| 3/9/2007 12:00:00 AM

Amor y productividad: ¿incompatibles?

Que los esposos trabajaran en una misma empresa era solo posible en las empresas de familia. Hoy, esta presencia es más común y algunas compañías han tenido que redefinir sus políticas en relación con las parejas establecidas y con aquellas que se crean y alimentan entre bambalinas.

Para la mayoría de empresas, el amor y la productividad no van de la mano. La experiencia les ha enseñado que los asuntos emocionales pueden afectar negativamente el trabajo. En la mayoría de las multinacionales, cuenta José Manuel Acosta, presidente de Human Capital, consultora en asuntos de recursos humanos, están prohibidos los matrimonios, y si llegan a presentarse, uno de los miembros de la pareja debe retirarse, ellos escogen cual. Por lo general, se va quien gana el sueldo más bajo. En el sector financiero tampoco está muy bien vista la mezcla entre romance y utilidades, pues puede dar lugar a decisiones equivocadas, más producto de la emoción que de la razón.

Las empresas temen que los conflictos emocionales propios de los seres humanos y de toda pareja, afecten el desempeño laboral y que el hombre y la mujer no puedan cumplir con el dicho popular según el cual “la ropa sucia se lava en casa”. Y algunas organizaciones prefieren prevenir que lamentar. Como sucedió hace más de 15 años en una compañía. Un técnico y una creativa se enamoraron y se casaron. El dueño y jefe les regaló la luna de miel, pero luego estableció la ley de la distancia: “entre más cerca laboralmente, más lejos emocionalmente”. Y eso que este hombre y esta mujer trabajaron por más tiempo juntos, ya casados, y les gustó, porque podían quedarse hasta tarde en la oficina y aún así compartir bastante tiempo.

Actualmente, la mayoría de las personas pasan más del 60% de su tiempo en la oficina y por eso, son muchas las relaciones que se cuecen al interior de las organizaciones. Además, según explica Felipe Andrade, consultor independiente, gerente de Estrategia Humana, actualmente en la fuerza laboral del país, de cada dos empleados, uno es mujer, por lo tanto, los encuentros entre las personas de los dos sexos son hoy por hoy más comunes que antes.

Las empresas ya han comenzado a cambiar sus políticas al respecto o, por lo menos, a analizar qué pueden hacer. Algunas han optado, con el paso del tiempo, por aceptar los matrimonios. Así pasó por ejemplo con Juliana y Alejandro, dos profesionales que se conocieron en el trabajo hace más de 10 años y se enamoraron. Cuando anunciaron que se iban a casar, una de las directivas los llamó para informarles que uno de ellos sería trasladado a otro negocio del grupo. Ella cambiaría de puesto a pesar de llevar más años que él trabajando con el grupo. Alejandro argumentó que consideraba injusta la decisión y que él debería ser trasladado. El director les dijo que se fueran tranquilos de viaje de luna de miel y que al regreso realizarían los cambios. Se fueron de viaje y al regreso nada cambió. Hoy trabajan con el mismo grupo, en áreas diferentes, pero por decisión propia. Actualmente, en esa empresa trabajan juntos varios matrimonios que se han conformado allí, tras los escritorios y los computadores, con el beneplácito de sus jefes.

Esta aceptación incluye ciertas condiciones como que ninguno de los miembros de la pareja sea jefe del otro y que no trabajen en áreas en donde se relacionen o alguno sea el auditor del otro. Esto, con el fin de evitar conflictos éticos y laborales.

Otras compañías han creado manuales de comportamiento en donde definen la política de la organización respecto a los amores detrás del escritorio. No es ilegal enamorarse en la oficina, las empresas no pueden despedir a los empleados por esta razón, pero sí pueden abordar el problema desde los valores y la ética, explica Felipe Andrade.

A escondidas
Los amores prohibidos tampoco son hoy un secreto en las empresas. Andrade explica que hoy en día los romances son más abiertos que antes en las oficinas, aunque no faltan casos como el de un matrimonio que trabajó dos años en la misma compañía, con su estado civil en secreto.

Pero es claro que las relaciones amorosas en las empresas son hoy por hoy más comunes y así lo confirman encuestas realizadas en distintos países. Una, realizada en Chile por Trabajando.com, reveló que el 53% de los encuestados asegura haber tenido un romance en la oficina. En otra, realizada en Estados Unidos, el 40% de los encuestados confesó haber tenido una relación amorosa en el empleo.

Felipe Andrade cuenta que ante el aumento de los romances y el “descaro” de los mismos, algunas empresas procuran mejorar la calidad de vida de sus empleados para ayudar a las parejas a ser más estables. Unos clientes de Estrategia Humana, por ejemplo, tienen proyectos que aún no han concretado, pero con los cuales esperan obtener buenos resultados, como crear en las oficinas un área para los niños, cuando los padres necesitan por alguna eventualidad.

De acuerdo con José Manuel Acosta, algunos ambientes laborales son más propensos para los romances y también para que las parejas jóvenes se conozcan y se establezcan, como aquellos en donde hay más empleados, o aquellos en donde hay mucho estrés y las jornadas laborales son muy largas. Algunas profesiones como la medicina por ejemplo, exigen trabajar muy duro, a cualquier hora, cualquier día, y esto hace que las personas se relacionen más con sus compañeros de trabajo que con sus familias.

Por esto, algunas compañías están optando por fijar jornadas de trabajo más cortas o jornadas continuas, de tal forma que los empleados salen más temprano de la oficina y así pueden compartir con sus familias.

Varias empresas de Estados Unidos han creado los “contratos de amor” por llamarlos de alguna forma, con los cuales las parejas adquieren ciertos compromisos que define la empresa para que el trabajo no se afecte por el romance. Porque en lo que sí parecen estar de acuerdo empleados y empleador es en que las fronteras entre el amor y el trabajo no están bien definidas y esta ambigüedad puede ser peligrosa. De hecho, en un sondeo realizado en Dinero.com, a la pregunta “¿Cree usted que las relaciones amorosas en la oficina son peligrosas?”, el 76% respondió que sí.

Sin embargo, un sondeo de la Sociedad para la Gestión de Recursos Humanos y CareerJournal.co, una página web del diario Wall Street Journal, realizado a 500 miembros de departamentos de Recursos Humanos y más de 400 empleados, reveló que un 72% de las compañías de Estados Unidos aún no tienen definida una política para esto casos.

En Colombia, coinciden Andrade y Acosta, suelen hacerlo aquellas empresas en las que el departamento de recursos humanos se concibe no como un trabajo administrativo sino como una división diseñada más para el bienestar y el verdadero desarrollo del ser humano.

En la otra cara de la moneda están las empresas familiares, en donde el matrimonio puede ser precisamente el soporte del negocio. Pero aquí las condiciones son muy distintas, porque ambos son dueños y ambos luchan un objetivo que beneficia a todos en la casa. Incluso existen casos de parejas ya divorciadas, que crearon un negocio cuando se casaron y hoy, a pesar de la separación, continúan juntos al frente de la empresa.






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