A Colombia están llegando muchos medicamentos de uso institucional en Venezuela y Ecuador, sobre todo de alto costo. Esto constituye un riesgo porque no son medicamentos transportados en las mejores condiciones de salubridad y buena parte de ellos tiene la fecha vencida”, explica Uribe, de la Andi.

En el caso del contrabando, el comandante de la Policía Fiscal y Aduanera, coronel Hoover Penilla Romero, dijo que es necesario corregir algunos aspectos en la legislación que están incentivando este tipo de actividades.

“El contrabando solo es un delito cuando el monto de las mercancías aprehendidas supera los 50 salarios mínimos, es decir, $25 millones. ¿Sabe qué hacen ahora los delincuentes? Fraccionan las mercancías en entregas que no superan los $20 millones o $24 millones y así evitan ser judicializados, pues con estos montos solo se trata de una infracción aduanera”, afirma.

Comprar o consumir un producto pirateado, chiviado o de contrabando parece un acto inofensivo, pero aquí aplica el viejo refrán según el cual todo lo barato sale caro. Definitivamente, el asunto es cultural y allí es necesario trabajar más.

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