| 5/7/2013 6:00:00 AM

Inversión extranjera: ¿bendición o maldición?

La crisis económica en el mundo desarrollado está volcando a los inversores internacionales hacia los llamados mercados emergentes.

Mientras que la Unión Europea, Estados Unidos y Japón tienen perspectivas que van desde la contracción hasta un modesto crecimiento del 2,5%, muchos mercados emergentes, encabezados por China e India, tienen proyecciones hasta tres y cuatro veces superiores para sus economías.

En las páginas financieras del mundo desarrollado el flujo hacia los mercados emergentes –básicamente todos los países menos Estados Unidos, Europa y Japón- se interpreta como una clara señal de salud económica.

Esta evaluación, hecha desde los países centrales, forma parte del llamado Consenso de Washington, plasmado sobre las cenizas de la Guerra Fría, que establecía que los mercados abiertos a los flujos de capital eran esenciales para el desarrollo económico.

En el más preciado de los mercados emergentes, China, la interpretación es más matizada. En declaraciones reproducidas por el China Daily, el viceministro de Economía, Zheng Xiaosong, alertó sobre el poder nocivo que pueden tener los flujos de capital.

"Tenemos que asegurarnos de que haya los controles necesarios para que estos flujos no desestabilicen nuestras economías", añadió el funcionario.

El debate tiene décadas, pero se ha intensificado con la crisis y se puede resumir en una pregunta: ¿son estos fondos una bendición o una maldición?

"Dinero caliente"
La primera distinción que debe hacerse respecto de estos flujos de capital es que una cosa es la inversión extranjera directa y otra la financiera o de portafolio. 

En la primera, el inversor crea una compañía o subsidiaria, o adquiere una firma existente o la amplía y está concentrado en el mundo de la producción.

La segunda es mucho más especulativa y suele tener su centro de operaciones en el mercado de valores. La inversión financiera apuesta a la adquicisión de acciones o bonos o derivados para mejorar la rentabilidad del capital. Otra vía es la especulación con el valor de la divisa o con los diferenciales de las tasas de interés (una tasa de interés mucho más alta en un país que en otro). Es la hot money, el dinero que entra y sale rápidamente de un país, aprovechando la libertad del flujo de capitales.

En el mundo financiero esto ha creado un aquelarre terminológico en un intento de conceptualizar esta realidad a partir del destino de los flujos. En vez de países en desarrollo se habla de "mercados emergentes" (emerging markets). En lugar de países pobres, el término es "mercados fronterizos" (frontier markets).

El matiz semántico no es indiferente. Los ojos del inversor están concentrados en el "mercado" (lugar para hacer negocios y ganancias) más que en el "país" (que abarca a la población nacional en su conjunto).

El dinero electrónico es hot
Desde el estallido de la crisis de 2008, los países centrales (Estados Unidos, la Unión Europea, Japón) han intentado estimular el crecimiento con bajísimas tasas de interés y con la llamada quantitative easing o aceleración cuantitativa: la emisión de dinero electrónico.

Brasil ha aplicado una serie de impuestos para controlar el ingreso de capitales y estabilizar el valor de la moneda.

Según le comentó a BBC Mundo Nicole Moussa, economista de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por sus siglas en inglés), esta política se ha traducido en más hot money para los mercados emergentes (tratar de obtener muchas ganancias rápidamente).

"Dada las bajas tasas de interés de los países desarrollados, los inversores están buscando ganancias más altas en los países en desarrollo. Y los bancos en vez de aprovechar este dinero electrónico para prestar más a las empresas de sus países, lo usan para desendeudarse y especular. Esto ha creado una masa adicional de carácter especulativo y cortoplacista que pone una fuerte presión sobre el valor de la moneda local y afectan la competitividad de un país", explicó Moussa.

Ya en 2011 el ministro de Economía de Brasil, Guido Mantega, puso el grito en el cielo por esta política sin mucho efecto: la emisión de dinero electrónico siguió adelante.

El impacto era claro. El "dinero caliente" ponía presión sobre el real –mucha demanda de reales para poder invertir en la bolsa de valores o especular con las altas tasas brasileñas– y, al subir el valor de la moneda brasileña, encarecía las exportaciones, abarataba las importaciones y erosionaba la competitividad.

Hoy, Brasil ha implantado una serie de impuestos para el control del ingreso de capitales que ha estabilizado el valor del real.

Pero en una reciente conferencia en Panamá del Instituto Internacional de Finanzas, el vicedirector del Banco Central de Brasil, Luiz Awazu Pereira, afirmó que esta política tenía un lado oscuro. "Controlamos la inestabilidad financiera y estabilizamos la volatilidad de la moneda, pero todo tiene su precio. El nuestro fue que la percepción de los inversores extranjeros sobre nuestra política y previsibilidad cayó de forma precipitada", dijo.

Traigan dinero
Esta previsibilidad para el capital extranjero es el principal argumento a favor del relajamiento o eliminación de los controles de capital. 

Segun sus adalides, los ingresos de capital de corto plazo y la inversión financiera de portafolio estimulan ese lubricante de la producción y el consumo que es el crédito.

En marzo, la agencia de noticias Bloomberg dio a conocer una lista con los 20 países emergentes más importantes del planeta en base a una docena de indicadores 

China y Corea del Sur encabezaban el ranking. Entre los latinoamericanos, Perú, Chile, Colombia, México y Brasil se encontraban entre la nómina de los 20 que contaba en sus filas, sorpresivamente para muchos, con varios países africanos.

¿Es Perú entonces una economía más sólida que Brasil? ¿Es Namibia más poderosa que México? Según Moussa, es importante comprender qué es lo que mide este tipo de clasificaciones. "Mide el grado de rentabilidad de un país para los inversores. No es una medida de la salud económica de un país", le explicó a BBC Mundo.

No todo lo que brilla es oro
A pesar de dedicarse a la economía real, la inversión directa extranjera también está expuesta a la polémica.

Con la caída del Muro de Berlín y, nuevamente, con el Consenso de Washington, los países en desarrollo se lanzaron a una carrera para atraer la inversión extranjera con todo tipo de ventajas comparativas.

Muchas de las naciones que estaban a la vanguardia de este proceso eran nominalmente comunistas, como China y Vietnam.

Pero esta aparente rendición a las bondades del capital extranjero ofrecía distintos modelos, desde el ultraliberal hasta el caso chino.

Desde la década de los años 90, China ha sido el país en desarrollo que ha atraído más inversión extranjera. En 1985, la inversión directa extranjera en China rozaba los US$1.000 millones de dólares y 20 años más tarde se ubicaba en torno de los US$500.000 millones.

Durante estas décadas, el promedio de crecimiento económico ha sido del 10% anual. Pero como le dijo a BBC Mundo José Gabriel Palma, especialista en economía comparada de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, el Estado chino ha puesto claras condiciones a la inversión.

"En China el capital extranjero tiene que incorporar tecnología. En la microelectrónica de punta, China ubicó a este capital en la misma zona geográfica para crear centros productores y abastecerlos con insumos producidos en China. La idea es que, con una masa crítica de producción, se estimulará la investigación y el desarrollo", afirmó Palma.

China contribuyó al auge en los precios de las materias primas que tanto ha beneficiado a América Latina en este siglo XXI.

Pero para que este período de crecimiento no se convierta en una nueva frustración, los especialistas sosotienen que es crucial definir el aporte de la inversión extranjera a la creación de productos con valor agregado (que no sea simple extracción del recurso natural).

Y esta pregunta involucra al conjunto de la política económica de la región, más allá del origen del capital.

Hoy Brasil representa el 75% del comercio mundial del hierro –actividad de extracción– pero solo el 2% del acero. Y, en relación con hace dos décadas, Chile exporta mucho más cobre concentrado que fundido.

Los analistas coinciden en que, sin un claro modelo de desarrollo, la inversión extranjera puede ser pan para hoy y estancamiento para mañana.

El ránking de Bloomberg
1. China
2. Corea del Sur
3. Tailandia
4. Perú
5. República Checa
6. Malasia
7. Turquía
8. Chile
9. Rusia
10. Indonesia
11. Colombia
12. Polonia
13. Namibia
14. Zambia
15. Sudáfrica
16. México
17. Brasil
18. Hungría
19. Marruecos
20. Filipinas
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