| 3/13/2008 12:00:00 AM

Alquimista financiero

Una forma para que Colombia pueda bajar su deuda pública externa en cinco puntos del PIB y conseguir grado de inversión, propone ex director de Crédito Público.

 

“Colombia debe reducir su monto de endeudamiento”. El ex director de Crédito Público, Julio Torres lo señala sin dudarlo. Esa es su principal diferencia que tiene con el manejo que se le da hoy a la deuda pública. En la actualidad el país tiene un indicador de Deuda a PIB cercano al 40%. Si estuviera entre 30% y 35%, en cuestión de meses las calificadoras de riesgo le darían el grado de inversión a la deuda nacional.

¿Cómo conseguir este propósito? Para el ex funcionario y hoy socio de la boutique de banca de inversión Diligo Advisory Group, hay una fórmula que tendría un enorme retorno social. “El país tiene varios activos que se deberían vender para reducir la deuda”. Torres se refiere a ISA, Isagén y Ecopetrol.

En un panorama medianamente incierto, esos activos son valiosos pero no son del núcleo central de la actividad del gobierno. “El gobierno no es un generador de energía”, señala.

Explica la operación de Isagen. “Cuando hicimos la emisión de acciones de Isagen, se pagaron $1.100 por acción. Hoy el precio está por encina de $2.000”, afirma. Con estos números, el valor de mercado de la firma ronda los US$3.000 millones y el gobierno es dueño de la mitad de esa cifra. Si vendiera, dice el financista, podría reducir la duda pública en un punto del PIB.

Algo similar ocurriría con ISA. Su valor de mercado está cercano a los US$4.000 millones y de nuevo el gobierno tiene la mitad de esa suma, con lo que podría recortar la deuda en algo más de un punto del PIB.

Pero, ¿por qué se deberían vender estas empresas? Hay una razón aritmética inicial que parece bastante clara. “Si la Nación mantiene su participación allí, el retorno por dividendos de la acción de ISA o de Isagen es menor al 2%. Mientras tanto, el costo de la deuda es de 7%”, afirma.

A este cálculo se le debería incluir la valorización de las acciones pero, precisa Torres, la valorización solo se recoge cuando se vende la participación. Lo demás son “ganancias de papel”, añade. Entonces, el problema se volvería el de escoger el mejor momento para vender, sobre todo considerando que mantener ese activo no es necesario para el gobierno. “No es de su esencia. No es seguridad nacional, salud, ni educación”, puntualiza. En general, se deben escoger momentos en el que el valor esté en un pico.

“El año pasado estaban en un pico de valor. La razón de Precio a Utilidades estaba por encima de empresas comparables internacionales. Hubiera sido el mejor momento para vender”, asegura.

En las condiciones actuales, todavía hay posibilidades de hacer una buena venta y con eso, se podría bajar la deuda más de dos puntos del PIB. “Tendríamos grado de inversión, a pesar de la recesión en Estados Unidos, de los pagos contingentes que tiene el ministerio de Hacienda y de cualquier otro problema”, concluye Torrres sobre estas transacciones.

La operación con Ecopetrol
“Ecopetrol es una mina de oro”, dice para mencionar la otra pata de un esquema de reducción de deuda pública externa.

La figura es ingeniosa. La petrolera se podría endeudar en US$5.000 millones sin perder su grado de inversión. El valor de la empresa hoy está cerca de los US$35.000 millones. Con eso, la relación de endeudamiento no superaría el 14%, una cifra muy pequeña para su tamaño. El dinero del préstamo se los devolvería a los accionistas como un dividendo extraordinario, en particular a la Nación, que tomaría esos fondos para pagar deuda pública.

La participación de los accionistas privados aumentaría al 20% que permite la ley de capitalización vigente para Ecopetrol y la Nación reduciría la deuda en tres puntos del PIB. “Con eso bajamos de 40% a 35% la deuda bruta/PIB. En seis meses tendríamos grado de inversión. El saldo elevado de la deuda es el único pecado económico que tenemos”, argumenta.

¿Una sospechosa maniobra para descapitalizar la petrolera? Las cuentas muestran su bondad. En las condiciones actuales la Nación recibe $4,5 billones por dividendos de la firma. Si perdiera el 10% de participación con la transacción propuesta, recibiría $4 billones. Pero a la vez baja el costo de la deuda. Si redujera su deuda en US$4.500 millones, se ahorraría $800.000 millones en intereses. En el neto, la Nación se gana $300.000 millones adicionales.

La figura y la ganancia parecen claras. Sin embargo, el problema está en que no es fácil vender lo que se consideran las joyas. Ya ocurrió con la fallida decisión de vender ISA e Isagén a mediados del año pasado.

Habrá que esperar para ver qué tanto calan estas propuestas y que no lleguen, como pasa tantas veces por efecto del proverbial gradualismo colombiano, demasiado tarde.

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