| 4/28/2012 12:20:00 PM

Bayern: el largo camino a casa

La llegada del Bayern München a la final de la Champions League no sólo se da merced a un gran triunfo, sino a un plan estratégico que data de años y que va mucho más allá de lo deportivo.

Matemáticamente hablando, ¿qué posibilidad hay de que un equipo que llegó a la Champions League por vía de partido de clasificación alcance la final del torneo, justo el año en que el encuentro culminante se realiza en casa propia? Nula, o casi nula, diría la lógica (prima hermana de los teoremas).

Como quiera que sea, el FC Bayern consiguió hacer realidad esa ínfima probabilidad. Como si las palabras pronunciadas por el presidente del club bávaro, Uli Höneß (“Wir müssen dabei sein”, o sea, “debemos estar allí”) hubiesen sido una orden dirigida a quien juega al ajedrez del destino, los muniqueses vencieron a todo y a todos y estarán, de modo increíble, en la Allianz Arena el próximo 19 de mayo. La pregunta es, ¿cómo lo lograron?

Un proyecto exitoso

La presencia del FC Bayern como finalista de la Champions League es obra de un proyecto a largo plazo, confeccionado con acuciosidad germana. Por ejemplo, la directiva del conjunto tenía la próxima final en la mira cuando hace años contrató al técnico Louis van Gaal, y también cuando éste fue despedido.

Se cuidó hasta el más mínimo detalle, desde resguardar las quebrantables piernas de Arjen Robben hasta diseñar las numerosas variantes tácticas que permitieron al FC Bayern vencer al Real Madrid.

No se trataba sólo de fútbol. La presencia del FC Bayern en una final de la Champions League en casa propia seguramente traerá grandes beneficios económicos al de por sí acaudalado conjunto. Enumerar todos los factores de dicha estrategia resultaría interminable. Limitémonos al partido en el Santiago Bernabéu.

Un enemigo incómodo

El enemigo hizo, en teoría, todo lo que debía para vencer al Bayern en el partido de vuelta de la semifinal. Jose Mourinho alineó a Marcelo, y éste jugó enorme. Insistió con Benzema, que también respondió. Además, apeló a la unidad de la afición. A los 20 minutos de comenzado el encuentro, los merengues llevaban ventaja de dos goles.

En el momento adecuado, y ya con un gol más en contra, el portugués pretendió apretar ingresando a Kaká en lugar de Di María, y a Higuaín en lugar de Benzema. Hasta ese momento, nada que reprochar al planteamiento táctico madridista.

Pero el técnico no hace los goles. Los cambios, sobre todo el del brasileño, no funcionaron, mientras el Bayern se mostró excelentemente colocado a lo largo de casi todo el partido. Y, como buen equipo alemán, casi ni se inmutó cuando el marcador señalaba dos goles en contra, y cero a favor. El resultado: como hace dos años en Old Trafford, el FC Bayern salió derrotado, pero victorioso.

No es que Jose Mourihno esté libre de culpa. Como Sir Alex Ferguson hace dos años, ante el mismo rival, el luso apostó a las genialidades de sus estrellas y al factor anímico. En cambio, Jupp Heynckes calculó perfecta y fríamente este miércoles las variables del partido. Sus jugadores, prácticamente sin excepción, le respondieron.

Bayern fue mejor

Podría alegarse que Mourinho no hiló fino al poner a Cristiano Ronaldo por segunda vez bajo la presión enorme de batir en tiro penal a Neuer. Pero en ese momento se jugaba la consagración del delantero, y éste parecía decidido a anotar.

En cambio, al sereno Heynckes le respondió ese conjunto de héroes casi anónimos, empezando por el mozalbete Alaba, que crece en cada partido y por desgracia no estará en la final. Y además pisaron la cancha del Bernabéu todos los factores confeccionados a lo largo de los últimos años, de manera paciente, por el club germano: la ubicuidad de Lahm, el liderazgo de Bastian Schweinsteiger, y el empuje de Franck Ribéry (todos ellos con contratos jugosos y firmados hace poco).

Así que, tanto en el partido como en su proyecto general, el FC Bayern ganó porque a lo largo de estos años mantuvo la cabeza fría, incluso en los momentos más aciagos. Porque compró a grandes estrellas, y apeló a lo mejor de su cantera. Porque no varió el rumbo ni la convicción. Porque supo avanzar paso a paso, o enmendar, en el momento preciso. Porque no dejó el mínimo resquicio para que aquel “debemos estar ahí” fuera otra cosa que una realidad.

El FC Bayern München jugará en casa la final de la Champions League. Si gana, será una cereza en el pastel. Porque el objetivo más importante de esta temporada, y de muchas más, ya se consiguió. La meta era, simple y sencillamente, llegar bien a casa.
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