| 10/30/2005 12:00:00 AM

Cambio de piel en México

La economía mexicana calienta motores después de casi cinco años de estancamiento. La fuerte demanda de Estados Unidos está impulsando la producción.

Atractivo y complejo. Éstas son las dos principales características del mercado mexicano para la inversión extranjera. Un mercado grande (105 millones de habitantes) en crecimiento, US$700.000 millones de producto interior bruto (PIB), dos millones de kilómetros cuadrados de superficie, una población joven y un mercado estable. Además, México posee rango de inversión (investment grade), que atrae inversión de cartera, el riesgo país está en mínimos históricos (1,2 puntos), es país miembro de la OCDE, la previsión de inflación para el cierre del año es del 3,5%, el déficit público se sitúa en torno al 0,2% del PIB y el déficit de la balanza de cuenta corriente es del 1,3% del producto interior bruto. Las empresas españolas se han decidido a invertir allí.

México tiene solidez económica y también solidez política. Es un país abierto al exterior que ha firmado 12 tratados de libre comercio con otras tantas naciones y bloques económicos (caso de la Unión Europea), con necesidades insatisfechas por la inmadurez de su mercado, y estratégicamente situado entre Estados Unidos y Centroamérica.

Este cuadro positivo de México tiene contrastes, que invitan a la cautela a la hora de hacer negocios en este país. En primer lugar, se trata de un mercado tremendamente complejo, donde la inseguridad es, según diversas fuentes consultadas, el obstáculo que más amedrenta a los inversores. Inseguridad ciudadana e inseguridad jurídica (descrita con el eufemismo de "dificultades operativas") son moneda corriente en un país donde, paradójicamente, prima el formalismo de la regulación excesiva sobre el sentido común.

La abundancia de normas suena a ironía en un sistema judicial que el diario Reforma ha descrito como "ciego, cojo, manco y mudo". La falta de garantías en este ámbito se debe, esencialmente, a la incompetencia el sistema judicial mexicano. "Los procedimientos son anquilosados, formalistas, burocratizados, lentos y poco preparados para problemas de negocios complejos. Son una traba para la inversión", señala en una editorial el mismo periódico. Entre los tremendos contrastes mexicanos resalta la fuerte dependencia comercial de Estados Unidos, y los 27 millones de personas (30% de la población) que viven en el umbral de la pobreza.

La economía mexicana, sin embargo, tiene un color más saludable del que lucía en los últimos cuatro años. El cambio ha sido posible gracias a la buena marcha de E.U., donde van a parar el 90% de sus exportaciones. El 4,4% que aumentó su producto interior bruto (PIB) en 2004 revela el nuevo vigor que corre por las venas de la industria mexicana. Es el mejor dato en un lustro. Es decir, desde que Vicente Fox llegó a la presidencia y puso fin al monopolio que ejercía el Partido Revolucionario Institucional (PRI) sobre el aparato del Estado.

Fox, en su campaña presidencial, prometió tasas de crecimiento por encima del 7%, que no se han logrado; pero la cifra de 2004 es un anhelado balón de oxígeno para su presidencia. La mayor parte de las reformas económicas y fiscales que ha impulsado han sido bloqueadas por el Congreso.

La producción industrial, que estaba semiparalizada (sufrió caídas en 2001, 2002 y 2003), se ha reanimado y creció un 3,8% en 2004. El sector servicios, que cada vez gana más peso, creció un 5,6%. Es el quinto año consecutivo en el que el ritmo de crecimiento del sector servicios rebasa al de la producción industrial. El sector agrícola subió un 4,8%.

Todas las parcelas de la economía se han beneficiado de una mayor demanda por parte de E.U. Las maquiladoras, fábricas diseñadas especialmente para la producción de exportaciones, aumentaron sus ingresos un 24% en 2004 y agregaron 84.000 nuevos empleos a la economía nacional.

Las expectativas siguen siendo positivas, pero dado que los expertos internacionales señalan que 2005 va a registrar crecimientos mundiales más moderados, el Gobierno ha estimado en un 3,8% el crecimiento de México. Bancos de inversión como Goldman Sachs y Bear Stearns, sin embargo, elevan hasta el 4,1% el crecimiento esperado para el PIB mexicano. La recuperación del sector exterior y la debilidad de la demanda interna se han traducido en un fuerte descenso del déficit comercial hasta US$9.800 millones de dólares, un 50% inferior al existente en 2000, lo que, sumado a la buena gestión de la deuda, han reducido las necesidades de financiación en algo más de un 40% en los últimos cuatro años.

Aunque la susceptibilidad a los vaivenes de la economía de E.U. sigue definiendo la evolución de la economía mexicana, la demanda doméstica ha escalado puntos en el último año. El crédito a los consumidores, hasta hace poco casi inexistente, ha despegado alentado por las agresivas ofertas bancarias de tarjetas de crédito y préstamos para la compra de automóviles y casas. En 2004 los mexicanos compraron 1,1 millones de coches, una cifra récord.

Las remesas de los inmigrantes también han servido para sostener la demanda interna. En 2004 los mexicanos que viven en E.U. enviaron a casa US$16.600 millones, un 23% más que en 2003. Las remesas son ya la segunda fuente de divisas, superando al turismo y sólo por detrás de los ingresos procedentes de la exportación de petróleo. Lo bueno es que el crecimiento de la demanda interna está siendo compatible con un cierto freno a la inflación (superó levemente el objetivo de 4% fijado para 2004).

Al tiempo, una subida del 27% en los ingresos por la exportación de crudo ha permitido que el Gobierno aumente sus reservas internacionales (que se sitúan hoy en US$62.000 millones. Los ingresos adicionales gracias a los altos precios del petróleo en 2004, conjugados con un Gobierno cada vez más cuidadoso a la hora de gastar dinero en programas sociales, le ha permitido a la Administración de Fox mantener el visto bueno de Wall Street y de los inversores. El déficit fiscal para 2005 se estima que no superará el 0,22% del PIB. México también se ha aprovechado de los bajos tipos de interés en E.U. para refinanciar buena parte de su deuda.

La recuperación mexicana, sin embargo, aún no termina de convencer a muchos observadores. El Fondo Monetario Internacional, en su tónica normal, ha alabado algunas de las reformas económicas, pero insiste en que cambios más drásticos son urgentes. Ambos avisan que depender de la fortuna de tu vecino del norte, léase Estados Unidos, es un persistente y quisquilloso factor de riesgo.

Las elecciones presidenciales que se avecinan también preocupan a los analistas. La vulnerabilidad de la economía al ciclo electoral se ha reducido en los últimos años, pero inversores y empresas siguen pendientes de las campañas y de cualquier señal de inestabilidad fiscal para sacar su capital.
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