| 11/1/1995 12:00:00 AM

Boleto para el siglo XXI

La actualización de Carvajal busca mantener sobre rieles a la que, sin duda, es la primera locomotora multinacional de Colombia.

Si algo atrapa permanentemente la atención de Adolfo Carvajal Quelquejeu -presidente del grupo Carvajal- es la lectura de las últimas tendencias empresariales del mundo. Hombre definido pero afable, este jefe de 8.500 empleados transnacionales y multilingues mantiene a la mano un pequeño catálogo de lo que suele ocurrirle a quien no se mueve con los tiempos.

Basta escucharlo cualquier día en la impecable sala de juntas de su oficina en Cali, sector de Santa Mónica, donde el cuero, la madera, los tapetes persas y la historia conviven cómodamente con modernos sistemas de proyección, instalados allí para que 18 privilegiados miembros contemplen un pedazo del futuro.

Un cambio de sus gafas habituales por los lentes de lectura, y Adolfo Carvajal Quelquejeu, sin retirar la mirada de su interlocutor, queda en posición de soltar un contundente rosario de penas: "En México, el 50% de las empresas que funcionaban hace dos años ya no existen; el 40% de las compañías escogidas por Fonune una década antes están por fuera del exclusivo listado; tampoco figura ningún banco norteamericano en la liga de los diez más poderosos, aunque en los años ochenta todos pertenecían a esa nacionalidad, y mientras IBM perdía en seis años lo que había ganado en veinticinco, las ventas actuales de Hewlett Packard corresponden a productos que hace tres

años no conocían la luz. Con sus ojos habituales nuevamente en sitio, y su infaltable y oloroso habano en la mano derecha, Adolfo Carvajal Quelquejeu estruja una inevitable conclusión: "El mundo evoluciona, y uno no puede quedarse ahí, esperando a que le pasen esas cosas".

Para no conocer fracasos de ese tipo, Carvajal S.A. ha quedado integrada por siete grupos de carácter nacional e internacional, aglutinados, cada uno, alrededor de actividades conexas. Las nuevas cabezas de línea eran divisiones que operaban separadamente, con la consecuente complicación para clientes y proveedores. Las decisiones sobre créditos, cobranzas y despachos demoraban más de lo previsto, al tener que someterse a la gestión de un órgano central. Ahora, las siete agrupaciones -con su propia estructura, presidente y junta directiva- podrán actuar independientemente, en relación con el mercado y con los clientes que sirven. Carvajal califica este momento como un "nuevo estado de especialización", para "seguir haciendo las cosas bien".

En los últimos meses, algunos planteamientos puntuales han aparecido en avisos de página entera en periódicos y revistas colombianas, pero es la primera vez que la cabeza visible del conglomerado

pone el proceso en su contexto de porvenir.

Las siete empresas dependerán de Carvajal S.A., una holding, que será la propietaria de las acciones de Sycom, Fesa, Cargraphics, Carpak, Editorial Norma, Mepal y Bico (véase recuadro). Para mantener la unanimidad de criterios y una misma filosofía empresarial, la holding dictará las políticas generales, tanto hacia el interior como hacia el exterior del grupo, aunque todas las filiales actuarán, simple y escuetamente, según las reglas del mercado.

E n su vertiginoso desarrollo Carvajal ha tenido que recurrir a la diversificación y a la conquista de nuevos territorios para no paralizar su crecimiento. "Es un tren que nadie para", dice Luis Guillermo Velásquez Botero, presidente de Tablemac, factoría del grupo antioqueño que mantiene importantes negocios con la compañía valluna. Hace 25 años, Carvajal fue pionera en el montaje de operaciones internacionales, constituyéndose, si bien no en la mayor, por lo menos en la más diversificada en productos y países. Tiene presencia directa en 13 naciones latinoamericanas -incluyendo Brasil-, lo mismo que en España y Estados Unidos, y extiende su brazo exportador a Oriente, pasando por Europa.

Pero una parte central de su filosofía es concentrarse en América Latina, mercado natural al que Carvajal Quelquejeu llama, familiar y cariñosamente, "nuestro barrio". Y dice: "Son obvias las afinidades culturales e idiomáticas que nos acercan, y este es un esquema que hemos venido practicando desde mucho antes que el continente pensara en apertura económica o en bloques regionales".

Pero no obstante la vasta cobertura continental e internacional, el balance de Carvajal aún sigue inclinándose hacia las ventas nacionales, aunque la actual relocalización de compañías tiene el propósito de preparar el terreno para una embestida que obliga a pensar, ya no en 30 millones de colombianos, sino en 350 millones de latinoamericanos.

En cada lugar donde Carvajal esté presente tendrá una estructura similar a la colombiana. Así, además de la filial o filiales especializadas, habrá una mini holding, que presentará apoyo logístico en áreas como asistencia legal, jurídica y financiera. Las firmas de Carvajal podrán decidir si importar productos desde Colombia o mandarlos hacer localmente, trabajar con capital cien por ciento colombiano o conformar sociedades mixtas. A la fecha, el portafolio vigente de alianzas incluye numerosas personas naturales y jurídicas del continente.

Más que de nuevos productos, Carvajal Quelquejeu habla, en esta nueva etapa, de aprovechar las líneas vigentes más competitivas, y extenderlas a lo largo y ancho del gigantesco mercado. Cada país se analizará por separado, y en cada sitio se abastecerá solamente la demanda potencial concreta. "No se puede estar en todos los países, con todos los productos, al mismo tiempo", advierte, en tono enfático. Tampoco habrá productos o empresas impuestas desde Cali, "porque, en nuestro caso, sólo el mercado y la gente decidirán cuáles son las cosas que más convienen. En este negocio no hay espacio para `niñas bonitas'. Esa es la realidad".

Lejano parece el año de 1904 cuando Manuel Carvajal Valencia tomó el control de una pequeña imprenta adquirida diez años atrás, en compañía de dos amigos. Más político que negociante, sus intereses giraban alrededor de "El Día", un periódico hecho y dirigido por Alberto Carvajal Borrero, su hijo, y en cuyas páginas se publicaban avisos institucionales que ofrecían "toda clase de trabajos" de impresión. El progreso inicial de Imprenta Comercial, nombre de la primera razón social, fue lento y modesto, en parte como resultado del aislamiento del Valle del Cauca. Pero hacia los años 20, la empresa comenzó a diversificar labores hacia el ramo de la papelería. En 1925, con 39 trabajadores en la planta, los hijos de Manuel -Hernando y Alberto abandonaron la casa familiar para ocupar el primer edificio de la empresa, y antes de terminar 1930 ya contaban con una máquina offset importada, aunque la actividad impresora se circunscribía todavía a los departamentos vecinos de Cauca y Nariño.

En los años cuarenta, ya bajo el mando de Mario Carvajal Borrero, hermano de los anteriores, y de Manuel Carvajal Sinisterra, hijo de Hernando, se produjeron los primeros signos de expansión nacional. Manuel abrió almacenes en Bogotá y Medellín, y hacia fines de los años 50, en Barranquilla. Hoy, Carvajal tiene oficinas en 26 lugares de Colombia.

Por la misma época, Carvajal incursionó en el campo de la producción de cajas plegadizas y empaques, y años después, ante el gradual y creciente uso de los computadores, lo hizo en la impresión de formas continuas. Fesa, la empresa creada para tal fin, tiene ahora plantas en cuatro países.

Hacia fines de los años 50 surgió la actividad de los directorios telefónicos, que actualmente, a través de Publicar, está presente en ocho países latinoamericanos, con socios locales. Y en los sesenta la empresa entró de lleno en el mundo de los libros y las revistas, dando origen a Editorial Norma, que también tiene hoy gran figuración e influencia internacionales. Carvajal es dueña, en España, de la Editorial Parramón, de Barcelona, a través de la cual penetra el mercado europeo. De forma paralela, y con el perfeccionamiento en el campo litográfico, abrió la línea de impresión de títulos valores, que hoy abarca desde estampillas y tiquetes aéreos hasta chequeras, loterías y tarjetas de crédito.

Los setenta, con la dirección de Jaime Carvajal Sinisterra, y a partir de 1979 con la de Adolfo Carvajal, la empresa se lanzó en pos del

mercado latinoamericano. Los impulsos del gobierno a las exportaciones consolidaron una labor que la empresa ya había asumido por cuenta propia. Y fue por esa época (1976) que compró la Corporación Gráfica de Puerto Rico, extendiendo así su capacidad de producción a otros países. Hoy maneja plantas propias en México, El Salvador, Guatémala, Ecuador, Argentina, Brasil y Chile.

Solamente en la producción de libros infantiles, Carvajal es empresa líder a nivel mundial. Su filial, Manufacturas Colombianas, Macol, ensambla en 22 idiomas, el 60% de los libros animados que se producen en el mundo.

Pero la empresa también opera en, la comercialización de muebles y equipos para oficina, incluyendo máquinas de escribir, calculadoras, computadores, cajas registradoras, sistemas de archivo, sistemas de intercomunicación, divisiones y ambientación del lugar de trabajo. Otras participaciones importantes incluyen, entre otras, Conavi, Interbanco, Occel Celular, constructoras y proyectos de telecomunicaciones.

A partir de 1954, Carvajal se convirtió en sociedad anónima y en la matriz jurídica bajo la cual operan todas las empresas del conglomerado. Y desde este entorno, en Cali, Colombia, la primera multinacional doméstica otea, con ojo avizor, el llamativo panorama global.

n la conquista por el mercado latinoamericano, Carvajal ha tenido que lidiar con varios obstáculos, entre ellos el de la mala imagen que, por cuenta del narcotráfico, acompaña a la actividad empresarial colombiana en el exterior. "Sin duda", dice Adolfo Carvajal, "este tema ha sido un obstáculo difícil para desarrollar un trabajo correcto".

Otro inconveniente es la inestabilidad política y económica de muchos países y, en especial, la existencia de tan diversas monedas. Esta situación ha puesto a soñar a Carvajal S.A. con un mercado de

moneda única, donde problemas como la devaluación o la inflación no castiguen las frágiles economías. Para muchos ejecutivos continentales, el caso de Panamá, con el dólar como rector, es un entorno ideal, entorno al que, antes de finalizar el presente siglo, pertenecerá Europa con la European Currency Unit, ECU. Pero una brecha todavía por superar es la vena nacionalista de algunos países que ven en sus precarias monedas una forma de identidad nacional.

Otro tema complejo es el nivel de refinamiento alcanzado por algunos mercados latinoamericanos, que florecieron y se fortalecieron en tiempos de la política de sustitución de importaciones. Son los casos de México, Brasil y Argentina. "Se trata de mercados más complicados, más sofisticados y que exigen mayor capital y mejor infraestructura para competir", dice Carvajal Quelquejeu.

Pero la firma colombiana se ha beneficiado, en alto grado, del ambiente cosmopolita de una ciudad como Cali, sede de las principales multinacionales que operan en Colombia. "Contrario a lo que impone una economía cerrada, hemos aprendido a ver que el mundo es más grande de lo que uno piensa", dice Carvajal. "Y a responder a los nuevos retos".

Esta visión internacional ha sido vital, por ejemplo, para aprender gajes del oficio como el manejo del complejo sistema jurídico y financiero del continente o la configuración de alianzas estratégicas. Un caso concreto es el manejo de las inversiones que ha sido necesario realizar para el montaje de plantas y empresas en el exterior. Hoy, esas compañías internacionales se autofinancian, crecen con sus recursos propios y ayudan muchas veces a filiales del país vecino. °Pero lo más importante es que Colombia ya no tiene que soportar ninguna carga financiera en el exterior".

En verdad, el edificio de la presidencia de Carvajal, en Santa Mónica, es un hervidero de ideas, donde se ha recogido un cuerpo útil de información a lo largo de 25 años de manejo internacional. En los corredores, las conversaciones van desde lo que pasa en Venezuela o Argentina, España o México, hasta cómo se comportan las monedas, qué clima político y económico está imperando o qué caminos deben tomarse para tal o cual decisión. Es una especie de cancillería empresarial, con un claro manejo universal.

Diariamente, Adolfo Carvajal toma ideas de una y otra oficina, de uno y otro grupo de trabajo, tanto en Colombia como en los otros países. Hasta ahora, el teléfono y el telefax han sido los conductos habituales, pero antes de finalizar el año quedará funcionando una red propia satelital, suministrada por Imsat, empresa Argentina con participación del Sindicato Antioqueño. La nueva herramienta hará posible sostener tele conferencias con todo el enjambre de intereses de Carvajal en el continente. "No sólo vamos a poder conversar, sino que vamos a poder ver cómo nos movemos hacia adelante".

Ciertamente, es un paso más en el camino de no dejarse coger ventaja por la tecnología o por las tendencias del mercado, y de no terminar en el pequeño listado que el presidente guarda en su carpeta de "desgracias por evitar".
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