| 10/12/2007 12:00:00 AM

Ciudad de México expulsa a buhoneros del centro histórico

Más de 1.000 policías antimotines impidieron el viernes que vendedores callejeros estableciesen sus estantes en el centro histórico de la ciudad, limpiando ese área capitalina por primera vez en más de 10 años.

MEXICO _  La expulsión de los buhoneros de más de 87 calles fue pacífica, y vista como una victoria para el alcalde izquierdista Marcelo Ebrard, que ha prometido retomar el control de los lugares públicos.

Pero los vendedores advierten que regresarán en noviembre, cuando empieza la temporada de compras navideñas, continuando una batalla que lleva siglos. Una placa de mármol, colgada en 1673 en un antiguo convento que ahora es una joyería, advierte a vendedores que abandonen las calles o enfrentarán represalias del gobierno de "Nueva España".

Aunque el gobierno municipal ha aceptado dar a los vendedores un permiso temporal durante la temporada navideña, los vendedores deben abandonar el área tras el Año Nuevo y reubicarse en propiedades gubernamentales vecinas.

Pero muchos vendedores han dicho que no se irán. Representados por sindicatos grandes y en ocasiones violentos, argumentan que las propiedades asignadas por la municipalidad no atraen clientes.

"No están pensando en que estas personas no tienen empleo", dijo el viernes Alejandra Barrios, presidenta de un importante gremio de vendedores, a la Radio W. "¿Qué piensan que van a hacer?".

Una tradición aquí desde la época de los aztecas, los vendedores callejeros ahora operan en estantes improvisados donde ofrecen desde alimentos hasta piezas de automóviles.

La Cámara de Comercio de la Ciudad de México estima que existen unos 35.000 vendedores callejeros en el cetro histórico, incluyendo aquellos que ofrecen joyas y ropas coloridas a turistas en la plaza del Zócalo.

José Angel Avila, secretario del gobierno municipal, dijo que unos 15.000 vendedores fueron sacados del centro el viernes. No estaba claro si el gobierno va a expandir el programa, despejando las calles en los barrios pobres que rodean el centro.

Elena Ramírez, una mujer de 79 años que vendía pan dulce a 25 centavos la porción, dijo que no pensaba dejar de vender su mercancía a la salida del mero. "Los políticos tienen sus salarios, pero yo si no vendo no como".

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